El PSOE se aleja de la sociedad

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

En las últimas horas, Susana Díaz ha defraudado a muchos andaluces. Lejos de preguntarse en la noche electoral cómo frenar a la derecha, tenía que haber contestado por qué ha desilusionado a una gran mayoría de sus votantes en los tres años que lleva de presidenta. Su cara era un poema, pero sus palabras no contenían la prosa que requería la situación. Grave a todas luces. El PSOE lleva mucho tiempo sumido en la confusión. El día después del histórico 2-D ha quedado claro que la abstención de los votantes socialistas ha sido determinante en la configuración del Parlamento andaluz.

La presidenta en funciones de la Junta de Andalucía no ha sabido interpretar aún el peor resultado de la historia de un socialismo andaluz que se ha alejado de la sociedad, con la sanidad y la educación como pilares de su discurso mientras la ciudadanía cuestiona su funcionamiento. Eso sin contar con que al PSOE nacional le ha faltado tiempo para pedir su dimisión. De nuevo la cuitas internas por delante de los problemas de la gente. Siguen sin enterarse de lo que ocurre a su alrededor.

Ya en 2012, una sabia decisión de Griñán impidió que el PP gobernara en la Comunidad, y su sólida victoria, la única en 40 años, dejó un mal sabor en toda la derecha y provocó el adiós de Javier Arenas. Hoy, Susana Díaz presume de haber ganado las elecciones, pero sigue sin descifrar las señales más evidentes que desprenden las urnas: lo importante no es quien gana en votos, sino quien gobierna después de las elecciones. Para el recuerdo queda ese 2012, o que se lo pregunten a Pedro Sánchez ahora, presidente del Gobierno con el peor resultado del PSOE en toda la democracia. En estos momentos de frustración de toda la izquierda, habría que recurrir a la frase de John Fitzgerald Kennedy: «No preguntes qué puede hacer tu país por ti… pregunta qué puedes hacer por tu país». No sé si la solución es que dimita, pero Susana Díaz ha vuelto a enrocarse en la máxima que guía a los políticos en estos tiempos tan revoltosos: «El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano». El votante socialista demanda explicaciones.

 

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