Trump y Guaidó desafían a Maduro en una jornada que deja 16 muertos

Un oficial de la Policía Nacional dispara balas de goma durante una protesta contra el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela./Reuters
Un oficial de la Policía Nacional dispara balas de goma durante una protesta contra el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela. / Reuters

La Casa Blanca coreografía con el dirigente opositor su reconocimiento como presidente interino de Venezuela

MAYELA ARMASCaracas

Horas antes de que en Venezuela se abriera una situación todavía más dramática que la que ya vive este país inmerso en el caos económico y el éxodo de al menos 2 millones de sus ciudadanos en los últimos años, un grupo de manifestantes en la ciudad sureña de Puerto Ordaz concentró su ira en una estatua del fallecido líder Hugo Chávez. El memorial al fundador del chavismo fue derribado y algunas de sus partes, lanzadas desde un puente.

Aún se desconocía que la doble convocatoria de manifestaciones para ayer, por parte de la oposición y por el chavismo gobernante como respuesta, terminaría con dos presidentes al frente de un país que ya contaba con otros tantos parlamentos. Y que el máximo dirigente de uno de ellos, la Asamblea Nacional de mayoría opositora, aprovecharía el calor de miles de manifestantes en las calles de Caracas, del resto del país y de ciudades de todo el mundo para autoproclamarse «presidente encargado» y tomarse juramento a sí mismo en la capital.

El desarrollo de los acontecimientos invita a pensar que el movimiento de Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional desde el día 5, se esperaba con impaciencia en la Casa Blanca. Durante las horas previas, la agencia Reuters dio cuenta de un Donald Trump presto a reconocer a este mandatario alternativo. El presidente de EE UU, según las fuentes de la agencia, sólo estaba pendiente de que Guaidó diera el paso.

«Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo nacional como el presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y tener elecciones libres», declaró Guaidó, con la mano en el pecho, desde una tarima en el este de Caracas. El ingeniero de 35 años dijo estar facultado por la Constitución bolivariana, entre gritos de «¡El pueblo está contigo!». Añadió que contaba con el respaldo de gran parte de la comunidad internacional, que considera «ilegítimo» el segundo mandato que Nicolás Maduro asumió el pasado día 10, por sostener que fue reelegido en unos comicios fraudulentos.

EE UU fue el primero en reconocer «oficialmente» a Guaidó, tardó sólo unos minutos, y el resto de actores internacionales previsibles se fueron sumando a la aceptación del presidente autoproclamado: el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que además dio por interrumpido el proceso para expulsar a Venezuela del organismo; Canadá, Brasil, Colombia, Argentina, Perú, Paraguay, Chile... México no y tampoco, como era de esperar, aliados del chavismo como Bolivia.

Apelación al Ejército

Además de homologar la autoproclamación de Guaidó, Washington previno al Gobierno de Maduro contra cualquier uso de la fuerza sobre el «presidente encargado» y sus seguidores, advirtiendo de que, en caso de desoír esta directriz, «todas las opciones están sobre la mesa» para Donald Trump. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, se dejó de retórica y apeló al elemento decisivo en la imprevisible resolución del último episodio de la crisis venezolana: el Ejército, que hasta anoche respaldaba al líder chavista. «Llamamos a Maduro a hacerse a un lado a favor del líder legítimo reflejando la voluntad del pueblo venezolano», conminó Pompeo, y apeló a las Fuerzas Armadas y la Policía «para que apoyen la democracia y protejan a todos los ciudadanos».

«Como presidente constitucional en cumplimiento de mis funciones (...) he decidido romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno imperialista de Estados Unidos. ¡Se van de Venezuela!», respondió Maduro, quien dio 72 horas a la delegación diplomática para abandonar el país. Ante miles de seguidores desde un balcón del palacio de Miraflores, habló de un «golpe de Estado» en marcha orquestado por la Casa Blanca.

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