El asalto final de los 'bastardos'

Protesta en el exterior del Parlamento en Londres (Reino Unido). /Efe
Protesta en el exterior del Parlamento en Londres (Reino Unido). / Efe

El grupo parlamentario conservador se divide en facciones y la que impulsa el derrocamiento de May tiene historia

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal en Londres (Reino Unido)

Theresa May es la primera líder conservadora que se presentó a unas elecciones proponiendo a los electores que su Gobierno negociaría la salida de la Unión Europea (UE), pero la insatisfacción de los partidarios de una total independencia de Reino Unido ha provocado una votación para derrocar a la líder 'tory', quince días después de acordar precisamente la manera de salir de la UE.

La larga y confusa saga de las divisiones británicas sobre la Comunidad Económica Europea y luego sobre la Unión cristalizó en la década de los setenta, cuando el ingreso en la CEE impulsado por el primer ministro conservador, Edward Heath, fue contestado en su propio partido, con Enoch Powell como referencia, y en el laborismo por la facción izquierdista de Tony Benn.

La figura de Benn inspiró a su joven aliado, el actual líder laborista, Jeremy Corbyn, aunque curiosamente el hijo de Benn, Hilary, es pro-UE y crítico con la dirección actual del partido. Los argumentos de Corbyn y de esa tradición izquierdista suenan como ecos de los debates entre marxistas tras la revolución bolchevique sobre si es posible el socialismo en un solo país.

Los límites que imponía la estructura comunitaria a la dirección política y económica nacional eran también argumentos de Powell, intelectual notable, promotor como miembro de la Mont Pelerin Society del gran consenso económico que con nombres variados- monetarismo, neoliberalismo, ...- gobierna los países desarrollados en las últimas décadas y precursor de las alarmas sobre la inmigración.

La combinación de una política económica que tenía entre sus pilares la reducción del papel del Estado y de una actitud de resistencia al crecimiento de estructuras y poderes europeos centralizados en Bruselas marcó también el mandato de Margaret Thatcher, pero incluso en sus momentos más tensos con el presidente de la Comisión, Jacques Delors, nunca abogó por un 'brexit'.

2017 y todo eso

Fue su sucesor, John Major, quien sufrió las consecuencias de la crispación creada en el Partido Conservador por el derribo de Thatcher. Político sin estridencias- aunque el martes exigió en Dublín que May revoque inmediatamente el artículo 50 y cese así el deslizamiento hacia el caos-, mostró su frustración con los euroescépticos llamándolos 'bastardos' en un estudio de televisión, creyendo que no era grabado.

Había logrado lo imposible. Un año después de heredar la antorcha de un partido cuarteado por el golpe palaciego contra Thatcher negoció cláusulas de exclusión británica para la moneda única o la legislación laboral en el Tratado de Maastricht, ganó después unas elecciones. Pero con una mayoría parlamentaria menguante por las deserciones fue maltratado por los 'thatcheristas' euroescépticos.

La mayoría de miembros del Grupo de Investigación Europeo (ERG) que han incitado en las últimas semanas el envío de cartas pidiendo un voto de confianza sobre May al presidente del comité que gobierna el grupo parlamentario conservador encajan en ese doble retrato. Como sus dos cabecillas: Jacob Rees-Mogg, de maneras corteses o arcaicas, y Steve Baker, de razonamiento frío y libertario.

Estos 'brexiters' interpretan el resultado del referéndum de 2016 como un voto inapelable para salir del mercado común y de la unión aduanera y creen en el potencial económico de un Reino Unido que no esté sometido a regulaciones europeas sobre regímenes laborales, servicios financieros o biotecnologías. Apoyaban a la May de 2017 y ven su deriva hacia el 'brexit' suave como una traición.

A ellos se suman recalcitrantes, como sir Bill Cash, cuyo padre murió en el desembarco de Normandía, líderes de ocasión, como Boris Johnson, y los hastiados por la manera de gobernar de May. Del estrangulamiento por estos 'bastardos' que ya sufrió John Major quería librarse Theresa May cuando convocó elecciones en 2017. Y la consecuencia de aquel fracaso es un Parlamento enrevesado y este asalto 'brexiter' a la fortaleza del poder.