Jorge Drexler: «El silencio es un bien escaso»

Jorge Drexler actúa en Málaga el 26 de septiembre./SUR
Jorge Drexler actúa en Málaga el 26 de septiembre. / SUR

El uruguayo hace una oda a lo efímero en su disco 'Salvavidas de hielo', que presenta en el Cervantes el 26 de septiembre

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«Levantemos una copa y brindemos por esto que nos pasa hoy porque no estará siempre», asegura. Positivo, agradecido y pragmático. Jorge Drexler hace una oda a lo efímero en su último disco, 'Salvavidas de hielo', y también en su vida. Por eso prefiere aprovechar el tiempo, «hacer cosas o dejar de hacerlas», antes que caer en la queja de lo difícil que está la música. «De todas las actitudes que puedo tener, esa es la que menos me interesa», garantiza. El uruguayo se reencuentra con su público malagueño el 26 de septiembre en el Cervantes, dentro del festival Terral, después de que tuviera que suspender el concierto previsto el 28 de junio por la pérdida de su madre.

Titula su último disco con un juego de palabras, 'Salvavidas de hielo'. Refleja una realidad: hoy nada perdura.

–Hoy y siempre, las cosas son efímeras por definición. No tengo claro que haya nada realmente eterno y, además, hay cosas efímeras muy valiosas como la vida humana. Me lleva a pensar que las cosas obtienen su verdadero valor cuando nos volvemos conscientes de que no son eternas. 'Salvavidas de hielo' es un juego de palabras, una paradoja, pero también es un homenaje a lo efímero. Estas canciones no son más, pero tampoco menos, que salvavidas de hielo. Son canciones diseñadas, sobre todo, para mantenerme a mí a flote. Te separan de la realidad durante un rato. Pero tampoco las canciones tienen un efecto eterno, y eso no las hace menos valiosas. El disco es una oda a lo efímero. A decir, levantemos una copa y brindemos por esto que nos pasa hoy porque no estará siempre.

Muchos artistas aspiran a ser eternos a través de sus obras. ¿No sueña con la eternidad?

–Mi obra no va a ser eterna, nada lo va a ser. Como le dijeron a Borges en su momento: «Usted es inmortal». Yél le contestó: «Tampoco es para ponerse pesimista». La vida es valiosa porque tiene un límite y la obra de uno a veces es más extensa que la vida biológica. Sinceramente, eso me gusta, pero tampoco dura eternamente. Unos cientos de años, con suerte. Y hoy en día hay tanta, tanta, tanta información de todo que es como si no hubiera nada.

En detalle

El concierto.
Presentación del disco 'Salvavidas de hielo'. Jorge Drexler (voz y guitarras) estará acompañado por Martin Leiton (leona, guitarrón, bajo eléctrico y coros), Javi Calequi (guitarras y coros), Borja Barrueta (batería, percusión y coros), Carlos 'Campi' Campón (programaciones, guitarras, percusión y coros).
Fecha.
Miércoles, 26 de septiembre, 20.30 horas
Lugar.
Teatro Cervantes.
Entradas.
Entre 12 y 36 euros. Las entradas ya adquiridas para el concierto previsto para el 28 de junio –que tuvo que ser cancelado– servirán para la nueva fecha.

Hay mucho ruido. Por eso reivindica el 'Silencio' en una de sus canciones. A veces lo mejor es detener la mente y callar.

–El silencio es un bien escaso, una especie en extinción. No solo el silencio sonoro. Estamos en la época del 'todo ahora', ni un espacio desaprovechado, ni un espacio de reflexión, ni un espacio sin tener exactamente lo que queremos en este momento ya. Por eso es que para mí fue tan importante en una época poner un límite en el disco y hacerlo con un solo instrumento, poner una limitación. Es bueno porque le obliga a uno a esforzarse, a comerse la cabeza.

«No entiendo la queja, me aburre. No me gusta sentir que el mundo me debe algo que yo merezco»

«No soy ni escritor ni músico, soy un cancionista»

«Mi obra no va a ser eterna, nada lo es. La vida es valiosa porque tiene un límite»

Hoy se busca el consumo rápido también en la música: una canción pegadiza de usar y tirar, que dure un verano. ¿Cómo se ha mantenido al margen de eso 26 años?

