La sonrisa de Chernóbil

Almudena Armendia, Kuzmichou y Grumezescu en SUR/ÑITO SALAS
Almudena Armendia, Kuzmichou y Grumezescu en SUR / ÑITO SALAS

La asociación 'La sonrisa de un niño' trabaja para que diecisiete pequeños afectados pasen dos meses de verano en Málaga

CLAUDIA SAN MARTÍNMÁLAGA

¿Hay algo más puro, inocente y que llene tanto el alma como la sonrisa de un niño? Andrei Kuzmichou venía el pasado miércoles de camino a la Redacción de SUR con su nueva madre de acogida temporal, Narcisa Grumezescu. El pequeño de Bielorrusia de tan sólo ocho años cambió su rostro a perplejidad cuando vio el mar por primera vez a través de las ventanillas del coche. Kuzmichou es uno de los 17 menores de acogida que gracias a la asociación 'La sonrisa de un niño' llegó a Málaga el pasado 25 de junio para pasar dos meses de verano lejos de sus ciudades y pueblos, a los que alcanza las radiaciones de Chernóbil.

Esta asociación lleva trabajando incansablemente desde 1996 para mejorar la calidad de vida de estos niños que se encuentran en zonas cercanas a la explosión nuclear de 1986. Almudena Armendia, la vicepresidenta, cuenta que a pesar de que muchas personas vean estas acciones de socorro necesario como «crueles» en el momento en el que los pequeños tienen que volver a sus casas, ha comprobado que la esperanza de vida de estos niños, tras pasar dos meses al año alejados de las radiaciones, aumenta en, al menos, un año. «Muchos de los que llegan no saben ni coger un móvil, ni lo que es una tablet», relata Armendia que, teniendo en cuenta en el mundo 2.0 en el que vivimos ahora, es cuanto menos fascinante. En total son unas 16 familias de acogida que este año ayudarán a niños y niñas (algunos que vienen por primera vez) a conocer otra forma de vida y a empaparse de cariño.

La madre de acogida de Andrei, Grumezescu, es natural de Rumanía, pero residente en Málaga desde hace casi dos décadas. Esta mujer de 44 años desarrolló la mitad de su vida en Transilvania, a unos 1.000 kilómetros de la zona afectada por la explosión nuclear. Cuando supo de 'La sonrisa de un niño' el pasado año, pronto acudió a las primeras reuniones para estar al tanto de cómo podía acoger a un menor la próxima vez que realizaran el viaje (en Navidad o verano). Unos meses más tarde, acompañada de su marido durante esta aventura y llenos de nervios, expectación y ganas de conocer a Andrei, llegó el día en el que por fin pudieron ver su eterna sonrisa y sus ojos azules llenos de curiosidad y bondad. «Yo también soy una afectada de Chernóbil, tenía su misma edad cuando ocurrió. Hasta los 14 años estuve tomando diariamente una pastillita de yodo que nos daban en el colegio», cuenta Grumezescu con los ojos vidriosos al recordar el daño que tantos niños como ella sufrieron y sufren. La lucha por sacar a estos pequeños de sus zonas es, como afirma Armendia, «inmensa» para proporcionarles más calidad de vida. A pesar de los dos meses que estarán en Málaga, el contacto con sus familiares en Bielorrusia no cesa. «La madre de Andrei se ha comprado un móvil y podemos hacer videochats con ellos. Esta mañana le ha enseñado nuestra casa», cuenta Grumezescu emocionada por esta oportunidad en la que ha encontrado «personas maravillosas con una bondad inmensa».

Además, cuando estos pequeños salen del país se les mide las radiaciones para realizar una comparativa a su vuelta, y los resultados son notables. Al recibir otro tipo de alimentos, Armendia, también trabajadora del Materno Infantil de Málaga, afirma que «se les quita la dermatitis» y que llegan a 'coger' hasta cinco kilos

Después de 23 años queda patente que la sonrisa de un niño no es comparable a nada, y que el cariño, el agradecimiento y la mejoría que demuestran no hay dinero que la compre.

«Es una experiencia que te cambia la vida por completo»

Las actividades que estos niños realizarán durante su estancia aquí son tan variadas que casi se comparan con las de un campamento de verano: visitas guiadas a Carratraca, pasar el día en el CLC World de Mijas con juegos monitorizados (muchas veces con un tutor de habla rusa), un paseo por el Museo de la Imaginación, un almuerzo en Hard Rock, saltar en Altitude Trampoline Park, excursiones a la playa, y hasta visitas al dentista y al oftalmólogo. Estas últimas fechas en el calendario son una cita obligada. 'Gross Dentistas' se encarga de que estos pequeños tengan cubierta cualquier acción que necesiten de forma gratuita: desde empastes o fluorizaciones hasta extracciones. Debido a las fuertes radiaciones que reciben, el calcio que absorben los pequeños es reducido, por lo que sus dientes se debilitan y desarrollan muchas caries: «Hay niños que pueden ir al dentista en un mes unas diez veces. A los padres les pido paciencia», comenta Almudena Armendia. Por otro lado, la clínica 'Baviera' dedica una tarde a estos pequeños y se encarga de las revisiones oftalmológicas. «Si algunos niños vienen con una patología más concreta, como alteraciones teroideas o cardiopatías congénitas, en el Materno también nos atienden», explica la vicepresidenta de la asociación.

El rango de edad de los pequeños que pueden viajar es desde los 7 hasta los 17 años. Almudena Armendia acogió por primera vez a su hijo de acogida, Yahuen Brakarenka, en cuanto tuvo la edad. Ahora el 'pequeño' ya tiene 15 años y esta vez visitará Málaga de nuevo a finales de julio. Armendia cuenta que Carlos, su hijo biológico, y Yahuen se hicieron amigos desde el primer momento, y que éste tiene claro que en unos años también acogerá a los hijos de Yahuen. «Esta es una experiencia que te cambia la vida por completo. Es lo mejor que he hecho», afirma Grumezescu, que espera pasar un verano especial junto a Andrei.