AVE 'FÉLIX'

AVE 
'FÉLIX'
M. R.

Félix Cabeza vuelve a resurgir con La Dorada, esta vez en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón.-El empresario carihueleño ha puesto de nuevo de moda su histórico restaurante .-Félix Revuelta ya es «esteponero por elección».- El empresario riojano cuenta por qué se vino a esta tierra: «Puse en mi casa la bandera de España y nadie me insultaba...».-Diana Navarro muestra a través de Jorge González su faceta más solidaria.

PEDRO LUIS GÓMEZ

Su vida está cargada de éxitos y fracasos, como a casi todos nos ha ocurrido, pero en este carihueleño todo es como más sonoro, como mucho más fuerte. Llegó a la cima como nadie lo había hecho y bajó a los sótanos como pocos también. Un buen amigo de la infancia, lo definió como «el ave Félix» en un feliz juego de palabras con el 'ave fénix', que siempre renacía de sus propias cenizas. Es la vida misma de José Félix Cabeza, quien ha resurgido y de nuevo triunfa en Madrid (capital a la que llegó hace 40 años) con La Dorada, uno de los nombres emblemáticos de la restauración andaluza en el mundo. Tras tener que dejar por avatares de la crisis sus espléndidos locales de la lujosa calle Orense, a pocos metros de la Castellana, y cerrar su establecimiento, Félix Cabeza se fue a un zona alejada del centro de Madrid, a Pozuelo de Alarcón, concretamente a la Avenida de Juan Antonio Samaranch, a un centro deportivo de una urbanización de lujo, donde habitan un buen montón de jugadores del Real Madrid, y allí, de nuevo, de lo que era simple y llanamente un complemento de un club deportivo, ha vuelto a montar un gran restaurante, con el nombre de siempre, con la colaboración de su compañera Lucía García, quien además es la encargada de la sala. Tras haber alcanzado el cielo con sucursales en Sevilla, Barcelona, París y Miami, y haber tenido ofertas de Nueva York, Tokio, Londres, de su fallida experiencia en Málaga capital (su deseo no cumplido, triunfar en su tierra), ahora ha vuelto a renacer y de nuevo La Dorada está en el epicentro de los restaurantes de moda en la capital madrileña, y además como gran embajador de los productos malagueños: «Aquí la gente viene a comer boquerones malagueños, a degustar las gambas de La Caleta y las coquinas de nuestra bahía... Málaga tiene hoy un reclamo gastronómico en el sentido de que se asocian sus productos con la palabra calidad y eso es muy importante. Muchos ahora reclaman a sus clientes con el término 'productos de Málaga', yo lo he hecho siempre», afirma Félix, aún no recuperado de un fuerte susto por una tremenda caída cuando jugaba al tenis, su deporte favorito: «Aquí estoy, que casi no me puedo mover, pero hay que estar en forma». A sus «sesenta y muchos años» estoy muy bien, y gracias al tenis, aunque esta vez casi me mato».

A Félix Cabeza se le pueden adjudicar muchas historias, muchas de ellas seguramente ciertas y otras, no pocas, fruto del imaginario de quien fue portada de revistas del corazón y de la prensa económica, pero ante todo presume de haber sido quien llevó el aceite de oliva a la restauración madrileña y de haber convencido de sus virtudes a los grandes cocineros vascos. «Sólo utilizaban mantequilla y margarina porque decían que el aceite de oliva era malo para el estómago, como afirmaban entonces», señala.

