El escenario de al lado de casa

La Sala Joaquín Eléjar tiene programación estable en Ciudad Jardín esde hace tres años./
La Sala Joaquín Eléjar tiene programación estable en Ciudad Jardín esde hace tres años.

La oferta cultural y de ocio también está en el barrio. Una docena de espacios se alejan del centro para ofrecer una programación alternativa

REGINA SOTORRÍO

Un sábado cualquiera la danza entra en la Caverna (calle Amores), la música suena en la Cloaka (Avenida Arroyo de los Ángeles) y el teatro aparca en la Cochera (Los Guindos). Son tres escenarios alternativos alejados del epicentro de las artes, ubicado en el centro de la ciudad, pero es muy probable que alguno de ellos le quede muy cerca de casa, dos calles más allá o diez minutos a pie. La oferta cultural y de entretenimiento amplía el radio de acción y llega a los barrios. Un Off Broadway a lo malagueño que suma, poco a poco, nuevas butacas al circuito más allá de las conocidas del Cervantes, el Cánovas o el Alameda. Porque, como se pregunta Salva Reina, impulsor de La Cochera Cabaret, «¿por qué no se va a poder hacer un espectáculo de calidad en la zona oeste o en Ciudad Jardín? ¿Qué más da la dirección si lo que se ofrece es bueno?».

Alrededor de una docena de espacios con programación cultural a distintos niveles rodean la ciudad. Pueden parecer pocos y seguro que todavía son insuficientes, pero cinco años atrás solo funcionaban un par de ellos. Algo está cambiando. «Hay que soltar miedos y atreverse a ubicar en barrios centros capaces de dinamizar un entorno y que generen actividades interesantes», argumenta Salomón Castiel, director de La Térmica.

Es uno de los cuatro recintos que en muy poco tiempo están transformando culturalmente el distrito Carretera de Cádiz, el más poblado de la capital. La Térmica, dependiente de la Diputación, ha empujado a muchos a desplazarse a la zona oeste de Málaga para asistir a exposiciones inéditas, propuestas escénicas arriesgadas, charlas y talleres de todo tipo. Por allí se han dejado ver Miguel Ríos, Jordi Évole, Jorge Valdano, Mario Vaquerizo, Manuel Gutiérrez Aragón, Gracia Querejeta, Nacho Vigalondo... Simplemente doblando la esquina se llega al Auditorio Edgar Neville de la Diputación, en calle Pacífico, un escenario por donde han pasado desde 2009 artistas como Philip Glass, John Cale, Antonio Vega, Jorge Drexler...

La iniciativa privada ha tenido también mucho que ver en este itinerario cultural a varios kilómetros de la calle Larios. Y no es tarea fácil. «Si ya es difícil llevar a la gente al centro, donde tienes una oferta paralela de restauración y pubs, imagina a zonas que convencionalmente se entienden como residenciales», analiza Salva Reina. Hace tres temporadas, el actor y sus socios se la jugaron transformando una nave industrial de la avenida de los Guindos en un teatro para 249 personas. Hoy la Cochera Cabaret se ha hecho un hueco en la parrilla, con citas estables de artes escénicas, música y monólogos. Es un espacio que gusta tanto a artistas y compañías de Málaga (Dry Martina, Pablo López, Tenemos Gato, Vil Teatro, Pablo Pujol...), como a los que vienen de fuera (Cristina Rosenvinge, Javier Ruibal, Leiva, Albert Pla...). Y ahora, además, debutan en el campo de la producción de espectáculos.

Cerca, en Héroes de Sostoa, The Hall se acaba de sumar a la oferta del distrito. Con capacidad para 200 personas de pie o sentados en mesitas tipo café teatro, cuenta con una sala principal para montajes de medio formato y con un rincón íntimo con un piano para pequeños recitales. Nació hace seis meses con la intención de dar la oportunidad a artistas locales y emergentes de subirse a un escenario totalmente equipado a un precio asequible y con entradas económicas. «Con esto no quiero ganar dinero, el trabajo que me da de comer es otro. Solo aspiro a que no me cueste, que sea autosuficiente», indica el dueño Jesús Vez, también saxofonista en los huecos que la sala y el trabajo le dejan libre.

