Trump intenta detener a los niños de inmigrantes indefinidamente

Donald Trump (2d), durante un desayuno de trabajo. /Leah Millis (Reuters)
Donald Trump (2d), durante un desayuno de trabajo. / Leah Millis (Reuters)

Nadie sabe exactamente cuántos niños han sido trasladados a Nueva York

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

Hacía falta una cara bonita y muy dulce para calmar el furor desatado por los llantos de miles de niños centroamericanos separados de sus padre en la frontera. Le correspondió a Melania Trump, que a juicio de muchos ejerce el papel de policía bueno en la opereta presidencial, mientras que otros creen que genuinamente estos niños le han tocado el corazón de madre.

En cualquier caso, no le hacía falta volar casi 3.000 kilómetros hasta McAllen (Texas). Los neoyorquinos descubrieron lo que este periódico publicó hace tres semanas, que en su inquina por separar a los niños de sus padres el gobierno no los lleva hasta Nueva York. Y como cuando tocó defender a los musulmanes a los que se les había vetado la entrada, se lanzaron al aeropuerto con velas y pancartas para recibirlos. Entonces fue el Kennedy, ahora La Guardia, a donde llegan los vuelos procedentes de Texas. American Airlines, United, Spirit, Alaska y Southwest Arlines son algunas de aerolíneas que han avisado al gobierno. «No deseamos que se nos asocie con la separación de familias o, peor, sacar provecho económico de ello», decía el comunicado de la primera.

Nadie sabe exactamente cuántos niños han sido trasladados a Nueva York, donde desde el miércoles sus ciudadanos les recibieron con pancartas en español. «¡Te amamos!», «Bienvenido a Nueva York». American Airlines dijo haber retrasado la salida de un vuelo más de media hora mientras exigía confirmación de que los niños a bordo no habían sido separados a la fuerza de sus padres, algo que no se produjo. «Nos mintieron», contó a The New York Times una de las azafatas, visiblemente afectada, una vez que los niños bajaron del avión sin volar.

La primera dama no era la única que se había desplazado hasta McAllen. También el alcalde de Nueva York, decidido a comprobar la situación de esos niños y pedir explicaciones al gobierno que ha demandado. Bill DeBlasio intentaba entrar en una de esas prisiones improvisadas con jaulas en monumentales almacenes, mientras que a Melania Trump la llevaron a un albergue luteranos donde presentaron el encierro como un campamento de verano, con juegos y clases. «A esto lo llaman albergue, pero realmente es como su hogar», la tranquilizaba el encargado. «Aquí están seguros, cuidamos de ellos, no tienen nada de que preocuparse».

A la modelo eslovena que empezó a trabajar en las pasarelas neoyorquinas sin permiso de trabajo se le atribuye el giro que ha dado su marido con la política de separación familiar. Sin embargo, deportiva y sin escotes, Melania Trump, famosa por sus mensajes subliminales, subió este jueves al avión con una parca de Zara que desconcertó tanto como la nueva compasión del presidente: «I really don't care, do U?», decía el mensaje en la espalda. «A mí en verdad no me importa, ¿y a ti?». Su portavoz Stephanie Grisham pidió que «después de la importante visita que ha hecho hoy a Texas», los medios «no se centren en su vestuario».

La prensa no era la única confundida. Con la nueva orden ejecutiva del presidente en la que se les insta a no separar a las familias sin anular la política de «tolerancia cero», las patrullas fronterizas no saben qué hacer. Un alto cargo dijo al Washington Post que dejarán de enviar temporalmente a los juzgados a estos inmigrantes con niños, donde se les enjuicia por cruzar ilegalmente la frontera. Con las instalaciones al 97% eso quiere decir que tendrán que dejar algunos en libertad. Mientras, el Departamento de Justicia pide ayuda al Pentágono para usar como alojamiento sus bases militares e incluso sus jueces para acelerar las vistas, ya que un precedente judicial limita la presencia de niños en centros detención a un máximo de 20 días. La última cruzada del fiscal general Jeff Sessions es convencer al Noveno Circuito de Apelaciones de California para que limite la implicación de esa sentencia de 1997 a menores sin acompañar, lo que permitiría al gobierno encarcelar indefinidamente a los que detiene con sus padres.

 

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