Aquellos cines de verano de sesión doble y pipas

El cine de verano se convirtió en el siglo XX en un espacio indispensable para entretenerse y burlar el calor en las noches estivales/SUR
El cine de verano se convirtió en el siglo XX en un espacio indispensable para entretenerse y burlar el calor en las noches estivales / SUR

Hasta una treintena de terrazas exhibían películas en la época dorada de los 50 y 60 bajo la fórmula de dos títulos de reestreno por el precio de una. El cine Las Delicias fue el más importante y hasta El Lute y familia acudían a estas salas cuando se escondió en Málaga

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

La cartelera de hoy se antoja ridícula si la comparamos con la de hace medio siglo. Entonces, sesenta títulos diferentes se anunciaban como si fueran el sueño de una noche de verano de cualquier cinéfilo. Y eso que los multicines estaban todavía por inventar. Pero existían sus precedentes estivales, los cines de verano que con las calores hacían las veces de dos salas ya que exhibían programas dobles y de lo más dispares. Como el éxito español 'La Gran Familia', con Alberto Closas y su prole, y la aventura safari de John Wayne 'Hatari', en el Carmen Cinema de El Perchel. A la misma hora que en otra punta de la ciudad, el Real de Carretera de Cádiz, la cosa quedaba en familia con las hermanas Pili y Mili haciendo honor al título 'Como dos gotas de agua' frente a otro clan absolutamente subversivo, los inmortales Hermanos Marx, retorciendo el más difícil todavía en 'Una noche en el circo'. Bajo la fórmula de las sesiones dobles a la luz de la Luna, decenas de terrazas hicieron furor entre los malagueños del siglo XX. Cada barrio tenía su propio cine, que se convirtieron en auténticos centros sociales que entretenían a toda la familia por un módico precio y una bolsa de pipas.

Como mostraba la película 'Cinema Paradiso', las terrazas de verano fueron un fenómeno especialmente común en el ámbito mediterráneo y, en el caso de Málaga, estuvo asociado incluso a las primeras proyecciones del cine mudo. De hecho, las pioneras barracas itinerantes que pasaban por la ciudad se multiplicaban en julio y agosto ocupando espacios al aire libre, fundamentalmente en el Parque, el Muelle Heredia y la Alameda Principal. Uno de los más imperiales fue el Gran Cinema Iris, que se inauguró en 1915 y tenía vocación de sala estable y descubierta para los veranos. El cine era tan popular en aquella época silente que hasta la plaza de toros de La Malagueta cambiaba la muletas por la pantalla en el albero para proyectar películas.

Los cines de verano no sólo fueron una modalidad de exhibición, sino una necesidad. Y es que en aquellas salas de las primeras décadas del siglo pasado no existía refrigeración, lo que imposibilitaba la aglomeración del público en época estival por las temperaturas y los olores. Para no perder la clientela –ni los ingresos–, muchos empresarios crearon terrazas anexas a sus salas, a las que trasladaban las proyecciones desde mediados de junio a finales de septiembre, como el Capitol (calle Mármoles), Cayri (Martínez Maldonado), Cinema España (Huelin), Duque (El Molinillo), Monumental (Ciudad Jardín) y Royal (Armengual de la Mota).

Cine Las Delicias en los años 30
Cine Las Delicias en los años 30 / SUR

Como los gustos y los cines iban por barrios, las preferencias y los recuerdos están divididos entre los espectadores, aunque hay consenso entre los cronistas en que el mejor fue el Cine Las Delicias, que se inauguró en 1929 con más de 800 sillas y que mantuvo sus proyecciones hasta 1943. Situado junto al antiguo Conservatorio María Cristina en la calle Marqués de Valdecañas, las entradas en su primer año costaban 0,30 pesetas y, además de «estrenos de incalculable valor artístico», la publicidad del local aseguraba que era «el lugar mejor acondicionado y más delicioso para pasar las insoportables noches veraniegas». Y es que Las Delicias presumía no solo de su bello jardín, sino también de la amplitud del mismo que refrescaba las noches bajo la pantalla.

La época dorada de los cines de verano se produjo entre los años 50 y 60, momento en el que la historiadora María Pepa Lara llega a contabilizar la creación de 29 salas. Algunas fueron muy populares, como Los Galanes y Acacias (Pedregalejo), Eliseos (Paseo de Reding), Maype (Carretera de Cártama), Las Flores (ídem), Portada Alta (frente al hospital Carlos Haya), Los Pinos (Calle Ferrándiz), Los Rosales (Martínez de la Rosa), Solymar (Avda. de la Paloma), Tívoli (Santa Julia), Trinidad (calle Sevilla), Jardín Cinema (Ciudad Jardín) y La Fuente (compartiendo espacio, un campo de fútbol, con el equipo de la Olímpica Victoriana) y Las Palmeras (ambos en Capuchinos).

