Antonio Carmona, de Ketama: «Antes éramos muy salvajes, ahora las aguas están calmadas»

Antonio Carmona vuelve con Ketama tras su etapa en solitario./Alberto Bernárdez / TESA
Antonio Carmona vuelve con Ketama tras su etapa en solitario. / Alberto Bernárdez / TESA

Vuelven con muchas ganas y porque les «da la gana». Ketama regresa catorce años después con una gira que el 22 de marzo llega a Málaga

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

«¡Mi segunda tierra!», exclama Antonio Carmona cuando descubre que la llamada llega desde Málaga. Aquí se crió, entre las calles Eugenio Gross y Martínez de la Rosa, cuando Juan Habichuela, su padre, acompañaba a la guitarra a Fosforito por los festivales de Andalucía. Por eso, el concierto del 22 de marzo en el Palacio de Ferias y Congresos tiene algo de especial: vuelve a su casa y lo hace con el reencuentro de Ketama, su hogar musical. Hagan memoria: 'No estamos lokos', 'Se dejaba llevar por ti', 'Vente pa Madrid', 'Problema', 'Agustito'... «Va a ser muy mágico y se va a quedar para toda la vida». Antonio, Josemi y Juan regresan a la carretera catorce años después de poner punto y final a una banda clave del nuevo flamenco de los 90. Lo hacen «con ganas» y porque les «da la gana».

En detalle

El concierto
Antonio, Josemi y Juan José Carmona celebran la vuelta de Ketama 14 años después con 'No estamos locos tour 2019'
Fecha
Viernes, 22 de marzo, 21.00 horas
Lugar
Palacio de Ferias y Congresos de Málaga (Málaga Auditorium Club.MAC)
Entradas
Desde 35 euros. En www.showsondemand.es/artistas/ketama y en www.ketamaoficial.com

Vuelven con 'No estamos locos tour 2019'. ¿Es un acto de cordura?

–¡Ni de coña! Estamos más locos que nunca. Para dedicarse ahora mismo a la música hay que estar bastante loco. Para mí la música son altos y bajos, estar alegre a tope y luego irte al otro extremo... Es una locura, pero bendita locura que hace que salgan esos temas y podamos juntarnos otra vez Juan, Josemi y yo.

Esta vuelta, ¿se lo pedía la gente o se lo pedía el cuerpo?

–Las dos cosas. Las personas que nos escribían por las redes estaban con muchas ganas de que volviéramos. La gente está loca por ver esos acordes de Josemi, esa manera de tocar de mi hermano Juan, una guitarra magistral del flamenco, y esos temas desde 'Agustito' a 'No estamos lokos' con los que toda una generación se ha enamorado, ha tenido a sus hijos y alguno ya hasta tiene nietos.

«Borrón y cuenta nueva»

¿El aviso que le dio la salud fue determinante para este regreso? (Entró en coma inducido en octubre de 2017 tras sufrir una grave infección).

–Sí, totalmente. Cuando te pasa algo así, verdaderamente ves las cosas que quieres hacer de corazón. Quería hablar con la gente con la que había tenido diferencias por cualquier cosa y hacer borrón y cuenta nueva. Lo que hemos hecho Ketama es acercarnos en lo personal otra vez, porque estábamos cada uno haciendo nuestras vidas con nuestras familias. Este momento va a ser muy mágico y se va a quedar para toda la vida. Volvemos con muchas ganas y porque nos da la gana (risas).

«Rosalía es otra manera de enfocar la música, pero no me atrevería a decir si es flamenco»

Entonces, ha arreglado cuentas pendientes.

–Sí, yo creo que hay que perdonarse a uno y perdonar a la gente que en un momento dado haya hecho las cosas fuera de sitio. Te pones muy sensible y te das cuenta de que en cualquier momento te vas y hay que arreglar las cosas antes de partir a otro viaje.

Ahora remasterizan el disco 'De aki a Ketama', pero ¿habrá temas nuevos del grupo?

–Ahora de momento estamos con muchas cosas, cerrando la gira y con los ensayos. Somos casi once personas en el escenario, con lo delicado que es la música de Ketama, con acordes y matices muy especiales. Estamos centrados en eso, en un futuro no sé qué pasará.

Si Ketama funcionaba, ¿por qué decidieron tirar cada uno por su lado?

