La defensa de la cuota femenina al frente del FMI da opciones a Calviño

La ministra de Economía, Nadia Calviño. /R. C.
La ministra de Economía, Nadia Calviño. / R. C.

Pese a las diferencias políticas, se descuenta una candidatura única desde la UE que EE UU preferiría antes que una de economía emergente

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

La carrera por dirigir el Fondo Monetario Internacional (FMI), ante la salida precipitada de Christine Lagarde –en octubre se hará cargo del Banco Central Europeo (BCE) tras el último reparto de altos cargos comunitarios entre las grandes potencia de la UE–, comenzó de manera oficial esta semana. Y España cuenta con una aspirante cualificada como la actual ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, aunque sus opciones son solo relativas y dependen en gran medida de factores externos.

La propia Lagarde formalizó su renuncia el martes pasado, que será efectiva desde el 12 de septiembre, con el fin de «facilitar el proceso de selección de mi sucesor». Su sustituto interino como director gerente será su anterior 'número dos', David Lipton. Y aunque no se ha abierto de manera oficial el plazo de presentación de candidaturas, en Europa ya ha habido movimientos.

Aprovechando la última cumbre del G-7 a principios de semana, los ministros de Finanzas de Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña tuvieron los primeros contactos junto al comisario europeo de Economía, el francés Pierre Moscovici. Su única decisión firme fue designar una especie de mediador, figura que en principio parecía pensada para una autoridad europea como el jefe del Eurogrupo, el portugués Mario Centeno, o la presidencia rotatoria de la UE que ejerce ahora Finlandia, pero ambos pueden tener intereses particulares por lo que ese aparente arbitraje lo asumirá el ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire.

Afirma que será neutral y el objetivo es alcanzar una candidatura europea «consensuada, sólida y creíble» a finales de mes para que Europa «siga liderando el FMI». Desde su fundación existe un pacto tácito, aunque no escrito, conforme al que su presidencia recae en el Viejo Continente –sus once directores gerentes desde 1944 han tenido ese origen–, mientras Estados Unidos designa al jefe del Banco Mundial.

De hecho, el controvertido presidente norteamericano Donald Trump se aprovechó de ello en abril para colocar al frente del Banco a David Malpass, un critico con el multilateralismo en general precisamente en plena guerra arancelaria. Por eso, pese al individualismo del líder estadounidense se ve improbable que apoye una candidatura alternativa a la europea. «Sobre todo porque no es previsible que otros países recaben más apoyos», apunta Javier Rivas, profesor de Finanzas en la escuela de negocios EAE.

Federico Steinberg , investigador principal del Instituto Elcano y profesor de Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Madrid, tampoco lo ve claro. A su juicio, «Europa le es más fiable (a Trump) que una posible candidatura emergente», por ejemplo, las del mexicano Agustín Carstens, ahora alto cargo del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y que ya fue derrotado en esa carrera en 2011, o el ministro principal de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, a quien se ve un posible –pero improbable– tapado porque su país tiene buena relaciones tanto con EE UU como con China.

En cualquier caso, la UE lleva las de ganar en la carrera si juega bien sus bazas – «aunque tendrán sus diferencias, van a lavar los trapos sucios dentro», anticipa Steinberg–. Por eso no quieren alargarse en los plazos aunque es posible que el proceso en el FMI se alargue hasta octubre y, además, su candidato habría de ser refrendado por las principales instituciones comunitarias.

«Sólo nombres que circulan»

Fuentes diplomáticas apuntan que, de momento, «no hay una lista» de aspirantes cerrados; «sólo nombres que circulan» y donde «nadie está excluido», más allá de los intereses cruzados entre los países del Norte y del Sur, sin olvidar a los del Este. Para estos últimos la opción sería la búlgara Kristalina Georgieva, hoy directora general del Banco Mundial. Sus posibilidades, ahora mínimas, ganarían enteros si se opta por dar continuidad a la cuota de poder femenina en el FMI, donde Lagarde fue la primera mujer al frente en sus 75 años de historia.

Aunque en tal caso España tendría las de ganar para colocar a un segundo director gerente –cargo que tiene rango de jefe de Estado– tras Rodrigo Rato (2004-2007) con la ministra Nadia Calviño –«si se elige a una mujer tiene todas las papeletas», asevera Steinberg–, pues en términos técnicos sería una de las aspirantes mejor valoradas en la UE donde ya ha ocupado varios cargos en los despachos de Bruselas. Su desventaja es que solo lleva un año en el puesto y podría buscarse a alguien con mayor experiencia política.

Y es que el FMIdebe afrontar a corto y medio plazo retos como el conflicto arancelario o el 'brexit', sin olvidar el posible rescate de países en crisis. Por eso Jeroen Dijsselbloem se presenta, a priori, con mayores opciones entre los aspirantes. El ministro de Finanzas holandés y exjefe del Eurogrupo es bien visto por el bloque del Norte y, de manera especial, en Alemania, que no prevé presentar candidato propio.

Otras dos posibilidades, menores a priori, son el excomisario europeo de Finanzas y actual gobernador del Banco de Finlandia, el liberal Olli Rehn, y el citado Mario Centeno. Mark Carney, responsable del Banco de Inglaterra, tiene un currículum excelente y doble nacionalidad británico-canadiense, pero en Bruselas no le ven una opción europea pura.