El fallecido por el tiroteo de Playamar fue detenido hace un mes por una bomba en Marbella

Agentes de Policía y servicios de Emergencias en la zona de Torremolinos donde ocurrieron los hechos./Ñito Salas
Agentes de Policía y servicios de Emergencias en la zona de Torremolinos donde ocurrieron los hechos. / Ñito Salas

La víctima había sido arrestada por la policía y llegó a ingresar en prisión, pero quedó en libertad tras pagar una fianza

JUAN CANO y ALVARO FRÍASMálaga

Parecía nervioso. O al menos esa impresión le dio a la chica que lo acompañaba, a la que le llamó la atención que saliera a fumar con tanta frecuencia. Minutos después, cuando la camarera se dirigía a su mesa para servirles la cena, un encapuchado irrumpió en el restaurante y descerrajó siete tiros sobre él. Cuatro de ellos le alcanzaron en la cabeza y en el tórax. Aunque fue evacuado con vida, murió durante la madrugada en el Hospital Carlos Haya después de que lo operaran de urgencia.

El fallecido, holandés de origen magrebí, de 33 años, fue identificado inmediatamente por la Policía Nacional, que había seguido recientemente sus pasos en la Costa del Sol. Según ha podido confirmar SUR, fue detenido hace aproximadamente un mes en relación a uno de los artefactos explosivos hallados en Marbella, concretamente, el que los TEDAX detonaron en la urbanización Alto de los Monteros en septiembre. Aunque llegó a ingresar en prisión, sólo tardó un par de semanas en salir tras abonar una fianza. Y este fin de semana acabaría encontrando la muerte tras ser tiroteado en un restaurante de Torremolinos.

De acuerdo con los diferentes testimonios recabados por este periódico, la reconstrucción del suceso sería la siguiente. El hombre llegó minutos antes de las nueve de la noche del sábado acompañado de una chica al restaurante Tiki, en el paseo marítimo de Playamar, en la zona del Bajondillo. En la puerta, dejó aparcado un Audi A4 tipo berlina que más tarde sería inspeccionado por la policía en busca de pistas.

El local, uno de los restaurantes de moda en Málaga (ha llegado a tener hasta dos semanas de lista de espera para conseguir una mesa), se encontraba casi vacío en esos momentos, ya que las primeras reservas estaban previstas para las 21.30 horas. Sólo había una pareja en la barra esperando un pedido para llevarse la cena a casa. La víctima y su acompañante se sentaron en torno a una de las mesas. Quince minutos antes, la de al lado estuvo ocupada por una familia extranjera con seis niños.

Él pidió una cerveza. Ella, agua. «Aquí se come el mejor sushi de Málaga», dijo la víctima a su acompañante delante de la camarera que se disponía a tomarles la comanda. En este paréntesis, salió a fumar, volvió y se sentó. A las 21.03 horas, cuando la camarera salía de la barra para llevarles la comida, un encapuchado irrumpió en el restaurante y sacó una pistola. Era un tipo corpulento que ocultaba su rostro con la capucha de una sudadera y una braga de tipo militar. Sorprendió a la víctima sin margen de reacción y le disparó dos veces. La chica que lo acompañaba a la mesa se cayó literalmente de espaldas. Los detonaciones provocaron una estampida entre los pocos clientes y los empleados del establecimiento, que corrieron a esconderse donde pudieron.

El hombre, herido, se incorporó y trató de escapar, pero cayó a unos metros de la puerta. Allí, su asesino lo remató efectuando siete disparos más que dejaron marcado el suelo del establecimiento, donde la policía recogió un total de nueve casquillos. No todos los tiros alcanzaron a la víctima, que sí recibió cuatro impactos en zonas vitales: en la cabeza y en el tórax, justo debajo del pectoral derecho.

Tras el tiroteo, el agresor huyó. Fuera, en la calle, lo esperaba su cómplice –testigos hablan de al menos una o dos personas– al volante de una furgoneta de color blanco que, al parecer, habría sido sustraída y que carecía de la luna trasera. Se dieron a la fuga y, pese al rápido dispositivo policial, se le perdió la pista en la autovía.

Pese a la gravedad, los sanitarios del 061 lograron reanimar a la víctima y, tras más de 45 minutos, pudieron estabilizarla para su traslado al Hospital Carlos Haya. Ingresó directamente en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y, aunque inicialmente su situación parecía estable, empeoró durante la madrugada. Fue intervenida quirúrgicamente de urgencia, pero todos los esfuerzos de los médicos fueron en vano y falleció sobre las siete de la mañana de ayer.

Posible ajuste de cuentas

El caso, que guarda todos los visos de un ajuste de cuentas por el modus operandi empleado, unido a los antecedentes policiales del fallecido, viene a incrementar la escalada de violencia que ha experimentado la Costa del Sol este año, con una veintena de episodios –entre asesinatos, secuestros, tiroteos y apuñalamientos– relacionados con el crimen organizado.

La presión sobre el Campo de Gibraltar, donde el Gobierno ha implantado un plan específico contra el narco, con una inversión de siete millones de euros, ha desplazado a algunas bandas hacia la provincia de Málaga, según opinan algunos expertos, que recuerdan la vieja teoría policial del globo (si presionas en un lado, el aire se desplaza hacia otro). De hecho, no son pocas las voces dentro de la policía y la Guardia Civil que reclaman un plan similar para la Costa del Sol, incluidos los sindicatos policiales, que se quejan reiteradamente de la falta de medios (chalecos, coches obsoletos...) y el déficit que arrastran las plantillas en cuanto a efectivos.

Al intentar realizar una radiografía de esta escalada de violencia, agentes especializados en la lucha contra el tráfico de drogas distinguen dos tipos de ajustes de cuentas: los que se producen por rivalidades entre organizaciones en sus países de origen, y que sólo suceden aquí porque es donde viven sus cabecillas o simplemente porque están de paso; y las 'vendettas' entre bandas por el aumento de los robos de alijos, lo que policialmente se conoce como vuelcos, que trae aparejado un incremento de la conflictividad y la agresividad entre los narcos.

Con ese contexto de fondo, la Costa occidental ha sido escenario del año más violento que se recuerda en el crimen organizado, con la aparición del narcoterrorismo, algo inédito en la provincia hasta el pasado 11 de septiembre. Aquel día un operario de mantenimiento descubrió por casualidad una bomba envuelta en bolsas de basura en una papelera de la urbanización Alto de los Monteros, que como se comprobaría más tarde estaba cargada con dinamita industrial y preparada para un «ataque selectivo».

Por aquel suceso, la Udyco-Costa del Sol acabaría deteniendo a un hombre, el mismo que el pasado fin de semana fue asesinado cuando se disponía a cenar en un restaurante de Torremolinos. La investigación policial relacionó el artefacto con grupos criminales liderados por holandeses de origen magrebí dedicados a extorsiones y tráfico de drogas. Entre las especialidades de la organización con la que se le relacionaba estaría el uso de artefactos explosivos y armas de fuego para atentar contra la vida de los integrantes de otros grupos criminales rivales que estuvieran en España, según informó entonces la Comisaría Provincial. En la operación en la que se le arrestó, los agentes encontraron, en las inmediaciones de su domicilio, un subfusil y tres pistolas, además de otras tantas cajas de munición. La policía bucea ahora en su pasado, y su nómina de enemigos, para averiguar quién acabó con su vida.

Más información