La Policía deja en libertad a la mitad de los detenidos en la redada en Misisipi

Una de las redadas en Misisipi./Efe
Una de las redadas en Misisipi. / Efe

La mayoría de los hispanos arrestados han recibido citaciones judiciales que podrían llevar a su expulsión

CAROLINE CONEJERONueva York (EE UU)

El miedo reina entre cientos de comunidades de hispanos tras la macrorredada que lleva a cabo desde el miércoles la Policía de Inmigración (ICE) en numerosas plantas de procesamiento de alimentos de seis ciudades del Estado de Misisipi. El número de detenidos se acerca ya a los setecientos, aunque en las últimas horas unos trescientos trabajadores, incluidas madres embarazadas o lactantes, fueron puestos en libertad tras ser confirmado su estatus legal. Sin embargo, la mayoría se enfrenta a citaciones judiciales que pueden llevar a su expulsión. El presidente, Donald Trump, defendió las operaciones de los cuerpos de seguridad de la 'migra' como el mejor método disuasorio contra la inmigración ilegal desde la frontera con México.

Mientras tanto, los arrestos han provocado que cientos de niños vivan estas horas de angustia atemorizados, sin saber si volverían a ver a sus padres, algunos sin poder entrar en sus casas y a merced del cuidado de vecinos y extraños. Muchos menores han sido concentrados en gimnasios públicos. Desconsolados, no quieren ni siquiera comer. Sólo volver a ver a sus familiares.

Extrañamente, algunas de las plantas que acogieron las redadas pertenecen al conglomerado de alimentación de los hermanos Koch, multimillonarios conocidos por su activismo político en causas republicanas como la lucha contra el seguro de salud pública y el negacionismo del cambio climático a las que constantemente inyectan opulentas donaciones.

Una contradicción similar ha sido desvelada por un extenso reportaje de investigación publicado ayer por 'The Washington Post' y que exponía el sistemático uso de inmigrantes indocumentados latinos por más de dos décadas en los negocios de Trump, en los que eran contratados para trabajar en la construcción de los campos de golf, desde Nueva York a Florida. El trabajo de los inmigrantes hispanos era tan bueno que los otros trabajadores les llamaban «los picapiedras», impresionados por la extenuante labor durante largas horas al sol.

La investigación pone, una vez más, de relieve la discrepancia entre la retórica antiinmigración del presidente y la habitual contratación de indocumentados hispanos.