Y es que detrás de estas propuestas privadas hay un componente vocacional y hasta «pasional», apunta Claudio Navas de la Sala Chela Mar. Son un ejemplo más del do it yourself tan de moda en estos tiempos: si no existe un escenario para que actúe, yo lo creo. La mayoría son artistas, profesionales o aficionados, conocedores de primera mano de las dificultades del sector y con el empeño y la urgencia de contar con una alternativa. Así surgió en 2009 La Caverna de calle Amores, «por las ganas de hacer y crear en las mejores condiciones posibles», explica Ricardo López. Varias compañías de artes escénicas (Síndrome Dario, Vil Teatro, El Viejo Actor, Ximena Carnevale Cia., Mandrágora Teatro) y grupos de música (Tantatrampa y Fledermaus) tienen allí un espacio propio donde ensayar y mostrar sus trabajos. Es además la sede del estudio de grabación Kraken Sound y del sello Oigovisiones Label. Pero La Caverna en una nave industrial de Fuente Olletas con pinturas de Emmanuel Lafont, Betty Bundy u Omar Janan en el interior no es únicamente su base de operaciones, también se abre a otras muchas propuestas que buscan un lugar en el que testar sus creaciones.

Lo mismo ocurrió con La Cloaka. Era el refugio del grupo Matakalarata, su local de ensayo, pero la vena artística de algunos de sus miembros les podía y comenzaron a decorarlo con todo tipo de objetos encontrados, reciclados y transformados.Desde un semáforo tuneado a autómatas de cartón. «Por fuera puede parecer un boquete, pero dentro es una obra de arte que nunca será terminada», cuenta Alejandro Roldán. Todo lo que se expone está en venta, «menos nosotros», bromea Roldán. El proyecto fue creciendo y decidieron constituirse en asociación artística para abrir su local a otros grupos y compañías. La Canalla, Mundo Chillón, Roberto Cantero, Jarrillo Lata y muchos otros han entrado ya en La Cloaka.

También Chela Mar nació de esa necesidad personal de contar con un escenario. «Daba talleres de teatro pero no había un lugar en el que mostrar lo que hacía un grupo amateur», explica Claudio Navas. La Sala Chela Mar el nombre su madre, «impulsora del proyecto» resuelve esa carencia. Con aforo para 60 personas, ahora recibe a compañías de todo el mundo, con programación de viernes a domingo en la que combina teatro y música con tertulias y micros abiertos. «Hay meses que solo pago y no gano un duro; pero es mi pasión», admite.

Ni un duro, literalmente, es lo que se llevan los impulsores de la Sala Joaquín Eléjar, «un espacio de voluntariado cultural para que las compañías dispongan de más lugares para trabajar», indica Fernando Montero, presidente del Colectivo Cultural Maynake, la asociación que sustenta este recinto de Ciudad Jardín. Desde hace tres años aunque está abierto desde mucho antes, el escenario está ocupado cada fin de semana con espectáculos que nunca cuestan más de 10 euros. Y lo consiguen gracias a una aportación del Ayuntamiento que cubre los gastos de mantenimiento. Los miembros del colectivo ponen su trabajo gratis, y la recaudación íntegra es para la compañía.

Otros recintos se han creado para complementar la enseñanza en centros formativos, pero van muchos más allá de escenarios de escuelas. Es el caso de la Sala Gades, en el Conservatorio Superior de Danza y epicentro del baile en la capital. Y es también lo que sucede con el auditorio de la ESAD, el cuarto en tamaño de la capital y con más de 20.000 espectadores en un curso; y el Jazz Club del recién inauurado Centro de Artes y Música Moderna de Málaga Maestro Puyana (CAMM), donde preparan una programación con números uno de la escena jazz. Ambos están en Teatinos, un distrito que completa su oferta con las actividades de la Caja Blanca, de gestión municipal. Muchas están dirigidas a escolares, como en la sala Tragasueños de Pedregalejo, donde descubren a niños el teatro de luz negra con talleres y cuentacuentos.

Queda claro que la tendencia es llevar la cultura al barrio, y a ella se apuntan hasta las programaciones de festivales municipales (como el de jazz y el de teatro que organiza el Cervantes; o incluso el de cine), que se asocian con estas salas alternativas para dar una oferta paralela al centro. Al mismo tiempo, cada año el Ayuntamiento renueva ciclos (El cine en tu zona, Teatro y Música en los distritos) que lo mismo proyectan al lado de casa lo último del cine español que acercan a la OFM a la barriada.

Y no dejan de sumarse nuevas paradas a esta ruta no convencional. Iniciativas privadas, como el Lolita, que desde hace un mes recupera en el Soho el espíritu de los café-teatros. A sus tablas con todo lo necesario a pequeña escala están invitados los artistas que quieran darse a conocer, desde monologistas hasta cantautores. Y llegan también nuevas apuestas públicas, como la Casa de Gerald Brenan en Churriana, de propiedad municipal, que se inaugura el 29 de octubre. Ya lo dijo Loquillo cuando hace un par de semanas visitó este lugar. «Las cosas no sólo ocurren en las grandes ciudades». En el teatro o en la sala que hay a la vuelta de la esquina también suceden cosas importantes.