Nacido en La Carihuela en el seno de una familia muy humilde, José Félix Cabeza se crió en la playa. Cuando apenas tenía nueve años, en el roqueo del Castillo de Santa Clara, vio una dorada y decidió pescarla con las manos, pero un golpe de mar casi se lo lleva al otro mundo. Aquello lo marcó: «volví a nacer, y por eso a mis negocios les puse el nombre de La Dorada». Pronto se fue a trabajar con su tío, que tenía un chiringuito: Casa Prudencio. Con apenas 20 años funda, en Los Boliches,La Lubina, su primer restaurante, y de allí, en la misma Fuengirola, salta a La Dorada, que pronto alcanza fama. Presume -además de lo del aceite de oliva- de haber 'inventado' la dorada a la sal, su producto estrella. El éxito fue tan impresionante que dio el salto a Sevilla, donde revolucionó el sector gastronómico con Los Remedios y La Dorada Nervión, dos restaurantes que lo convirtieron en millonario, de allí a Madrid y... al cielo por donde volaban sus dos aviones privados cargados de pescados malagueños para Sevilla, Madrid, París, Barcelona, Miami, los proyectos de Nueva York y Tokio..., pescados que llegaban de la mano de sus ocho grandes barcos de pesca que tenía en su haber. Millonario y famoso, su boda con Juncal Rivero lo lanzó a las manos del papel cuché..., pero la vida da muchas vueltas. «Es fácil mudarte de una cabaña a un palacio, pero retornar de un palacio a una cabaña ya no lo es tanto», señala. «La crisis, alguna que otra mala decisión y Boyer me lo quitaron todo», afirma. Del todo a la nada y de allí a Miami, donde volvió a levantar parte de su imperio, y retorno a Madrid, y después a Málaga, y... otra vez abajo para ahora retornar en Pozuelo. «Estoy contento. Hago lo que me gusta, y estoy con quien quiero. Lo demás, la vida misma. Ni me río ni lloro, ya estoy acostumbrado a casi todo, ahora lo que quiero es trabajar y de vez en cuando volver a La Carihuela para ver a mis amigos, retornar a mi esencia, al lugar, que, fíjate, más me duele porque nunca fui capaz de tener allí, en mi barrio, una Dorada...». La Dorada ha vuelto. Con su jefe de siempre. Ahora, en Pozuelo. '¡Ave Félix'.

Y de un Félix a otro Félix. De Cabeza a Revuelta. El conocido empresario riojano ya es «esteponero de corazón», porque recibió de manos del alcalde de la ciudad costasoleña, José María García Urbano, el título de Hijo Adoptivo en un solemne acto que estuvo marcado por las emociones. La propia emoción de Félix Revuelta y de su familia, siempre junto a él, y de un discurso emotivo y sincero, surgido del corazón, en el que el fundador de Naturhouse y propietario del lujoso hotel Las Dunas, revivió cómo apareció por Málaga y cómo decidió quedarse a vivir en la Costa del Sol: «Cuando el primer año, en la casa en la que pasaba mis vacaciones puse una bandera de España y nadie se metía conmigo, nadie me insultaba... Entonces me dije, yo me vengo a vivir a Málaga y me hice, de la mano del hotel Las Dunas, mi gran ilusión, esteponero por elección». Revuelta, que recordó a su amigo Luis del Olmo, «culpable de que viniera a la Costa del Sol, ya que la primera vez que llegué hace unos cuantos años fue para jugar un torneo de golf que organizaba para sus amigos», reseñó que desde entonces celebra todos los veranos su fiesta de cumpleaños en su casa malagueña, con asistencia empresarios muy importantes de muchos puntos de España, y de allí precisamente «han nacido grandes proyectos para esta tierra que hoy son realidad, como el festival Starlite o el propio complejo de salud del hotel Las Dunas». Félix Revuelta estaba feliz. No era para menos. Recibió un verdadero baño de afecto y cariño del pueblo de Estepona. Sin duda se lo merece. No sólo es un gran emprendedor, sino una maravillosa persona, generosa y comprometida con la sociedad en la que vive como pocos.

Y una noche mágica fue la que se vivió en el Hotel Málaga Palacio de la mano de Diana Navarro. Bueno, de ella y del director del emblemático establecimiento, Jorge González, una persona de extrema generosidad que siempre está por y para apoyar a los que más lo necesitan. De su mano y de la voz de Diana Navarro cerca de 200 personas se dieron cita en el referido hotel para un acto solidario a favor de la Asociación para la Investigación Oncológica de Málaga y de Niños con Alma. Diana, que demostró que se encuentra en un momento de madurez y capacidad artística insuperable, cantó acompañada de piano, en un recital que fue único y que será difícil que olviden los que tuvieron la suerte de verlo en directo. Igualmente, la cantante subastó las camisetas que lució la artista en 'Tu cara me suena', realizadas por el conocido artista Darifé, que llegaron a alcanzar importantes pujas, como las que representaban a Marifé de Triana y a Antonio Molina. Fue una noche mágica, cargada de solidaridad y de mensajes de que nadie puede ser feliz en esta vida si no lucha por los menos favorecidos.

Ya sí que estamos metidos en plena Navidad. Sean felices y disfruten de lo que tenemos, que no es poco, y servidor con su permiso que también lo haga.

 

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