Seymour Hersh, el penúltimo mohicano

Seymour M. Hersh en una imagen reciente /Don J. Usner
Seymour M. Hersh en una imagen reciente / Don J. Usner

El legendario periodista que destapó la masacre de My Lai en Vietnam o las torturas de Abu Ghraib en Irak repasa su carrera

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La de Seymour M. Hersh (Chicago, 1937) es palabra de ley. El legendario periodista estadounidense ha firmado relevantes historia en las portadas de casi todos los grandes periódicos del mundo libre. Tan controvertido como reconocido, este premio Pulitzer que desveló la masacre de My Lai en Vietnam o las torturas de Abu Ghraib en Irak ha logrado mantener su independencia contra viento y marea. Con 82 años, Hersh repasa su trayectoria en 'Reportero' (Península), libro en el que da las claves de un oficio que ha engrandecido y que «no cambiaría por nada». Acaso el penúltimo mohicano del periodismo independiente también practica la autocrítica. Entona el 'mea culpa' por no haber informado del maltrato reiterado que Richard Nixon infligió a su esposa Pat, a pesar de haber tenido confirmación por distintas fuentes.

Superviviente de la «era dorada del periodismo», se arrepiente de no haber informado del maltrato de Nixon a su esposa

Azote de políticos y empresarios, Hersh ha sido durante décadas un sabueso implacable en su búsqueda de la verdad, el primer e irrenunciable objetivo del periodismo. «Mi trabajo es contar verdades importantes e incómodas», asegura. Su método ha sido y es desafiar una y mil veces el relato oficial. Ha sorteado intoxicaciones, montajes, engaños y dilemas éticos para averiguar qué se cuece en las ciénagas del poder político, económico o militar, o qué pasa las insondables fosas de la guerra y el espionaje.

Ofrece ahora nuevos y desconocidos detalles sobre su trabajo. Habla de las atrocidades del ejército estadounidense en My Lai, en Vietman; regresa al escándalo del Watergate que defenestró a Richar Nixon y que él investigó; analiza los errores de Estados Unidos en Chile, Cuba, Panamá y muchos otros lugares; muestra el envés de la dinastía Kennedy, de Henry Kissinger, de Dick Cheney o de Barack Obama, y da pistas del camino que le llevó descubrir el horror de las cárceles secretas de Abu Ghraib.

Portada del libro Editorial
Portada del libro Editorial / Península

Hersh deja claro qué líneas está dispuesto a cruzar. Aclara por qué recurrir a fuentes anónimas es «fundamental» para la libertad de prensa y por qué deben protegerse a toda costa. Para salvaguardarlas, no graba jamás sus entrevistas ni guarda datos de sus contactos en archivos digitales.

'Reportero' recorre toda su vida profesional, desde su juventud en el South Side de Chicago hasta lo que llama los «días de oro» del oficio. «Soy un superviviente de la era dorada del periodismo», escribe en un libro de más de 500 páginas en el que rememora los años en los que los 'plumillas' «no teníamos que competir con canales de noticias de 24 horas»; cuando «los periódicos nadaban en la abundancia» gracias a la publicidad y él gozaba «de libertad para viajar adonde y cuando quisiera».

Memorias accidentales

Son unas memorias «accidentales» que no pensaba escribir. Su propósito era concluir un libro sobre Dick Cheney, el halcón de la guerra y mano derecha de George W.Bush, pero la férrea vigilancia gubernamental sobre las filtraciones abortó el proyecto. Antes que devolver el adelanto a sus editores, prefirió repasar su vida profesional. Refiere episodios chocantes, como cuando Lyndon B. Johnson defecó bajo un árbol, ante un atónito Tom Wriker, periodista del 'Times', para mostrar de tan gráfica manera el desprecio que le merecía su «análisis periodístico». Habla también de la noticia que no escribió sobre el continuado maltrato del presidente Nixon a su esposa, algo de lo que se arrepiente.

No todo ha sido un camino de rosas, y los elogios se tornaron en distancia y desconfianza de los editores de los grandes diarios estadounidenses cuando en 2015 desmintió la versión oficial sobre la muerte de Bin Laden. Sostuvo que el líder de Al-Qaida estaba preso en Pakistán desde 2006, que Arabia Saudí pagaba su cautiverio cuando fue descubierto en Abbottabad y que Washington e Islamabad pactaron su ejecución. Ninguna de las cabeceras de referencia en Estados Unidos publicaron esta versión, muy cuestionada por el uso de fuentes anónimas e indirectas, y que sí apareció en London Review of Books.

«Permitiré con gusto que la historia sea la juez de mi obra reciente», escribe el legendario reportero, hijo de inmigrantes judíos, criado en un barrio popular de Chicago y padre de un reportero. Empezó Derecho, carrera que abandonó para trabajar en un gran cadena de farmacias, hasta llega al periodismo también por accidente. Tras perder hasta la camisa en un partida de póquer, respondió resacoso a una llamada que no era para él. El editor de la agencia City News buscaba aprendices de periodista por treinta dólares a la semana. Aceptó e inició la carrera que le llevaría al New York Times o al New Yorker y a ser considerado, junto a Bob Woodward, el gran periodista de investigación de su generación.