–Música e inquietudes musicales cada uno diferentes. Eso fue lo que pasó. Y date cuenta que estábamos desde los 13 años juntos, que teníamos ya un 'trimonio' impresionante. De toda la vida. Lo hemos hecho muy bien, ese respiro ha venido bien para volver ahora con más cariño, con más ímpetu y más devoción.

«En los primeros años, de Despeñaperros para abajo nos llamaban herejes»

Pero ahora son tres hombres totalmente diferentes. ¿No teme que salten chispas?

–Ahora estamos tranquilos, están las aguas calmadas. Antes éramos muy salvajes, no pensábamos lo que decíamos, el éxito es muy difícil asimilarlo. Pero ahora estamos en un momento de asentamiento, cualquier cosa que viene la disfrutamos muchísimo y el problema que viene lo compartimos, lo hablamos e intentamos solucionarlo. Estamos como una tribu unida.

Los egos

¿Les costó gestionar el éxito? Siempre se habla de los egos de las bandas.

–Eso por supuesto, te mentiría si dijera lo contrario. Si cualquier persona tiene su ego, imagínate quien se sube a un escenario. Pero hemos pasado página de eso.

¿Cómo surgió la colaboración con Pablo Alborán?

–El flamenco nos tira a los dos, él tiene mucho flamenco en su voz y lo ejecuta de una manera preciosa. Un tema malo, lo hace bueno Pablo. 'Problema' fue un número uno en su momento, teníamos que hacerlo con el número uno de la música española.

¿Rosalía es ahora el nuevo flamenco?

–Es otra manera de enfocar la música. No me atrevería a decir si es flamenco, pero el deje que tiene en la voz sí lo es. La música no lo sé. Me sorprende mucho que alguien así tenga tanto éxito en unos Premios MTV con un ritmo de soleá por bulerías. Eso me parece muy positivo.

Es una forma de llevar el flamenco a sitios donde no entraba.

–Nosotros sumamos también a mucha gente a través de nuestra música. A mí me alegra escuchar a El Niño de Elche o a Rosalía hablar de los Billie Holiday y Charlie Parker del flamenco, como La Niña de los Peines, Marchena, Chacón....

Pues algunas críticas son demoledoras contra ellos.

–Pues te tengo que pasar las mías al principio de Ketama para que veas lo que nos daban (risas). Nosotros no tocábamos de Despeñaperros para abajo. ¡Nos llamaban herejes! Los diarios andaluces nos ponían verdes.

Al final, que le hagan una mala crítica va a resultar bueno porque indica que está removiendo algo.

–Estás refrescando algo que les duele (risas). Pero es muy diferente lo que hicimos nosotros. Yo tengo 50 discos grabados como percusionista, con Camarón, Rafael Riqueni, Pata Negra..., tocando lo más añejo del flamenco. Yo sé hacer una soleá por bulerías, un martinete... igual que mi hermano Juan. Nosotros tuvimos la suerte de nacer en el clan de los Habichuela e hicimos una evolución dentro de algo muy asentado que conocíamos perfectamente.

El flamenco es una etiqueta que vende. ¿Se abusa de ella, se coloca con demasiada facilidad?

–El flamenco es un abanico. Me encanta que se mantenga el estado puro, como lo hace el hijo de José de la Tomasa, Miguel Poveda... que saben hacer los cantes bien como hay que hacerlos y no se andan con chiquitas. Pero cada vez hay más gente que mezcla el rap con el flamenco, gitanos y no gitanos... Poner etiquetas es muy retrógrado. Ahí tenemos el flamenco, disfrútalo. Haz la fusión que quieras hacer, pero entonces tienes que estar abierto a que te lluevan cosas negativas.

Ketama nació en unos años de vacas gordas en la industria en los que se podía vender un millón de discos. ¿Están preparados para estos nuevos tiempos?

–La venta de discos se la han cargado. A la música le han quitado mucho valor. Nosotros estamos viviendo lo mejor posible y lo que intentamos es que nuestra música se quede ahí para las nuevas generaciones. Si te digo lo que me llevo yo por un disco vendido, te hartas de reír. Y si te digo lo que me llevo de Spotify, ya te partes la caja. Pero mira, a mí no me quitan la ilusión ni mi música.