El grafiti redime Mundo Perdido

El artista José Luis BorgArt, en la plaza Doctor Vargas-Machuca que ha transformado con sus grafitis. /FÉLIX PALACIOS
El artista José Luis BorgArt, en la plaza Doctor Vargas-Machuca que ha transformado con sus grafitis. / FÉLIX PALACIOS

El artista urbano José Luis BorgArt le cambia la cara a la degradada plaza Doctor Vargas-Machuca del distrito Bailén

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

No pilla de paso. Está a la espalda del Mercado de Bailén y al dorso de casi todo lo que le circunda. Además hay que subir una buena rampa o bastantes escaleras para llegar. Por ello, no es extraño que a esta plaza la hayan bautizado en el barrio con el nombre de 'Mundo Perdido'. Desde luego, el nombre no es casual. Además del laberíntico acceso, la suciedad es parte del decorado y el vetusto parque infantil denota que hace años que no recibe la visita de un niño. Pasar por allí invita a apretar el paso salvo que uno se fije en sus paredes. Ni una blanca. Todas cubiertas por obra y espray de uno de los grafiteros más inquietos y populares de Málaga, José Luis BorgArt, alias 'Tenis'. Autor de algunos de los murales más representativos de Lagunillas, el autor ha trasladado esa misma filosofía del arte urbano como revulsivo de una zona degradada a este Mundo Perdido, cuyo nombre real es Plaza del Doctor Vargas-Machuca y que en un claro caso de (in)justicia poética no aparece ni en los mapas de Google. No obstante, la veintena de grafitis han conseguido poner esa pica en internet y en alguna conciencia.

«Ya vienen por aquí hasta guiris que han visto los grafitis en Instagram y se pasan a fotografiarlos», asegura BorgArt que ha invertido tres años en completar este proyecto. Su objetivo no era poner solo su sello, sino implicar a otros creadores de toda España y Europa a encontrar el camino hasta esta plaza perdida. La brillantez de su empeño salta a la vista en las paredes con los rostros de la veintena de grafiteros participantes que han sido retratados por el propio artista malagueño, junto a cada una de las creaciones de los diferentes autores. De hecho, el conjunto se antoja como una singular orla homenaje al propio grafiti y a sus artistas, entre los que no faltan los alemanes Crow y Juicy, el británico Sope, el brasileño Bruto, el suizo Sid, el canario Ione, el zaragozano Barok, los granadinos Diako y Seya, el gaditano Décima, el cordobés Guapo y los malagueños Omze, Chapi Ñañe, Crias, Lalone, Alfil, Higs y Afler.

Una veintena de artistas españoles y europeos, como Crow, Sope, Juicy, Omze, Lalone, Barok, Diako, Seya, Crias y Sid, participan en el proyecto del malagueño en esta perdida plaza

BorgArt cuenta que perseguía este proyecto de cambiarle la cara a este Mundo Perdido desde hace más de un lustro. Pero el Ayuntamiento organizó una jornada con jóvenes para pintar las paredes durante una jornada, por lo que el grafitero decidió dejar su idea en suspenso. Hasta que en una de sus visitas a la plaza comprobó que aquellos murales ya estaban tan manchados y desdibujados que decidió volver a poner en macha su proyecto. «Mi objetivo era darle algo de vida a esta plaza porque está muy abandonada», explica Tenis, que no tiene que añadir ni una palabra más ya que la mezcla de ausencia de civismo y falta de limpieza salta a la vista con un suelo minado de excrementos de perros. Incluido el propio parque infantil.

Llamar la atención

«Ya al menos tenemos papeleras», reconoce el artista que cree y practica el grafiti como una «expresión artística del momento actual», pero también como un arma de «concienciación y de llamar la atención». De hecho, José Luis BorgArt no puede evitar pensar en nuevas aplicaciones de esa capacidad de transformación urbana que tiene el grafiti. «Si yo fuera el Ayuntamiento pintaría todas esas columnas y registros verdes de electricidad que hay por la calle con flores para que la gente se sorprenda y tengan una sensación completamente diferente al verlas», señala el artista, al que precisamente el Consistorio ha encargado un mural gigantesco en el pequeño túnel creado en 2014 en la entrada del Cerrado de Calderón desde la ronda. Así el hormigón armado dará paso a un bosque de árboles que cambiará por completo la vista de esta infraestructura viaria.

Esa capacidad regeneradora de la mirada es también la motivación de la veintena de grafitis de la plaza Doctor Vargas-Machuca, una actuación que ha sido financiada al completo por el propio Tenis. Y aunque carecía de permisos municipales, ha acabado recibiendo el visto bueno de la autoridad. «Los policías vinieron por aquí y me pidieron la autorización pero les explique lo que estaba haciendo y lo que pretendía y lo entendieron por lo que no me multaron», recuerda José Luis BorgArt, que también superó el filtro de los técnicos municipales del distrito. «Pasaron por aquí y cuando vieron lo que había hecho hasta me felicitaron», explica el artista que ya piensa en seguir contagiando con sus grafitis otras zonas periféricas de la capital donde los derribos o el abandono forman parte del paisaje. «En la Trinidad hay muchos muros que necesitan algo de color», avisa.