El Thyssen de Málaga sueña despierto con Max Ernst

Los ojos protagonizan uno de los conjuntos más destacados de la muestra. /Migue Fernández
Los ojos protagonizan uno de los conjuntos más destacados de la muestra. / Migue Fernández

La pinacoteca estrena una deliciosa exposición del indómito autor surrealista

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

La lluvia lo sorprendió en pleno verano. El frío se había colado aquella mañana en Nantes y él se dedicó a frotar una hoja de papel contra el suelo de madera mojada. Entonces apareció una imagen. Y prendió una chispa, una idea en su cabeza siempre a un paso del punto de ebullición. Un año antes, André Breton había publicado el primer manifiesto surrealista. El mismo Breton que hablaría de él tiempo después como «la mente más magníficamente atormentada que pueda existir». Y con ese tormento perenne, ese carácter indómito y libre, Max Ernst empezó a experimentar con los lápices, los papeles y las formas hasta cuajar el 'frottage' (frotado), una técnica de impresión entre el dibujo y el grabado que desplegaría en proyectos como la carpeta 'Historia natural' que ahora cuelga en las paredes de la recoleta Sala Noble del Museo Carmen Thyssen de Málaga.

De la mano de Ernst, la pinacoteca malagueña se deja llevar por el universo onírico y subyugante, enigmático y hermoso, de un autor volcado aquí en paisajes y escenas naturales salidas de su imaginación torrencial, aquí contenida desde el punto de vista formal. De este modo, 'Historia natural' brinda «paisajes a veces muy inquietantes que provocan la fascinación por lo desconocido», en palabras de la directora artística del Museo Carmen Thyssen Málaga, Lourdes Moreno, también comisaria de la muestra que podrá visitarse hasta el próximo 13 de octubre.

'Historia natural', publicada como carpeta en 1926, reúne un conjunto de 34 estampaciones a partir de dibujos de Ernst donde las escenas de tuétano surrealistas brindan sugerentes juegos de asociaciones con los títulos de las piezas, que casi nunca tienen, en apariencia, relación directa con la imagen que bautizan. Sucede de manera singular, por ejemplo, con 'Los rayos adolescentes' y ese paisaje desértico coronado por una figura que bien podría ser una libélula cuyas alas parecen hojas vegetales, con una pequeña constelación en el cielo y un suelo árido y geométrico al mismo tiempo. O 'El chal de las flores' y si juego de volúmenes y trazos entre el cielo estrellado y el suelo plano.

Moreno ha explicado este viernes que el Museo Carmen Thyssen ha optado por un montaje que agrupa las obras según sus aparentes afinidades temáticas y el resultado hace la pinacoteca malagueña ganadora de esa apuesta. Ofrece así la nueva exposición del Thyssen de Málaga un recorrido atractivo y al mismo tiempo manejable, reconocible y sorprendente al mismo tiempo. Las series vegetales protagonizadas por las maderas y las hojas dejan algunas de sus muestras más reseñables en piezas como 'Las costumbres de las hojas' y 'Afeitando las paredes'. Tras ellas, los «animales fantasmagóricos» de Ernst cobran vida en 'Los diamantes conyugales' y 'El origen del péndulo', cuyos pájaros, asumidos por el artista como una suerte de alter ego, sirven de puente estético con uno de los conjuntos más potentes sobre ojos y composiciones circulares. 'El evadido', una de las piezas más notables de la exposición', sirve de bisagra estética en ese tránsito que abre la puerta a el tramo final donde brilla 'Sistema de moneda solar'.

El envés de la misma hoja

Patrocinada por la Fundación Cajasol, la nueva exposición del Museo Carmen Thyssen surge del préstamo del coleccionista José María Jiménez-Alfaro y de la colaboración de la Fundación Juan March. Además, 'Historia natural' aparece también como una suerte de envés en la cara que ya mostró la obra de Max Ernst en Málaga hace ahora una década. Entonces, entre septiembre de 2008 y marzo de 2009, el Museo Picasso Málaga desplegó uno de sus proyectos más potentes con la exposición 'Más allá de la pintura. Max Ernst en la Colección Würth'. Aquella muestra ofrecía a un autor pletórico y oscuro en su rabioso cromatismo, inquietante y torrencial en la creación de imágenes hipnóticas. Porque si el Museo Picasso mostró el estallido creativo de Ernst a través de piezas a menudo de gran formato, aquí el Museo Carmen Thyssen se decanta por una propuesta más delicada y sutil, pero con idéntica carga de profundidad estética.

Los trucos del «mago del delirio apenas perceptible», como lo definió el escritor surrealista René Crevel. Aunque quizá nadie como el propio Ernst para tomarle el pulso su trabajo, más cercano a los sueños que a eso que llamamos realidad: «Mis vagabundeos, mis desasosiegos, mi impaciencia, mis dudas, mis creencias, mis alucinaciones, mis accesos de cólera, mis rebeldías, mi negativa a someterme a cualquier disciplina, aunque fuera la ideada por mí mismo… No han creado un clima propicio a una obra sosegada y serena».

Lo más parecido a esa serenidad, espera en el Museo Carmen Thyssen.