Bop Pop: «Los mejores análisis vienen del humor»

Bop Pop, en Tres Cantos (Madrid), donde se graba 'Late motiv'./Alberto Ferreras
Bop Pop, en Tres Cantos (Madrid), donde se graba 'Late motiv'. / Alberto Ferreras

El cómico publica la segunda entrega de sus diarios. Vence los reparos y revela que padece esclerosis múltiple

ANTONIO PANIAGUA

En la vida de Roberto Enríquez, más conocido como Bop Pop, hay dos cosas irrenunciables: la literatura y el humor. Subdirector junto a Javier Durán de 'Late motiv', el programa que conduce en Movistar+ Andreu Buenafuente, acaba de entregar a la imprenta la segunda entrega de sus diarios, 'Días ajenos', publicada por Somos Libros. En sus páginas reproduce fragmentos de dietarios de grandes escritores y gentes de la cultura, desde Tolstói a Virginia Woolf, pasando por Kafka, Clarice Lispector, Pavese o Susan Sontag, cuyas palabras entrevera con reflexiones personales. Inquieto y polifacético, el escritor y cómico se expone sin miedo para hablar del amor, la amistad, la soledad y la enfermedad, entre otros asuntos. Más allá del personaje que se ha construido, nimbado por un aura de frivolidad, Bob Pop vence el pudor y confiesa sus miedos y sufrimientos, al tiempo que se revela como un hombre lúcido y culto.

¿Podría vivir sin la literatura?

– No, no podría vivir sin leer ni escribir. Muchas veces la realidad se soporta porque sabemos que en algún momento la vamos a poder contar. Si no, hay cosas que carecerían de sentido.

Cita a Miguel Torga, quien a veces se avergonzaba de sus compatriotas. ¿Le pasa a usted lo mismo?

– Muchas veces, sí. Pero también me enorgullezco, de modo que la cosa se equilibra. Como dicen en Colombia, el que reza y peca empata.

¿Qué le produce más bochorno de los españoles?

– La falta absoluta de compasión. La gente cree que siempre serán los otros los que van a migrar, convertirse en pobres o ingresar en la cárcel. Es como si estuviésemos inmunizados y fuéramos incapaces de ponernos en el lugar del otro. Nos culpamos de cosas en las que la responsabilidad es de todos.

¿Y qué le suscita orgullo?

– Lo moderna y abierta que es a veces España. Pese a que cada día se emplea menos, el humor nos sigue salvando. Ahora, los mejores análisis de la realidad vienen a través del humor.

Pero la gente se ofende y no deja pasar ni una.

– Lo que pasa es que no escuchamos las carcajadas de la gente que se ríe; parece que solo atendemos las quejas y protestas de la gente a la que todo le parece mal. Pero somos muchos más los que reímos.

Vive a caballo entre Madrid y Barcelona. Me da la sensación de que no le gustan las banderas.

– Ninguna bandera me representa. No entiendo su utilidad, salvo para tapar ciertas vergüenzas.

Se declara miedoso, inseguro, débil, inestable, gordito y miope. Dígame, al menos, una virtud suya.

– Cualquiera de esas. Soy egoísta, pero también generoso y amable por puro egoísmo. Hay una cosa buena del egoísmo, y es que acabas haciendo cosas por los demás para que no te perjudiquen el sueño, y lo que más me importa en la vida es dormir bien por las noches.

¿Qué le ha movido a revelar que padece esclerosis múltiple?

– Cuando me puse a escribir esta segunda parte de mis diarios era algo que estaba muy presente en mi día a día, no podía obviarlo. Tengo problemas motrices tanto en la pierna como en el brazo derechos. Como siempre escribo a mano, al actualizar las entradas me di cuenta de que la escritura es algo físico. Y llegó un momento en que apenas podía escribir a mano. Como estaba tan presente en mi vida, creí que era necesario contarlo.

En la presentación del libro usó la metáfora del cerdo vietnamita.

– Estoy diagnosticado de esclerosis desde hace más de veinte años. He pasado mucho tiempo con la enfermedad latente, sin tratamiento ni síntomas. Cuando pasa de ser crónica a degenerativa, que es el momento que estoy viviendo ahora, tienes la sensación de que te han engañado: el cerdo no era vietnamita, simplemente era pequeño y se ha puesto a comer como el de la hija de la duquesa de Alba. El animal no te cabe en casa y te está destrozando la vida.

¿Qué tipo de esclerosis es?

