Especial Liga

Rearme cargado de urgencias

Eden Hazard, celebrando un gol./EFE
Eden Hazard, celebrando un gol. / EFE

Zidane fía la resurrección del Real Madrid al liderazgo de Hazard y la reactivación de sus pretorianos.

ÓSCAR BELLOTMadrid

Agitado aún por el fantasma de la infausta campaña pasada, el Real Madrid afronta el curso de su pretendida resurrección con más rostros conocidos en el plantel de los que esperaba una afición ávida de novedades que devuelvan la ilusión al Santiago Bernabéu. Desdeñó la revolución Zinedine Zidane en beneficio de un reseteo, confiado en recuperar la mejor versión de los pretorianos que cimentaron una hegemonía europea sin parangón en las últimas décadas que tocó a su fin con la inesperada marcha del técnico y la fuga de Cristiano Ronaldo en el verano de 2018. Fue el primer acto del melodrama que devolvió, nueves meses después, el bastón al marsellés, erigido en Mesías de un club convulsionado y tapón de una incipiente crisis institucional que le revistió de poderes para configurar un equipo de autor, por más que el diseño actual difiera del boceto que trazó el técnico.

Pese a pulverizar con los 303 millones de euros invertidos hasta la fecha el récord de gasto que establecieron los 258,5 que desembolsó FlorentinoPérez en su retorno a la presidencia el verano de 2009 y convertirse en el gran agitador del periodo estival, el Real Madrid encara el inicio de Liga con un once de gala que difiere poco del que sustentó el triplete de 'orejonas' sin tregua. De los cinco fichajes -Eden Hazard, Luka Jovic, Ferland Mendy, Éder Militao y Rodrygo Goes-, sólo el belga tiene el cartel de indiscutido titular, al que agrega la etiqueta de buque insignia de un proyecto que, de no mediar más refuerzos antes del cierre del mercado, con el nombre de Neymar sobrevolando el Bernabéu, pivotará en gran medida sobre su desbordante talento.

Cumplió Zidane con el reclutamiento del ex del Chelsea un viejo anhelo. Alertó de su condición de astro en ciernes cuando despuntaba en el Lille. Ha tenido que aguardar nueve años para tenerlo a sus órdenes y se apresta a convertirlo en el dinamizador de un ataque que registró el pasado curso los peores datos ligueros del siglo XXI. Sólo un milagro consumaría su otra gran demanda, un Paul Pogba al que pretendía erigir en piedra angular de un centro del campo envejecido y falto de músculo que ha perdido recambios de solvencia con las salidas de Marcos Llorente y Dani Ceballos, denostados por un preparador que condenó también a Gareth Bale y James Rodríguez, depreciados y con un horizonte profesional incierto.

No ha fluido el capítulo de altas y bajas como ambicionaba Zizou, que expone el crédito amasado a golpe de Champions en una campaña que determinará si acertó o erró con su vuelta el pasado mes de marzo asumiendo once jornadas de trámite devenidas en casting más mediático que otra cosa toda vez que el galo tenía ya perfilada su hoja de ruta, con apuestas que contravenían los deseos de la directiva y una preferencia por los veteranos que casa mal con el deseo presidencial de rejuvenecer el bloque para esquivar inversiones astronómicas.

Dudas

La borrascosa pretemporada, que tuvo como epicentro una histórica humillación a manos del Atlético, ha agudizado las dudas en torno a un rearme cargado de urgencias. El infortunio se cebó en forma de lesiones, con Marco Asensio como principal damnificado tras su prematuro adiós a la temporada a causa de una rotura del ligamento cruzado anterior y el menisco externo de su pierna izquierda. La baja del balear priva a Zidane de una pieza básica en su esquema ya que estaba llamado a ocupar el costado derecho del ataque, con Hazard en el izquierdo y Benzema como ariete. Su ausencia reduce el margen de maniobra, toda vez que el galo recela del punto de cocción de Vinicius.

A ello se agrega el más que posible cambio de esquema. Acuciado por la debilidad defensiva mostrada este verano y la necesidad de buscar el encaje ideal de Hazard, el técnico calibra las virtudes de 4-4-2 y del 3-5-2. Ambiciona un Madrid más vertical, aleccionado por la experiencia de que pocos equipos salen mejor parados del intercambio de golpes.