–No sé qué decirte, la verdad. He aprendido una cosa en estos años. Pocas, pero una la aprendí: si yo escribo algo que me ayuda a mí de alguna manera, existe una gran posibilidad de que ayude a otra persona. Es un ejercicio de empatía con la audiencia, de no tratarla como si fuera un cliente, un acólito o un súbdito. Como, 'tengo un mensaje para daros', 'lo voy a encriptar dentro de una canción y sin darse cuenta van a consumir un mensaje'. No me gusta la idea de los mensajes en las canciones, sino la idea de hacer canciones que a mí me hagan feliz.

Pero en 'Movimiento' habla de que somos «padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes». «Yo no soy de aquí pero tú tampoco». Ahí hay un mensaje.

–Ahí hay un contenido, evidentemente, pero no una moraleja. Mis canciones cuentan situaciones de mi vida. Eso no es un mensaje, es una exposición de algo. La palabra mensaje me tiene un poco cansado porque se usa como si la canción fuera un excipiente y el compuesto activo fuera un mensaje. No escribo canciones para llevar un mensaje, esas son las que tienen una finalidad religiosa, de conversión, las arengas bélicas o los himnos. Yo lo que ves es lo que hay, escribo sobre lo que siento y sobre las cosas que me emocionan, confiando en que si me emocionan a mí emocionen a otros. Trato al público sin paternalismo, sin prepotencia y sin intentar venderles las cosas por el acto de vendérselas nada más. Es decir, yo cobro por mis conciertos, por mis canciones ya es más difícil;pero a cambio de eso entrego todo lo que puedo. Intento que sea una experiencia que amortice la difícil inversión de comprar una entrada.

En cualquier caso, esta letra con lo que está ocurriendo en Europa con el drama de la inmigración, parece una canción muy oportuna.

–Yo creo que es oportuna. Es también otra manera de sobrevivir, estar atento a lo que pasa en el mundo y ver cuáles son los temas que se pueden tratar en una canción. Estoy orgulloso de esa canción, que sí que invita a una reflexión.

Teresa Salgueiro, Salvador Sobral, ALA.NI... Muchos de los artistas que han pasado por el festival Terral se quejan de la falta de espacio que hay para otro tipo de música.

–Amí no me vas a ver quejarme, no me gusta. De todas las actitudes que puedo tener, es la que menos me interesa. No entiendo la queja, me aburre, prefiero hacer cosas, dejar de hacerlas o hacer otro tipo de música. No me gusta sentir que el mundo me debe algo que yo merezco y que no me está dando. Tengo mucho más espacio del que creí merecer jamás, no me puedo quejar en absoluto. Yo estudié Medicina y hasta los 30 años vivía de eso. Me vine a España dejando una carrera muy solvente, dejando la clínica familiar de mis padres, y estuve 10 años hasta que me empezaron a ir bien las cosas, a los 40 años. Y estaba feliz igual, porque tenía un público chiquito que me iba a ver a Libertad 8, a Galileo... Además, quejarse del éxito del reguetón, por ejemplo, me da mucha pena porque hay cosas que me gustan mucho. Para empezar el maravilloso patrón rítmico que tiene de base, que es ancestral, recorre todo el norte de África y siempre ha ido asociado con una fuerza física muy fuerte, con un gran poder de atracción. Si el reguetón está mal, es culpa de los compositores.

Quizás, tocar el éxito a los 40 le hace tener las cosas más claras y ver su profesión desde otra perspectiva.

–Soy un privilegiado. Vivo de lo que me gusta y hago exclusivamente lo que me gusta hacer. No tengo más que dar las gracias, a mí por habérmelo currado mucho y al mundo por haberme devuelto más de lo que me esperaba jamás. No seamos desagradecidos. El hecho de tocar en el Teatro Cervantes es un regalo. Tenemos que ser consciente de la belleza de lo efímero, eso no va a estar siempre, no nos van a llamar todo el tiempo para tocar en el Cervantes.

–¿Las letras siempre están por delante de la música o le da el mismo valor?

–Le doy el mismo valor, hasta el punto de que me cuesta mucho pensar en el proceso de composición de este disco en concreto como elementos separados. He tenido ocasiones en las que he empezado por la música y otras veces por la letra, pero después de 26 años de escribir canciones te digo con sinceridad que no me considero un músico ni un literato ni un escritor. Tengo amigos escritores de literatura y tengo amigos músicos, que se dedican exclusivamente a ello, que dirigen orquestas, que saben improvisar... Lo mío es la interfaz entre la palabra y la música, yo soy un cancionista. Entonces no hay una de las dos partes que importe más que otra.

 

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