La vida del Che, ilustrada en viñetas

La vida de Ernesto ‘Che’ Guevara, en cómics./
La vida de Ernesto ‘Che’ Guevara, en cómics.

El periodista Jon Lee Anderson y el dibujante José Hernández llevan al cómic las andanzas del guerrillero

ANTONIO PANIAGUAMadrid

La vida de Ernesto Che Guevara da para mucho: películas, libros y, por qué no, unos cuantos cómics. Uno de ellos es el creado por el dibujante mexicano José Hernández y el periodista estadounidense Jon Lee Anderson. Los dos se han puesto manos a la obra y llevado a la viñeta la biografía del guerrillero, icono del siglo XX y uno de los personajes que mejor encarnan la figura del hombre de acción. El primer tomo de la obra en aparecer, Los años de Cuba (Sexto Piso), narra la estancia del médico y revolucionario en la isla, desde su desembarco en diciembre de 1956 hasta su partida en avión con destino al Congo. La principal preocupación de los autores ha sido crear atmósferas creíbles y contar los acontecimientos sin la distancia de los hechos históricos.

En 1956, partió del puerto de Tuxpan (Veracruz) el Granma, el barco que trasladó a los rebeldes desde México a Cuba. En diciembre de ese año, los que luego serían conocidos como barbudos desembarcaron en la playa de Las Coloradas y se adentraron en la jungla. Comandados por Fidel Castro, los expedicionarios recibieron los disparos de las tropas de Fulgencio Batista. Entre los alzados en armas estaban, aparte de Fidel, su hermano Raúl, Camilo Cienfuegos, Francisco Medina, Juan Almeida, Ramiro Valdés y un argentino de barba rala y temperamento temerario, Ernesto Guevara, el Che.

Cuando pisaron tierra, los rebeldes fueron víctimas de las primeras escaramuzas. En medio de la confusión, quedaron tirados en el suelo el botiquín y una caja de munición. El médico Ernesto Guevara lo tuvo claro: entre las dos opciones escogió la segunda. Pronto recibió su bautismo de fuego cuando una bala le hirió en el cuello. Este es uno de los primeros lances del cómic, en el que el guerrillero de Rosario cuenta en primera personas sus peripecias.

José Hernández ha puesto color a una historieta que permanece grabada en la memoria colectiva en imágenes pintadas en blanco y negro. Desde antes de empezar a dibujar, imaginé y establecí que el color dominante en esta parte de la historia del Che era el verde: el verde de Sierra Maestra, el verde olivo de los uniformes, el verde como símbolo de algo que va madurando, como símbolo de esperanza.

Jon Lee Anderson publicó hace dos décadas la que se tiene como biografía definitiva del líder revolucionario. Han pasado dos décadas desde que entregara a la imprenta el libro, que publicó Anagrama. Ahora ha resumido para el cómic los avatares del Che y ha firmado el guión del libro. Anderson asegura que, al margen de las interpretaciones sobre su personalidad, Guevara estaba convencido de encarnar al «hombre nuevo socialista». El Che perdura -y esto incluye su imagen- justamente como un icono de desafío del status quo; según el lugar y la coyuntura, ese legado puede llegar a ser potente. Hay militantes políticos y guerrilleros que todavía lo siguen, lo estudian y lo veneran.

Al recrear la figura Che, Hernández no ha pretendido huir del célebre retrato del fotógrafo Alberto Korda. Sería una pretensión tan ociosa como ingenua. Todo el mundo conoce al Che Guevara, o mejor dicho, todo el mundo conoce su rostro. Y al decir todo el mundo, no hablo en sentido figurado. Sin embargo, muy pocos conocen realmente quién fue Ernesto Guevara, qué hizo, qué pensaba, qué quería, qué lo motivaba. Cuando muestro el momento en que esa foto fue tomada, literalmente le doy la vuelta.

Dignidad e idealismo

El dibujante admira del guerrillero su congruencia, su idealismo y su dignidad. Son virtudes cada vez más raras en el género humano. No obstante, no puedo estar de acuerdo con el Che en su convicción de que la única manera de lograr el cambio es a través de la vía armada. Si lo conociera personalmente, tal vez me desagradaría su mal hábito de no bañarse, bromea.

No es la primera vez que se plasman en viñetas las vicisitudes del argentino. Ya lo hicieron Alberto Breccia, Marco Rizzo, Wozniak o Magnus, entre otros. Este primer volumen de la trilogía (el segundo en la cronología biográfica) ilustra las precarias condiciones de la guerrilla. En esos años el Che fue implacable con sus enemigos y no tuvo clemencia ni con los desertores ni con los traidores. Luego, en el Congo y Bolivia, atemperó su rigor, según su biógrafo. Para Anderson, el subcomandante Marcos quizás sea el personaje que más se parece al Che por aunar la doble condición de intelectual y guerrillero. Conocí a Marcos una vez en 1999, y me impresionó por ser alguien muy culto. Había estudiado muy de cerca al Che y le admiraba profundamente. Tenía muy en cuenta algunos de sus errores, además de las diferencias derivadas de la época y el contexto.

Para escribir su libro, Anderson estuvo en permanente contacto con la viuda del comandante y pudo acceder a sus diarios, además de los archivos secretos del Gobierno cubano. Ese trabajo exhaustivo ayudó mucho al hallazgo de sus restos en 1997 en Bolivia. Era un hombre culto pero con una veta dogmática muy marcada, casi diría que religiosa, especialmente en su juventud, apostilla.