Jorge Drexler paga sus deudas

Jorge Drexler paga sus deudas

El músico uruguayo compensa la cancelación de junio con un concierto 'delicatessen'

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Jorge Drexler es un hombre de palabra. Nunca suspende un concierto, pero hace tres meses lo hizo en Málaga por uno de esos golpes que da la vida. «Se me fue mi mamá», explicó. Anunció que volvería y anoche llegó el momento de saldar su deuda con el Cervantes. El cantante uruguayo, el «cancionista» como le gusta llamarse, compensó con creces su ausencia en junio con un concierto 'delicatessen', un recital de dos horas y media plagado de momentos especiales e inusuales. Como la décima espinela que recitó a Málaga tras haberla escrito en el AVE, como la versión a capela (esta vez voluntaria) de 'Al otro lado del río' o la original interpretación de los temas de su último disco, 'Salvavidas de hielo', un álbum por el que aspira a cinco Grammy Latinos.

Le dedica una décima espinela a Málaga, improvisa a capela 'Al otro lado del río' y canta (y cuenta) sus canciones con gracia y cercanía

«Málaga de nombre abierto, / esdrújulo y perfumado / lamento haber postergado / cuatro meses el concierto! / Hoy por fin vuelve a tu puerto / mi barco, y arriando velas / te dedico esta espinela / –la estrofa más malagueña– / con la que América sueña, / bate sus alas y vuela». Otra cuenta pendiente que anoche pagó Drexler, reivindicar en su tierra el legado del rondeño Vicente Espinel, creador de un tipo de verso que «sigue muy vivo»en Latinoamérica. Para él entonó 'Milonga del moro judío', su primera canción compuesta con esa métrica por recomendación de JoaquínSabina. De bien nacido es ser agradecido y, minutos después, brindó al del bombín 'Pongamos que hablo de Martínez'. Un «regalo» por otro.

Concierto número 95

El de anoche era su concierto número 95 de una gira de once meses que le ha llevado por 16 países. Pero, por más que lo tenga todo sabido y repetido, Drexler se saltó el guión. No estaba previsto, pero el Cervantes «suena muy bonito» y quiso improvisar la canción que hace muchos años interpretó en una «versión involuntaria a capela» cuando recogió el Oscar al mejor tema original por 'Al otro lado del río'. No le dejaron cantarla durante la gala, no era lo suficientemente conocido para la Academia de Hollywood y fue su «amigo» Antonio Banderas quien le puso voz. Pero ayer, solo con su guitarra, se tomó la revancha y las mil personas que llenaban el teatro le hicieron el mejor acompañamiento que podía esperar.

Bromista y cercano con el público, a cada canción le precedían sus palabras. Porque cada una tiene dos historias:la que cuenta y la que dio pie a contarla. Y en esta segunda parte, la que no siempre trasciende, se detuvo. Así nos enteramos de que '12 segundos de oscuridad' hace referencia al intervalo entre un fogonazo y otro del faro de Cabo Polonio donde pasa las navidades (y con 12 segundos exactos de diferencia giraba el haz de luz de uno de los focos del teatro);que 'Despedir a los glaciares' es una oda al último glaciar en pie que queda en los Andes venezolanos; que en 'Estalactitas' expone a su «adolescente interior».

En ese «péndulo anímico» en el que se movió todo el concierto –pasaba de la tristeza a la alegría sin transición en el repertorio–, Drexler no estuvo solo. Le acompañaban cuatro grandes músicos (Martin Leiton, Javi Calequi, Borja Barrueta y Carlos 'Campi' Campón), a los que saludó, agradeció y dio su parcela de protagonismo. Tocaban todos los instrumentos propios de una banda, pero era la noche de las guitarras. Desde una leona mexicana hasta la eléctrica, pasando por la acústica o la caja a modo de percusión. Casi todas las modalidades sonaron en esa «extraña ranchera metafísica»titulada 'Asilo'.

El resultado fue un concierto más roquero que latino, donde el público estaba esperando el momento de 'Bailar en la cueva' o donde fuera. Pero de pie. Y lo hicieron, con Drexler entre ellos. Como un 'Salvavidas de hielo', nada que merezca la pena es eterno y el uruguayo se marchó. Hasta la próxima décima.

 

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