Las incómodas recetas del doctor Rufián

Ilustración de Gabriel Rufián. /Maria Picassó Piquer
Ilustración de Gabriel Rufián. / Maria Picassó Piquer

Como House, el portavoz de ERC, siempre al límite en sus provocaciones a los adversarios, ha hecho del sarcasmo su principal arma

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDA

Gabriel Rufián no estudió Medicina. Se decantó por las Relaciones Laborales, aunque al final con quien le tocó relacionarse es con los diputados del Congreso, al que llegó en 2016 como portavoz adjunto de ERC. De haber sido médico habría respondido a sus pacientes con frases como «la sinceridad duele a aquellas personas que viven en un mundo de mentiras» o «no te preocupes por lo que la gente piensa, no lo hacen muy a menudo». Pero, a falta de quirófanos y consultas, lo suyo ha sido repartir recetas en la Cámara baja. Esas sentencias no le pertenecen. Hay que acudir hasta el Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey para localizar a su autor.

Si por algo destaca el doctor House es por su sarcasmo y por los métodos poco ortodoxos que utiliza en su actividad laboral, algo de lo que no es ajeno el político catalán. A las intervenciones de Rufián en las Cortes, la revista Journal of Pragmatics las definió como «la esencia de la descortesía». «¿Obtengo puntos extra si actúo como si me importara?», habría preguntado el médico en tono burlón ante tal título.

El House del parlamento español dispara hacia todos los lados, y no en el momento más inesperado, sino que cada vez que tiene ocasión de tomar la palabra. «La única sorpresa que nos deparará la política española es saber en qué partido estará en la próxima legislatura el señor Toni Cantó», espetó al candidato de Ciudadanos. «Hasta luego, gánster, nos vemos en el infierno», le soltó al juez que dirigiño la Oficina Antifrau de Cataluña de 2011 a 2016, Daniel de Alfonso. Nadie está a salvo de él.

Expulsado de un Pleno

Tiene en su haber el dudoso mérito de ser el segundo diputado expulsado de un Pleno, tras un tenso enfrentamiento con Borrell -el precedente fue Vicente Martínez-Pujalte-. A House lo echaron de la universidad por hacer trampas. A ese respecto van empatados.

Rufián sabe que provoca, es consciente del poder que tiene la palabra según cómo se emplee. «Intento incomodar muy mucho a los comparecientes», llegó a admitir en una entrevista. Y para ello no duda en usar toda la parafernalia que sea necesaria para que el show no defraude. A falta de bastón y de vicodin buenos son otros elementos. «Este es el cuerpo del delito, una humilde Samsung republicana», explicó mientras sacaba una impresora para defender el referéndum en Cataluña del 1 de octubre. «Ojalá un tal M. Rajoy algún día esté con una de estas», dijo en otras ocasión mostrando unas esposas. El escaño del de ERC parece el baúl de un utilero, en el que no podía faltar una colección completa de camisetas reivindicativas.

El objetivo es que su mensaje cale y si, de paso, crispa a alguno de sus rivales políticos eso que se lleva. «Si nadie te odia, estás haciendo algo mal», ha observado el doctor House alguna vez, algo con lo que Gabriel Rufián estaría de acuerdo. «Es un buen chaval al que de pequeño le robaban el bocadillo y le debían de dar collejas», comentó el popular Rafael Hernando. «Cualquier militante socialista tiene infinita más dignidad que Rufián, solo sabe insultar y destruir», protestó el socialista Patxi López. Inés Arrimadas ha sido la última en saltar, en el debate a seis de este martes en TVE: «Soy más moderada que tú, chaval». Y el chaval sonrió victorioso, lo había vuelto a conseguir.