Málaga en Verano

Aquel verano de Victoria Abón: un viaje transformador

Victoria Abón sentía que era el momento de «salir de la zona de confort»./
Victoria Abón sentía que era el momento de «salir de la zona de confort».

La fotógrafa y primera mujer en presidir el Ateneo nos relata su viaje a Tanzania en 2002

MIGUEL ÁNGEL OESTEMÁLAGA

Profesora de Fotografía en la Escuela de Arte de San Telmo y primera mujer en presidir el Ateneo, Victoria Abón es una mujer expansiva, cercana, que habla con energía, seguridad y entusiasmo. Durante unos minutos hablamos de viajes, fotografía y de los cambios que hoy día mueven a la sociedad, hasta que empieza a relatarme el viaje a Tanzania que hizo en julio de 2002. Un viaje que comenzó a gestarse en primavera porque necesitaba un cambio. «Había cambiado parte de mi vida a nivel personal y sentía que era el momento de cumplir retos y salir de la zona de confort», cuenta esta viajera, animalista declarada, activista y socia de la ONG Survival, que lucha por los derechos humanos de los indígenas y la naturaleza.

«Encontré un viaje organizado por Andrés Magai -fotógrafo y aventurero- para fotógrafos profesionales y amateurs. El viaje me interesó porque iba a conocer a los bosquimanos», relata Abón, que también está muy interesada en la antropología. «Al viaje se apuntó mi amigo Eduardo Grund y entre ambos planeamos un proyecto que se convertiría en una exposición que inauguramos el 29 de octubre», comenta.

Además de su trabajo docente, en aquella época también trabajaba de fotoperiodista. A pesar de que Victoria Abón había viajado no lo había hecho con la libertad de aquel julio de 2002. Siempre que viajaba todo estaba organizado. En aquella ocasión solo eran nueve fotógrafos -cuatro mujeres y cinco hombres- con los que convivió intensamente quince días. «Hubo una verdadera confraternización y esa sensación de amistad auténtica que permanece, de hecho entre todos hemos mantenido el contacto», confiesa.

«Íbamos en un camión algo destartalado, sin ventanas, dormíamos en tiendas de campaña sin protección de ningún tipo. Así hicimos el recorrido por el norte de Tanzania y conocimos a los masai y a los bosquimanos, tribus con las que convivimos unos días», recuerda Abón sobre aquel viaje que se convirtió en exposición

Si su cuerpo le pedía otras cosas, en Tanzania lo encontró. «Ahora este tipo de viajes puede ser más habitual, pero en aquella época no era tan frecuente. Fue un viaje espectacular. Una experiencia que me transformó, pues allí sentí el respeto a otras formas de vida», dice, y matiza, «no se trataba de un viaje en el que todo estuviese controlado y protegido. No. Nosotros íbamos en un camión algo destartalado, sin ventanas, dormíamos en tiendas de campaña sin protección de ningún tipo. Así hicimos el recorrido por el norte de Tanzania: Arusha, Ngorongoro, Serengeti... y conocimos a los masai y a los bosquimanos, tribus con las que convivimos unos días».

Y, claro, no es lo mismo saberlo y que te lo cuenten que compartir vivencias con tribus legendarias como los bosquimanos, la más antigua del planeta. «Allí no hay hambruna. Viven dignamente en chozas y son felices con lo que tienen. Tuve la sensación de estar con mis ancestros», comenta. Si la sociedad occidental vive de espaldas a la naturaleza, los bosquimanos «no quieren la civilización», afirma Abón, que explica que esta tribu «son cazadores-recolectores y sienten un profundo respecto por la naturaleza. No cazan más de lo que necesitan».

De ahí que quienes le cambiaron su visión de la vida en cierto sentido fueron los bosquimanos por la filosofía de vida, «vivir de un modo más sencillo y respetando el planeta. Ellos piensan que nosotros somos crueles porque no respetamos ni la naturaleza ni a los animales, a los que consideran sus iguales».

Recuerda con afecto lo diferente que es aquello cuando uno está con ellos a como nos lo pintan en ocasiones. Para Victoria Abón los bosquimanos son tímidos pero personas entrañables, educadas, cariñosas. También recuerda una anécdota que la hace sonreír. Un día invitaron al grupo de fotógrafos a ir con ellos de caza y le sorprendió que ellos no hacían ruido, se movían en silencio, pero «nosotros les fastidiamos la caza porque fuimos incapaces de no hacer ruido». O también me dice que allí había que aprender a arreglarse con lo que había, sin ninguna comodidad, desde ducharse en una ducha de cañizos sin techos con los animales alrededor y para llenar el bidón había que bombear el agua con una bicicleta, hasta que iban en el camión y se encontraban un grupo de leones y debían detenerse indefinidamente. «Todo el viaje era un imprevisto», asevera.

Después de estar tantos días en la naturaleza de repente el regreso a la ciudad fue un choque brutal, porque «vienes abducido por una vivencia tan intensa». El regreso fue duro, pero como entre ella y Eduardo Grund tenían 12.000 fotos y fecha para una exposición la confrontación resultó menor. Además en septiembre comenzaba el curso. Tenían que revelar los carretes y hacer la selección. De hecho, Rafael Cortés cubrió la inauguración de la exposición que titularon 'Paraísos perdidos' para SUR el 31 de octubre de 2002. Una muestra que contaba cómo vivían estas tribus.

Victoria Abón no ha regresado a Tanzania pero no ha dejado de luchar y desarrollar acciones a favor de los pueblos indígenas. Sabe que tal vez es una lucha perdida, pero no inútil, porque como ella señala «por lo menos saben que alguien los escucha, pues cada vez hay más pueblos extinguidos y cada vez quedan menos bosquimanos. Mira yo soy animalista. Todos sabemos cómo se están extinguiendo las especies. Pero que se permita que se extingan razas humanas me parece una película de terror», confiesa. En el horizonte tiene un sueño: recorrer buena parte de África: el Gongo, Namibia, Nigeria. «Hay mucho que conocer, pero sobretodo Botsuana y el desierto del Kalahari, donde viven los últimos bosquimanos».