Fallece Pedro Hernández, el popular vendedor de almendras de la calle Nueva

I. MÉNDEZ / R. SOTORRÍO

El El lema era inconfundible. Durante décadas fue la 'banda sonora' de la céntrica calle Nueva, y aún resulta extraño pasar por esta vía sin recordar su popular lema. Eran sólo cuatro palabras, pero inolvidables: 'Ayyy qué ricas'. Después de 22 años vendiendo almendras en el Centro de Málaga con esa original proclama, Pedro Hernández se jubiló en 2004, y ahora, 15 años después, se ha conocido la noticia triste de su fallecimiento. Tras su retirada, el negocio ha continuado en otros puntos de la capital, pero ya no es lo mismo.

Un aparatoso accidente de tráfico en 1979 camino de Bilbao, su ciudad natal, le cambió la vida. Por recomendación médica abandonó su tierra y se instaló en Málaga, donde se dedicó a la hostelería.

Siempre tuvo buena vista empresarial. Según señaló a SUR en noviembre de 2004, cuando se jubiló, recordaba que en sus comienzos como vendedor «cuando aún no tenía permiso, me puse para probar en la calle Liborio García -junto a Zara-, medio asustado por si venían los guardias. Cuando vi que no pasaba nada, me cambié a la calle Nueva». Después, cuando ya logró la licencia, no eligió cualquier sitio: su pequeño puesto de almendras estaba entre una tienda de ropa para niños y una zapatería infantil, hoy ya desaparecidas. «Así tenían que venir y verme los pequeños a la fuerza», ironizaba.

En cuanto a su popular lema, Hernández señalaba que «surgió de la manera más tonta: la gente ni me miraba al principio, pero entonces llegó un crío que nunca había probado mis almendras y cuando las tomó dijo '¿ay qué ricas!'». Aquello se le quedó grabado y decidió convertirlo en su grito de guerra. «Algo tenía que decir para llamar la atención».

Desde entonces, las almendras cambiaron de nombre para pequeños y extranjeros. «Los niños se acercaban y decían: 'Mamá ¿quiero un paquete de ay qué ricas!'». Su frase le ha valido más de una anécdota. «La esposa de un comerciante se escaqueó un día de su trabajo y cuando llamó a su jefe para excusarse la descubrió porque me escuchó gritar: '¿Tú estás en calle Nueva!', le dijo. No veas la que me cayó después», relataba.

Su fama fue tal que llegó incluso al extranjero. «He mandado almendras a Liverpool y hay un bar en Lion que tiene un centenar de fotos mías, algunos franceses hasta me reconocen cuando me ven», recordaba.