La cultura llora su pérdida: «Un mundo que se acaba»

Manuel Alcántara y María Victoria Atencia, compañeros y amigos desde la infancia./
Manuel Alcántara y María Victoria Atencia, compañeros y amigos desde la infancia.

María Victoria Atencia, Antonio Soler, Mario Camus, Eugenio Chicano, José Infante, Pablo Aranda, Ruiz Noguera y Juan José Téllez recuerdan su altura literaria y su valor humano

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

A todos les viene inmediatamente a la mente un verso suyo, una de sus frases ingeniosas, aquella anécdota que vivieron juntos o esa divertida historia de sus años dorados en Madrid. Se va un poeta que elevó el nivel literario del periodismo y un hombre «excepcional», pero la muerte de Manuel Alcántara también deja un inmenso vacío en toda una generación literaria. «Es un mundo que se acaba, del que ya quedan pocos vestigios. Forma parte de la historia de la literatura», afirma el escritor Antonio Soler. En la cultura hay hoy, como expresa Juan José Téllez, una sensación de «orfandad».

«Quiero recordarle como el gran amigo mío que fue de toda la vida, desde niños. Era una persona excepcional y un gran poeta andaluz. La ciudad ha perdido a una persona de gran valía muy querida por todos», declara la poeta María Victoria Atencia sin poder ocultar la emoción. Como asegura, «Manolo era de Málaga y de los malagueños». El director Mario Camus, con quien compartió muchas tertulias en el Café Comercial de Madrid y otras tantas tardes de boxeo, lo corrobora. «Era un tío estupendo, simpático y encantador. Escribía divinamente, de su poesía todavía recuerdo cosas concretas y versos determinados. Y muy malagueño, siempre con Málaga en la cabeza. Era mi amigo», afirma nada más conocer su fallecimiento. Y lanza una recomendación: «Busca su primer libro, 'Manera de silencio', no dejes de leerlo».

«Las agonías largas nos preparan a quizás recibir estas noticias con más tranquilidad, pero llega el momento y se te caen las lágrimas», confiesa el pintor Eugenio Chicano. Con una amistad fraguada durante años, le define como «un tipazo y un gran artista, un amigo próximo, íntimo, leal y un poeta insustituible». «Lo decimos una y otra vez, pero esta es una de ellas y hay que ponerle admiraciones a la frase», apostilla.

«Cuando imagino el rostro de la palabra liberalismo, es el de él. Es liberal por naturaleza, crítico, lúcido, ocurrente, justo y honesto consigo mismo», afirma el poeta Juan José Téllez. Su mayor virtud fue, asegura, «congeniar el periodismo con la poesía, lo cual no siempre es fácil». «Su gran obra es la que ha ido haciendo día a día en los periódicos. Eso que en principio podría parecer una literatura efímera, porque se va con el periódico de cada día, él lo ha ensalzado como los grandes columnistas», añade Antonio Soler. Para el poeta José Infante, Alcántara ha sido “un gran poeta de lo popular y de la memoria” y, al mismo tiempo, “uno de los grandes maestros del articulismo y de la columna”. “Ha llevado siempre la poesía al artículo”, le reconoce. 

Infante vive con “enorme pena” que Manuel Alcántara ya no pueda ser testigo del reconocimiento que la cultura andaluza le rinde este 2019 como Autor del Año en Andalucía. Precisamente el próximo 23 de abril se presentaba una antología de su obra con motivo de esta distinción de la Junta de Andalucía que firma el profesor Francisco Ruiz Noguera. Ruiz Noguera lamenta esta «gran pérdida para el mundo de la escritura en general» por su «rigor en el uso de la lengua», ya sea en la poesía o en el artículo. «Era un gran conocedor de los mecanismos de la lengua española. Siempre valiéndose de un sentido fino del humor y de la ironía, trabajaba el lenguaje de manera que en ningún momento tenía un sesgo de algo impostado o falso, sino un uso muy verdadero, tratado con gran altura», reflexiona.

Como señala el escritor Pablo Aranda, tenía una mirada, «aunque melancólica, luminosa y alegre de la vida, y una gran capacidad para sintetizarla de manera ingeniosa en una frase». Cuenta que la última vez que comieron juntos, le recomendó salir todos los días. «Decía que en el momento en que te tiras dos días sin salir, al tercero no pasa nada pero al cuarto no te quitas el pijama», recuerda con una media sonrisa.

«Siempre estaba dispuesto para la charla en corto, era un gran conversador con gran memoria y un enorme anecdotario personal», indica Ruiz Noguera. Pero, ante todo, «le gustaba escuchar a sus interlocutores», precisa Téllez. Seguro que, desde el lugar en el que esté, lo sigue haciendo.