Concha Velasco hace lo que le da la gana

Concha Velasco, entre Irene Gamell e Irene Soler, en un momento de la función, ayer en el Cervantes. /Salvador Salas
Concha Velasco, entre Irene Gamell e Irene Soler, en un momento de la función, ayer en el Cervantes. / Salvador Salas

La actriz protagoniza la comedia 'El funeral' en el Cervantes, un texto hecho a su medida pero no siempre a su altura

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Mujer decidida y con las cosas claras, siempre ha hecho lo que le ha dado la gana en su vida y en su carrera. Su personaje de Lucrecia Conti –que no es ella pero se le parece– lo reafirma de palabra y de obra. Y si después de un papel intenso como el de 'Reina Juana' (que le valió su segundo Premio Nacional de Teatro) quiere protagonizar una comedia sin más, Concha Velasco lo hace. Ella se lo puede permitir. La actriz vivió ayer la primera de sus tres noches en el Teatro Cervantes –dentro del 36 Festival de Teatro– con 'El funeral', un texto escrito por su hijo Manuel M. Velasco a su medida, aunque no siempre a su altura.

La obra tiene un buen planteamiento inicial. Una gran actriz española fallece y el Ministerio de Cultura le rinde homenaje organizando su despedida en un teatro. El público son aquí los asistentes al último adiós y a ellos se dirigen directamente los actores rompiendo la cuarta pared. Todo aparentemente dentro de la normalidad hasta que el fantasma de Lucrecia Conti se aparece entre efectos de humo y un fuerte estruendo en medio del patio de butacas.

Lo que sucede a partir de entonces son una sucesión de gags, de situaciones inverosímiles y poco creíbles (aun partiendo de la base de que estamos ante un fenómeno paranormal) y de discursos contradictorios y deslavazados. Hay momentos divertidos en los que se escucha la risa de la audiencia, sí, pero da la sensación de que se podía haber sacado más partido al argumento y a la propia Velasco, un animal de la escena. Los mejores, sin duda, son aquellos en los que se podrían establecer paralelismos con su vida. Porque aunque se canse de repetir que Lucrecia Conti no es ella, hay mucho de ella. Como cuando agradece la corona que manda a su funeral la Unión de Actores, «que mucho me querían pero poco me nominaban»; cuando grita que aún le queda cuerda «para rato»; o cuando pide que le saquen «su lado bueno» con esa coquetería que le caracteriza.

La función está llena de referencias actuales a la televisión (desde 'Sálvame' a Buenafuente, un invitado virtual a este funeral), a las plataformas de pago (se nombra a Netflix más de una y dos veces), a la prensa del corazón (crítica incluida) e incluso a Málaga. «Mira que tenéis cosas bonitas aquí», dice ella. «Sobre todo las obras», le apostilla Jordi Rebellón, su representante en la función, también un gran actor pero que tampoco aquí puede lucirse. Antes, habían alabado juntos la gastronomía malagueña, la porra, los espetos y esa ensalada malagueña que le dio a probar Antonio Banderas. Como ven, hay mucho de Concha en Lucrecia. Junto a ellos, completan el reparto Irene Gamell, Emmanuel Medina e Irene Soler, quien, como dijo al terminar la función, le va a hacer «abuela de verdad».

La obra, que Velasco defiende como animal de escena que es, tiene un buen planteamiento inicial, pero se pierde en el desarrollo

Pero pese a la historia irregular que ofrece 'El funeral' y unos efectos especiales algo cuestionables (con las posibilidades que hoy da el teatro), nadie pone en duda la valía de Concha Velasco para defender cualquier papel que le echen. Incluso este de muerta viviente. Verla a ella en acción ya es de por sí un espectáculo. Por eso, por su larga y exitosa trayectoria, será reconocida mañana miércoles con el primer Premio del Festival de Teatro de Málaga.

La actriz respondió a los aplausos del público –que se puso en pie, como corresponde a una grande– con naturalidad, reconociendo su «emoción» por ver el teatro lleno, confesando su felicidad por haber encontrado hoy un rosario que creía perdido y expresando un deseo: «Que Dios les bendiga. Porque crean o no crean, Dios los bendice a todos».