Abajo, Portada Alta y un programa de Cinema Los Galanes. / / SUR

Todas estas salas ofrecían «precios populares», además de una programación doble en la que, como recordaba el cronista de SUR Julián Sesmero, se solía mezclar el reestreno de una película «de amores para las damas y otra de tiros o de guerra para los caballeros. Y a ser posible, las dos en color». La segunda película de la jornada se repetía en primer lugar al día siguiente y, a continuación, la novedad. Y_así sucesivamente para responder al criterio de «para todos los públicos» con el objetivo de que se llenaran las sillas que, de madera o metálicas, distaban del confort para soportar tres y cuatro horas sentados. Amén de los baños que, si quedaban cerca del patio de 'butacas', podían «resultar infernales» ya que no había jardín, dama de noche o jazmines que taparan los aromas a humanidad.

Además de haberse recorrido los cines de verano de toda Málaga, Sesmero también ilustraba con sus palabras el éxito masivo de aquellas terrazas a mitad del siglo pasado. «No había otra alternativa en aquellos años ya que la televisión no había entrado en los hogares de Málaga», explicaba el periodista, que también recordaba como familias completas se traían la cena a la proyección, los niños corrían por las instalaciones cuando les aburría la película, los vendedores voceaban sus chucherías sin parar o desde el bar del propio cine no se paraba de hablar. Vamos, que a veces ver la película era toda una prueba de obstáculos.

Hasta El Lute

El apartado comestible tenía también una gran importancia. Para distraer el estómago, el principal argumento eran las pipas de girasol que se vendían al grito de «¡A gorda el vagón! ¡No mantienen, pero entretienen!». Y los que no tenían ni para chuches, se las traían de casa con fabricación propia, aprovechando las pipas del melón, las cuales se ponían a secar al sol con abundante sal para que por las noches acompañaran las pamplinas de Cantinflas, las canciones de Marisol o los tiros de los 'combois'.

En los 70, los cines de verano comenzaron su lento declive e, incluso, algunos vecinos mostraban su descontento por el volumen de las películas que extendían sus diálogos, tiros y explosiones a todo trapo hasta casi las dos de la madrugada. No obstante, seguían teniendo un gran tirón popular, como lo demuestra que hasta el fugitivo El Lute no se resistía al cine a la fresquita. Tras ocultarse en Málaga durante más de un año y ser detenido en 1972, sus vecinos del Camino de Antequera confesaron que solo veían a los miembros del clan cuando acudían al cine de verano. Paradójicamente, Eleuterio Sánchez acabaría convirtiéndose años después en protagonista de sus propias películas con la cara de Imanol Arias. Unas cintas en la que se retrataba su agitado paso por Málaga.

Cine Las Palmeras, en la Alameda de Capuchinos.
Cine Las Palmeras, en la Alameda de Capuchinos. / COLECCIÓN JOSÉ MORENO

A mediados de los ochenta, la crisis del cine también se llevó por delante las terrazas peliculeras, de las que ya solo funcionaban tres: las veteranas Las Palmeras y Cayri y la nueva sala Universal (Martínez de la Rosa), que se inauguró en 1985. No obstante, el último cine de verano que funcionó en Málaga se denominó Altamira y en realidad fue la versión modernizada del antiguo cine capuchinero La Fuente. Su empresario, Juan José Perles, lo mantuvo hasta 1992, ya que al año siguiente se encontró con que las obras en este espacio para construir un pabellón acababa con la historia de los cines de verano. Entonces intentó reflotar Los Galanes, pero no llegó a un acuerdo con la propiedad y se dio por vencido. «Hoy día, este tipo de negocio es una aventura: no son rentables en relación con la inversión que necesitan», se quejaba el último romántico de los cines de verano.

Pero de forma automática, el Ayuntamiento de Málaga se dejó llevar por la cinefilia nostálgica y rescató a comienzos de los 90 estas proyecciones en el recinto Eduardo Ocón. Unas sesiones gratuitas que también llevó a los barrios y que, finalmente, acabaron resurgiendo de forma masiva en las playas de Málaga con esa misma fórmula de cine de reestreno. Este verano ofrecen comedias, 'thrillers' y cine de animación de éxito reciente. Y no estaría mal que, si nos dejamos caer por una playa a la luz de los fotogramas, nos llevásemos una bolsa de pipas para homenajear aquellas antiguas noches de Cinema Paradiso.

 

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