Carretera de peaje

Furriel, García-Jonsson y Rovira, en la película./SUR
Furriel, García-Jonsson y Rovira, en la película. / SUR
Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Calificación: *

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Hay peajes que más vale evitar. El Festival de Málaga descorchó este viernes su sección oficial con una película fuera de concurso, 'Taxi a Gibraltar', una comedia de vocación comercial que coquetea sin éxito con el tono disparatado y canalla de 'road movies' que han funcionado en taquilla aplicando el humor para tamizar la desolación de sus personajes, como 'Entre copas' o 'Flores rotas'. Pero la historia de Alejo Flah queda lejos de esa fórmula magistral para convertirse en una sucesión de chascarrillos con más o menos gracia, un viaje por lugares comunes que no merece inaugurar un certamen como éste, por mucho que su programación se haya acostumbrado cada edición a pagar un precio inflado en concepto de cuota impuesta por las televisiones privadas y su empeño por reducir la cita malagueña a mero escaparate promocional para sus largometrajes, objetivo que, como es justo reconocer, no han conseguido.

Producida por Atresmedia, patrocinadora del festival, una coincidencia o no que hace sospechar las razones de su inclusión con calzador en la sección oficial, 'Taxi a Gibraltar' nunca termina de funcionar como relato divertido de una aventura por carretera, violando así el primer mandamiento del género. Tampoco Dani Rovira y Joaquín Furriel salvan los diálogos de la pareja protagonista, dos desconocidos que, pese a su aparente antagonismo, comparten desesperación e inician un viaje con la esperanza de encontrar los lingotes de oro que, según la leyenda urbana, permanecen escondidos en los túneles secretos del peñón. El personaje de Ingrid García-Jonsson, una novia a la fuga con impostado acento andaluz, encaja con dificultad en la historia, aunque al menos sirve para oxigenar el ambiente en la primera mitad del metraje, cuando el ceño fruncido de Rovira y el monólogo acartonado de Furriel, que parece escrito para reunir en apenas unas frases todos los clichés posibles sobre argentinos (ya saben: la terapia, Maradona o la destreza en el coqueteo) comienzan a hacer irrespirable el guión.

Poco se salva en esta hoguera de personajes estereotipados y 'gags' previsibles, aunque no alcanza el sonrojo ajeno que producían cintas como 'Por un puñado de besos' o 'El futuro no es lo que era', incluidas en ediciones anteriores. El mayor pecado de 'Taxi a Gibraltar', segundo largo de Flah tras la más meritoria 'Sexo fácil, películas tristes', reside en su incapacidad de aprovechar los recursos del género e incluso del planteamiento y la producción; apenas exhibe su columna vertebral, el viaje por carretera desde Madrid hasta Gibraltar, que podría haber ofrecido escenas y secuencias directas a abrirse hueco en la memoria del espectador. Pero todo queda limitado a un puñado de chistes facilones y ángulos asfixiantes entre lo que casi nada merece ser rescatado.

El guión también desecha enseguida el jugo que podría sacar a los asuntos de actualidad que toca, desde el conflicto del taxi hasta el 'brexit', para ventilarlos en unas cuantas frases hechas del tipo «¡Gibraltar español!», cuando no subtitula los diálogos de los aduanistas, que intercalan un inglés perfecto con expresiones gaditanas. Flah presenta una historia mal cosida que sirve para echar el rato pero tiene complicada justificación como película inaugural de la sección oficial de un festival de cine. Habrá que estar atento a las óperas primas, paradójica tabla salvavidas del certamen en la última década, cuando Málaga se ha convertido en descubridora de pequeñas joyas como '10.000 kilómetros' o 'Verano 1993', por no echar la vista atrás y recordar 'Azul oscuro casi negro' o 'Bajo las estrellas'. La carrera es larga y ya hemos pagado el peaje.

(**** Excelente *** Buena ** Entretenida * Regular o Mala)