– Recidiva recurrente. Ahora estoy consultando opiniones de médicos diferentes. Unos asumen que está en proceso degenerativo y otros que estoy viviendo las secuelas de algún brote fuerte, y que probablemente pueda recuperar capacidades con terapia y la medicación adecuada. Estoy en sus manos.

Ni Terelu ni Obregón

¿Le repele el pensamiento positivo, ese que induce a creer que el optimismo cura?

– Me repugna ese y otros discursos. Por ejemplo, el tópico de luchar contra la enfermedad. Yo no lucho, son los médicos, los investigadores, fisioterapeutas y enfermeros los que lo hacen. También me repugna el uso mediático de la enfermedad. Por eso tengo cierto pudor a la hora de hablar de esto. Me parece muy peligroso convertirse en un símbolo o referente. Cada enfermo es distinto y nadie puede erigirse en una Ana Obregón en la portada del '¡Hola!' o una Terelu en 'Sálvame'. Por lo demás, creo en la medicina convencional y la farmacopea.

¿Por qué confesó en la tele que había sido violado?

– Porque no soportaba toda la corriente mediática de culpabilizar a la víctima de 'La Manada' sin entender nada de lo que le estaba pasando. La mayoría de la gente que hablaba del caso se sentía mucho más cerca de los violadores que de la víctima. Como no aguantaba más toda esa impudicia, pensé: tengo el privilegio de tener un altavoz para explicar cómo me sentí yo, que había vivido lo mismo. Y lo conté de la manera más ligera y contundente posible, para que muchos se dieran cuenta de que a lo mejor a la chica no le apetecía hablar porque todo estaba muy reciente y era muy duro. Cuando me pasó a mí, yo necesitaba divertirme, porque lo alucinante era que no me hubieran matado.

¿Cómo empezó a trabajar con Andreu Buenafuente?

– Andreu necesitaba un colaborador cuando hacía para La Sexta 'En el aire'. Me llamaron para una prueba y fui al plató. Estaban Buenafuente y Berto Romero, así que me senté a hablar con ellos. Y en un momento de la conversación les dije que yo pensaba que la Transición en España había acabado el día en que Bárbara Rey confesó en 'Sálvame Deluxe' que había tenido sexo con Chelo García Cortés. Los dos se quedaron con los ojos muy abiertos. Tiempo después, Andreu me dijo que me quería cerca de él, aunque no sabía muy bien para qué.

¿La prensa rosa cumple alguna función social?

– Adormecer al mundo. Cada vez me divierte menos. Creo que está legitimando cosas muy terribles y está perdiendo lo más interesante, pues está pasando de la crónica a la crítica social. La prensa rosa sigue trabajando con valores del siglo XIX.

¿Qué se debe hacer con Kevin Spacey?

– No tengo ni idea. Su reconocimiento de culpa se produjo de una forma muy fea. Vino a decir: 'voy a contar dos cosas, una buena y otra mala. La buena es que soy gay y la mala, que he abusado de menores valiéndome de mi poder'. Netflix usó a Kevin Spacey en su momento como símbolo contra Donald Trump y mezcló la persona con el personaje. Si admites jugar a eso, las cosas se te pueden volver en contra.

Cómicos que usted respeta, como David Broncano, Quequé o Juan Carlos Ortega, parecen reivindicar a Arévalo.

– Arévalo no me hace ninguna gracia, sí me hace reír la reivindicación irónica de su figura. Probablemente sea un señor muy entrañable, pero su humor me parece muy casposo y me ofende. Se ha convertido en una reliquia.

Polifacético

Bob Pop aún no ha identificado el signo zodiacal de su otro yo. Aunque, a juzgar por sus inquietudes, son muchas sus personalidades. Escritor, bloguero, crítico de televisión y guionista, el subdirector de 'Late motiv' aprovechó la burbuja de las puntocom para vender su 'startup' a una multinacional. Fue además uno de los pioneros en abrir una 'escape room'. Trabajó en el diario 'Público' y ahora escribe para 'La Marea' y 'Mongolia'. Activista gay, publicó su primera novela, 'Mansos' (Caballo de Troya), en 2010. Es autor del ensayo 'Cuando haces Bob ya no hay stop: Los grandes enfados que han cambiado el mundo y las enseñanzas que podemos obtener', en el que glosa los cabreos monumentales en la historia de la Humanidad, desde la cólera divina contra Adán y Eva hasta la indignación que sublevó a Chabeli en el programa 'Tómbola'.

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