¿Qué fue de Jorge Sanz?

Jorge Sanz y David Trueba, en una escena de la miniserie./
Jorge Sanz y David Trueba, en una escena de la miniserie.

Movistar Plus estrena un nuevo especial de esta bofetada a la realidad que representa la serie creada por David Trueba y el actor madrileño

MIGUEL ÁNGEL OESTEMÁLAGA

Quien haya seguido los siete capítulos anteriores de ¿Qué fue de Jorge Sanz?, estimulante sátira creada por David Trueba y Jorge Sanz, conocerá el agudo juego entre ficción y realidad que componen el director y el actor para construir un retrato de las miserias de un perdedor español, encarnado por el propio Jorge Sanz, que hace de sí mismo.

Un retrato que supone una radiografía de las flaquezas y contradicciones de nuestra sociedad actual, escrita con perspicacia e ingenio. Frente a la marea de comedias convencionales y blancas que suelen producirse cada año, tanto en el cine como en la televisión, ¿Qué fue de Jorge Sanz? aflora como un producto atípico (y menos mal). Una comedia políticamente incorrecta, con elementos reales amparados en la invención. Una comedia ácida, comprometida, que lanza diatribas pero tiene el corazón tierno y un poso melancólico, que no esconde una evidente crítica social y política a través de un humor penetrante, diálogos inspirados y situaciones reconocibles, porque lo de menos es la puesta en escena, meramente funcional.

Buena racha

Si en la primera temporada de seis capítulos y en el posterior especial veíamos a Jorge Sanz pasándolo mal, con sus adicciones a las drogas, el alcohol y una vida sentimental espantosa, en este octavo capítulo o nuevo especial, lo encontramos remontando. Ha dejado de beber, también ha dejado la coca, va a terapia, rueda un anuncio de café y la continuación de La niña de tus ojos, La reina de España. Parece que todo le va bien. Pero en realidad Jorge Sanz sigue tan perdido como siempre; representa un sentimiento español más hondo de lo que se pueda asimilar en un primer momento. ¿Qué fue de Jorge Sanz? entronca históricamente con una manera de ser español, que se rastrea en nuestra literatura y en nuestro cine y, por supuesto, en las novelas y películas de David Trueba. A la vez retuerce un buen número de lugares comunes y de constantes aprendidas sobre el cine, los actores, los creadores en un amplio espectro, y, sobre la moral, la solidaridad, la corrupción y otros temas muy a la orden del día.

Bofetada real

Este episodio es una bofetada en toda regla a esta realidad que se lo traga todo. Trueba y Sanz sacan punta a una desgracia de sentimientos e ideas aprendidas o adscritas al cine en primera instancia, pero también, y, por extensión, a otros oficios, como en el caso de Amadeo (Eduardo Antuña), el antiguo representante de Jorge Sanz, antiguo vendedor de quesos, tan perdido como el actor, que hace un agudísimo símil entre la vida de los interpretes y los quesos. Sentimientos e ideas como ese amigo del colegio que le suelta a Jorge Sanz «¿Sigues dedicado al cine o ya has sentado la cabeza?» Al mismo tiempo que no esconde ni deja de reírse de los egos de los actores, las falsas apariencias, la inestabilidad y provisionalidad de un mundo tan vulnerable como el de la creación.

Hay numerosos momentos impagables, como la secuencia de apertura en la que Aitana Sánchez Gijón se encuentra a Jorge Sanz en la terapia; la ironía del personaje que construye Úrsula Corberó, que cita a Tagore y Platón; las frecuentes líneas de diálogo de Jorge Sanz que se manejan con un doble sentido son aplicables a la España de hoy: «La única motivación que debe tener un actor es el tamaño de su cheque». «Hay que decir lo que decía Saza. Un actor no tiene ni religión, ni ideas políticas, ni principios, ni nada».

España parece haber olvidado la sátira. Una forma saludable de relacionarse con esta realidad adocenada en la que «No todo el mundo puede ser Bertín Osborne. Alguien tiene que decir las cosas incómodas», como suelta Javier Cámara. Y si se hace con ingenio y humor, de una forma personalísima y con estilo como hace David Trueba, es para aplaudirlo. Porque las sonrisas y las risas son el mejor bálsamo para esta realidad triste, gris, mezquina. Y eso tan difícil de conseguir es lo que provoca este estimulante ¿Qué fue de Jorge Sanz?, que se ríe de sí mismo y nos hace reír a los demás.