José Tomás conmueve sin triunfo en La Plaza México

José Tomás es embestido por su primer toro de la tarde, 'Bellotero'. /
José Tomás es embestido por su primer toro de la tarde, 'Bellotero'.

El diestro de Galapagar puso un histórico lleno de ‘no hay billetes’ en su regreso a una Monumental de Ciudad de México abarrotada

PABLO GARCÍA-MANCHACiudad de México

Joselito Adame se bebió la gloria de José Tomás en una tarde absolutamente desbocada de expectación en un gigantesco embudo de Insurgentes repleto de aficionados llegados de todo el planeta: más de 45.000 espectadores para celebrar el rito ancestral de la tauromaquia con el mito viviente e inalcanzable del toreo contemporáneo. Pero la realidad es que el diestro de Aguascalientes logró dos orejas en el sexto, un excelente toro de 'Los Encinos', con el que puso de relieve todos sus argumentos en una faena de mucha ligazón, pulso y temple, especialmente al natural, coronada con un gran arrimón y una estocada en la suerte de recibir que le colocó los máximos trofeos en la mano tras un descabello y ciertas protestas de un sector de la plaza.

Ficha del festejo

Monumental Plaza México. Lleno histórico de 'no hay billetes'. Toros de Fernando de la Mora (2º, noble; 3º justo de raza y rajado; y 5º, devuelto por falta de trapío) y Los Encinos (1º, descastado; 4º, complicado; y 6º, noble y con mucha duración). Un sobrero que hizo quinto de Xajay, muy protestado, geniudo y descastado. José Tomás, de rosa y oro: una oreja, ovación tras aviso y silencio tras aviso. Joselito Adame, de azul marino y oro: Ovación tras aviso, silencio y dos orejas con protestas. Salió a hombros. Domingo, 31 de enero de 2016.

La gloria esperada para José Tomás se fue en volandas con el diestro hidrocálido que se ha reafirmado como el principal torero de México tras una corrida extraña para el torero de Galapagar -muy extraña- que acabó siendo pitado a la muerte del quinto (un sobrero manso y bronco de Xajay) en una clara expiación de todas las esperanzas colocadas y no consumadas en la muleta del torero español, un ídolo al que no le consintieron que el toro devuelto de la tarde bajara levemente en su trapío respecto al resto de los astados. La bronca del público fue atronadora y el mismo juez de plaza que había aprobado a la res en el sorteo matinal decidió enviarlo de vuelta a los chiqueros tras una más que curiosa protesta nacida en la 'Porra de Sol' y que se fue extendiendo por el resto de los tendidos como dinamita; una bronca que daba toda la sensación de que se había fraguado en las bambalinas más oscuras que dirigen los hilos del coso capitalino.

¿Pero estuvo mal José Tomas? Ni de lejos. Los mejores lances de la corrida, la faena más importante y la torería más impávida corrieron de su cuenta. La faena al primer toro -con un raquítico balance de una oreja protestada- fue memorable. Sello propio de José Tomás que fue capaz de inventarse un toro que parecía imposible y al que logró muletazos de enorme plasticidad y belleza, de inverosímil quietud y de máxima entrega tras recibir dos espeluznantes volteretas. La primera de ellas vino en la corta distancia, pasándose los pitones por las espinillas, fue prendido y en el suelo el astado le propinó un pitonazo que le rompió la taleguilla derecha. El segundo fue quizás más tremebundo y el toro, al perder el diestro la verticalidad, hizo por él con saña rondando los pitones por el cuello en unos segundos tan dramáticos como interminables, con el torero en el suelo y el animal haciendo por él con el diestro sin aparente posibilidad de escapatoria.

De ambos trances salió José Tomás indemne y sin mirarse, como si en el fondo se sintiera un tipo inmortal en la misma zona cero de la tragedia. Un estoconazo delantero le sirvió para conquistar el único trofeo de la tarde, que además fue protestado por ese mismo sector de los graderíos de sol. Ni paseó la oreja el Príncipe de Galapaga.

El segundo de José Tomás fue un espectacular cárdeno claro, veleto y de pitón fino. Lo recibió de manera superior a la verónica, a pies juntos y jugando los brazos con enorme lentitud. Apenas se picó y el tercio de banderillas resultó tedioso. Al toro le faltó raza, aunque el diestro de Galapagar logró muletazos muy buenos por ambas manos, con varios naturales de larguísimo trazo y perfecta reunión. En esta faena se pudo ver al José Tomás más puro, a pesar del viento y a pesar de todos los pesares, dibujó muletazos excelsos en series tan largas como profundas. El toro se rajó y a partir de buscar las tablas, la faena perdió intensidad y el mal uso de la espada dejó el segundo capítulo en una ovación trufada de cierta decepción. La tarde pesaba, la corrida no estaba caminando por la senda esperada y las cañas comenzaron poco a poco a tornarse en lanzas. Joselito Adame, además, también había perdido más de un trofeo con la espada, su cruz en una tarde en la que clarísimamente se llevó los dos toros con más opciones de la corrida: el segundo y el sexto.