«Sufrí un ataque la corazón. No paro, quizás por eso he pagado un precio»

Antonio Banderas, ayer, delante del Teatro Romano./
Antonio Banderas, ayer, delante del Teatro Romano.

Fue andando desde su casa a la rueda de prensa en el Albéniz. Allí contó que quiere volver a dirigir, hacer teatro en Málaga y que el festival le «use» para abrir puertas

REGINA SOTORRÍO

Nunca antes había dado Antonio Banderas una rueda de prensa tan personal. Por el lugar donde fue, el cine Albéniz, a dos minutos a pie de su casa de la calle Alcazabilla (con los curiosos agolpados en la puerta) y justo al lado de donde empezó a hacer teatro en los años 70 «vestido de romano». Y por lo que habló: 40 minutos de una charla sincera y sentida que por momentos estuvo al borde de la lágrima. Se emocionó por ser profeta en su tierra, por poder hacer balance de una carrera que a veces le parece un «sueño» y, además, por recibir la Biznaga Honorífica del Festival de Málaga justo ahora.

«El 26 de enero sufrí un ataque al corazón», confirmó sin rodeos. Se sometió entonces a una intervención en la que le implantaron tres stents en las arterias coronarias. «Y como sufría arritmias desde hace tiempo, de motu proprio me sometí a una termoablación, pero no ha sido tan dramático como se ha escrito», puntualizó. Pese a que fue un ataque «benigno» que no le ha dejado secuelas «en la patata» (dijo parafraseando a su hermano), ahora afronta la vida con una mirada diferente.

Para explicarlo, Banderas recitó con un nudo en la garganta los versos del poeta Manuel Alcántara que decoran la terraza de su casa: «A la sombra de una barca, me quiero tumbar un día; echarme todo a la espalda y soñar con alegría». Tuvo que parar a la mitad para no romper a llorar mientras la prensa le aplaudía en bloque. Al terminar la poesía, con la voz entrecortada, añadió: «Y eso lo quiero hacer en mi tierra».

«Me volví workaholic»

Reconoció Banderas que se convirtió en un workaholic (adicto al trabajo) «y no podía parar». «Mi vida sigue siendo muy rocambolesca. No paro. El año pasado crucé el Atlántico siete veces, todo el día en hoteles... Quizás por eso he pagado un precio y ahora me estoy replanteando muchas cosas». Entre otras, pasar más tiempo en Málaga, su «referente»: «La posibilidad del regreso a mi tierra es muy cierta». Mantuvo que Hollywood «ya no existe» tal y como antes se entendía: «Es una marca que aquellos que hemos trabajo durante años en ese cine llevamos puesta y ya no importa si haces la película en Japón o Sudáfrica. Y se puede hacer cine desde Málaga».

Admitió que le gustaría hacer teatro en Málaga y participar de forma «más activa» en su festival de cine: «Que me usen para abrir puertas». «He leído estos días que el festival tenía que saldar una deuda conmigo, pero no me debe nada. Yo les debo la paciencia que han tenido conmigo, porque me hubiera gustado estar más cerca», declaró. Justificó su ausencia por cuestiones de agenda, algo que no sucede en Semana Santa, «que es fiesta internacional y los rodajes paran».

Banderas felicitó al Festival de Málaga por su apertura al cine latinoamericano, del que se siente tan próximo. «Cuando yo llegué hace 25 años a EE UU era muy complicado no ser un villano en las películas de Hollywood siendo hispano. Y cómo se ha ido ganando terreno y cómo me ha dado la vida posibilidad de aportar algún grano de arena a que se fueran abriendo las mentes de los ejecutivos y del público, ha sido muy importante», argumentó.

Hablando de hispanos, el nombre de Donald Trump tenía que salir a relucir. El actor confirmó que Trump «representa un daño para Hollywood y no lo está escondiendo». Admitió que «lo que más miedo da es por qué la gente le ha elegido». «Hay un desencanto, un salto al vacío que no entendemos muchos. Resulta difícil pensar que va a permanecer cuatro años en el poder», lamentó, para acto seguido aconsejar «paciencia».

«Lo mejor está por venir»

Sobre lo que le deparará su carrera, Banderas fue contundente: «Soy un insensato y creo que lo mejor está por venir, a pesar de los obstáculos que te pone la vida». Banderas tiene claro que volverá a dirigir, convencido de que ahora es el momento de colocarse por tercera vez tras la cámara para contar «historias y vivencias personales». «Quizás antes estuviese demasiado verde, pero tras 102 películas tengo más conocimiento de cómo se desarrolla un rodaje», declaró. Y disfruta enormemente como cineasta: «En los dos filmes que dirigí me sentí más yo que en cualquiera de los que yo haya participado».

En cartera tiene el proyecto de dar vida a Picasso en una película de Carlos Saura sobre los 33 días que el genio tardó en pintar Guernica. Ahora es la «época justa» «Tengo 56 años, la edad que tenía Picasso entonces», aclaró, pero el último guión no le convence: «Si pudiéramos volver al primero me encantaría, tenía un impacto emocional más profundo».

El tiempo dirá si Antonio es algún día Pablo. Lo que sí es seguro es que desde hoy colocará un nuevo galardón en la estantería de su casa. «Y los premios empiezan ya a justificarse, porque los 60 los tengo a la vuelta de la esquina. La barba me delata». Y para bien, a juzgar por los piropos de la calle y también de la prensa.

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