La guerra de Hollywood contra Trump

Donald y Melania Trump, en la 83 edición de los Oscar. /
Donald y Melania Trump, en la 83 edición de los Oscar.

El Dolby Theatre de Los Ángeles se apresta a vivir una de las ceremonias de los Oscar más politizadas de la historia

ÓSCAR BELLOTMadrid

Hollywood está en pie de guerra. Un año después de que arreciase la polémica por la escasa diversidad racial de los nominados, el Dolby Theatre de Los Ángeles se apresta a vivir la que se perfila como una de las galas más politizadas en la historia de los Oscar. La elección de Donald Trump como 45º presidente de Estados Unidos ha soliviantado a la industria. Cunde el temor de que su llegada a la Casa Blanca desemboque en un declive de la influencia cultural del país. No queda ni rastro de la complicidad existente en tiempos de la Administración Obama, ejemplificada sin ir más lejos en la aparición de Michelle Obama desde la residencia presidencial para anunciar el nombre de 'Argo' como receptora de la estatuilla a la mejor película en la ceremonia de 2013. Donde antes reinaba la hermandad ahora resuenan los tambores que llaman al combate.

Desde que el republicano obtuviese la victoria en las elecciones del pasado 8 de noviembre, actores, directores y productores se han manifestado contra la visión del magnate de lo que es y debe ser el país de las barras y las estrellas. Fueron numerosas las figuras del entretenimiento que se volcaron con la campaña de Hillary Clinton, desde las cantantes Katy Perry o Madonna a las actrices Eva Longoria o Scarlett Johansson, pasando por realizadores como Steven Spielberg o J.J. Abrams y ejecutivos como Jeffrey Katzenberg. El multimillonario, por el contrario, apenas recabó unos cuantos respaldos, entre ellos los de Clint Eastwood o Jon Voight. Ni siquiera un intérprete reconvertido en gobernador republicano de California como Arnold Schwarzenegger le dio su beneplácito.

Mientras la demócrata amasaba millones de dólares en recaudaciones procedentes de Hollywood, el empresario ninguneaba al séptimo arte. Hay quienes, como Cher, no tuvieron pelos en la lengua a la hora de manifestar la opinión que les merecía el showman. De "mentiroso consumado" y "demente" lo tachó la ganadora del Oscar a la mejor actriz por 'Hechizo de luna' (Norman Jewison, 1987), llegando a compararle con dictadores como Hitler o Stalin. La mexicana Salma Hayek le recomendó leer el libro 'Historia de EE UU para tontos'. Y Robert De Niro llegó a publicar un vídeo en el que calificaba al por entonces postulante a la máxima magistratura de la nación de "estúpido", "gamberro", "cerdo" y "perro", entre otras lindezas. En resumidas cuentas se trataba, proseguía el protagonista de 'Uno de los nuestros' (Martin Scorsese, 1990), de "un idiota que no sabe de lo que está hablando ni le importa". Y concluía su exposición quien diese vida al boxeador Jake La Motta en 'Toro salvaje' (Martin Scorsese, 1980): "Me gustaría pegarle un puñetazo en la cara".

Altavoces de los humillados y ofendidos

Lejos de atenuarse, las críticas de Hollywood hacia el hoy presidente de Estados Unidos han ido 'in crescendo' tras su triunfo electoral. La introducción en su gabinete de figuras tan controvertidas como el consejero especial Steve Bannon, el supremacista fundador de la web de extrema derecha Breitbart, y la puesta en marcha de medidas como el veto a los inmigrantes procedentes de siete países han convertido en realidad muchos de los temores que anidaban en la meca del cine. La palabra clave allí es "resistencia". Conscientes de que su exposición mediática les otorga una situación privilegiada, las estrellas se han arrogado la condición de altavoces de aquellos a quienes se pretende silenciar. Y no hay mejor tribuna que los Oscar.

Un adelanto de lo que puede ocurrir el 26 de febrero en el Dolby Theatre se vivió en la última edición de los Globos de Oro. Allí Meryl Streep, que recogía un premio honorífico por el conjunto de su carrera, se hizo acreedora de un torrente de aplausos con un discurso en el que arremetió contra Trump sin necesidad de citarlo. "La falta de respeto incita a más faltas de respeto. La violencia, a más violencia. Cuando los poderosos usan su posición para abusar de otros, todos perdemos", manifestó en alusión a las burlas de que hizo objeto el magnate a un periodista discapacitado. Ensalzó la variedad de procedencias de los nominados -"¿Dónde están su actas de nacimiento?", proclamó en referencia a la campaña de Trump para que Obama enseñase la suya cuando se cuestionaba si el 44º presidente había nacido o no en territorio estadounidense- y demandó el apoyo de los actores hacia la prensa para salvaguardar la verdad. Trump respondió como suele hacerlo, por Twitter y descalificando a diestro y siniestro.

Marcada por la ascensión de Donald Trump se vio también la ceremonia de los Premios Grammy, en la que los raperos A Tribe Called Quest incitaron a la resistencia contra el que el artista Busta Rhymes bautizó como "presidente Agente Naranja", en alusión a la sustancia química empleada por EE UU durante la guerra de Vietnam. "Quiero agradecer al presidente Agente Naranja por perpetuar todo el mal que has estado haciendo a lo largo de Estados Unidos", espetó Rhymes. "Quiero agradecer al presidente Agente Naranja por tu fallido intento en el bloqueo musulmán. Pero ahora nos juntamos, nosotros la gente", agregó. El grupo finalizó su actuación al grito de "¡resiste, resiste!".

Ese espíritu de resistencia es el mismo que anima al iraní Asghar Farhadi, nominado en el apartado de mejor película extranjera de habla no inglesa por 'El viajante' pero que anunció que no acudiría a la gala de los Oscar en señal de protesta por el veto impuesto por Trump, aunque suspendido por la justicia, a los inmigrantes procedentes de siete países, entre ellos el suyo. "La Academia celebra los logros en el arte del cine, lo cual busca trascender barreras y dirigirse a públicos de todo el mundo, sin importar la nacionalidad, etnia o diferencias religiosas. Como defensores de los cineastas (y los derechos humanos de todos) alrededor del planeta, hallamos extremadamente alarmante que Asghar Farhadi, director de la película iraní ganadora del Oscar 'Nader y Simin, una separación', junto con el reparto y el equipo de la nominada al Oscar este año 'El viajante', se le pueda negar la entrada al país por su religión o su país de origen", apuntó entonces la institución que dirige Cheryl Boone Isaacs.

Palabras que vienen a constatar que Hollywood vive hoy el periodo más turbulento de su relación con Washington desde los tiempos del 'macarthismo'. La 'caza de brujas' desatada por el senador Joseph McCarthy en los años cuarenta y cincuenta puso contra las cuerdas a figuras como Charles Chaplin, Frank Capra, Edward Dmytryk o Dalton Trumbo, pero también espoleó la creatividad como forma de reacción a las embestidas del político de Wisconsin. Por aquel entonces se creó un comité consagrado a combatir los ataques a la industria del que formaron parte Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Judy Garland o Katharine Hepburn, entre otros. Episodio destacado de su actividad fue la marcha sobre Washington organizada en 1947 en respuesta a los juicios que se estaban llevando a cabo. Ahora, como entonces, se avecina el conflicto. Todo apunta a que la gala del 26 de febrero será testigo de nuevas escaramuzas.

 

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