El Comedor Santo Domingo necesita nuevos socios para mantener la atención diaria que ofrece a más de 150 personas

Algunas de las mujeres que colaboran con la asociación preparan bolsas con comida./FRANCIS SILVA
Algunas de las mujeres que colaboran con la asociación preparan bolsas con comida. / FRANCIS SILVA

Además de un plato de comida, quienes acuden a diario a la entidad reciben asesoramiento para subir su autoestima e intentar mejorar su situación

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

Dice que nunca le ha gustado pedir ayuda. Pero llegó un momento en el que tuvo que hacerlo. Con poco más de 60 años y la prestación por desempleo agotada, Inmaculada se tragó su orgullo y cruzó por primera vez la puerta del Comedor Santo Domingo. Esta mujer, divorciada y sin hijos, apenas podía cubrir sus necesidades básicas con los 430 euros al mes que percibe. En la parroquia de su barrio le recomendaron que acudiera a la entidad para al menos comer en condiciones.

Allí encontró mucho más que un plato caliente y un bocadillo. «Vine empujada por la necesidad y cuando llegué estaba muy mal emocionalmente, tenía ansiedad y estaba apagada», recuerda esta malagueña que prefiere mantenerse en el anonimato. Además de recibir el desayuno, el almuerzo y la cena, empezó a ser atendida por la psicóloga y una trabajadora social de la Asociación Benéfica Patronato Santo Domingo, que ofrece orientación laboral y una atención integral individualizada a los usuarios del comedor para que refuercen su autoestima y consigan mejorar su situación.

¿Cómo ofrecer ayuda?

Escribe a comedor@comedorsantodomingo.org o llama al 952 27 70 27

Un programa cuya continuidad está en peligro si este colectivo, ubicado en El Perchel, no consigue nuevos socios que colaboren económicamente para mantener a los profesionales que acompañan y asesoran a los beneficiarios, que en 2017 ascendieron a 2.327. Así lo advierte la directora, Mari Ángeles Martín, que explica que en los últimos dos años se han perdido unos 250 benefactores. De esta forma, actualmente cuentan con poco más de un millar de socios que hacen alguna aportación periódica, cantidad que no es suficiente para mantener el servicio de orientación laboral, psicológica y social.

El presupuesto anual necesario para 2018 es de unos 340.000 euros, y, según los cálculos de Martín, para alcanzar esa cifra haría falta que unas 50 personas colaboraran con 20 euros mensuales. No obstante, la responsable del Comedor aclara que cada socio puede aportar la cantidad que desee, sin mínimos ni límites.

«Si unas 50 personas aportaran 20 euros al mes podríamos mantener el programa», afirma la directora

El servicio de comida, que es la actividad por la que se conoce popularmente esta asociación, no está en peligro, según Martín, puesto que «Málaga siempre responde con alimentos cuando hacemos algún llamamiento», además de que la entidad cuenta con la colaboración de empresas que aportan víveres. Su financiación se completa con ayudas de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, donativos puntuales y patrocinadores como la Obra Social ‘la Caixa’.

Más de tres décadas ayudando a personas en riesgo de exclusión social han convertido al Comedor Santo Domingo en uno de los colectivos solidarios con más tradición en Málaga. No obstante, son muchos los ciudadanos que desconocen la labor que realiza en cuanto a formación, orientación laboral y apoyo psicológico y social, tal y como afirma la directora. Cada persona que acude a desayunar o almorzar –la cena se la llevan a casa– recibe un asesoramiento personalizado. «No se trata solo de dar de comer, eso es muy fácil. Aquí, además, se llevan un futuro abierto», apunta Martín. Así, la trabajadora social les ayuda con las tareas administrativas para solicitar alguna prestación, por ejemplo, o la orientadora laboral les busca algún curso acorde con sus inquietudes. Y, en el terreno psicológico, cuentan con una especialista que hace un seguimiento caso por caso.

Además de todo esto, sobre todo cuando hay niños de por medio, la asociación corre con los gastos de pagos de alquileres o facturas de luz y agua cuando las familias no disponen de recursos. Ose hace cargo de los medicamentos cuando alguna persona enferma no puede asumir el gasto. Es el caso de José Antonio, de 39 años, que padece una enfermedad rara y desde hace cuatro años acude a diario al Comedor Santo Domingo. Allí le están gestionando el cobro de una prestación y están luchando para conseguir que un médico especialista en su dolencia pueda visitarlo en Sevilla. «Si no viniera aquí mi situación sería terrible», afirma este malagueño que vive solo en Carlinda.

Escondida tras una columna

María es otra de las beneficiarias de Santo Domingo, adonde llegó hace dos años aconsejada por un vecino. Su marido perdió su trabajo como vigilante después de sufrir un ictus y ahí empezaron los problemas para este matrimonio de Las Flores que tiene un niño de ocho años. En Santo Domingo la pareja desayuna y almuerza y se lleva la cena para ellos y también para el pequeño. Para los niños se reparte siempre comida hecha en cocina para calentar en casa y se les proporciona el desayuno para el día siguiente. En el caso de menores que no van al comedor escolar, los progenitores pueden llevarse también su almuerzo. Si algún niño acude a comer allí, hay un pequeño salón en la planta baja más discreto para estas familias.

«Al principio me daba vergüenza venir al comedor. El primer día me senté detrás de la columna», cuenta desde el anonimato María, de 42 años, que actualmente está haciendo un curso de cocina con la idea de poder encontrar un trabajo y también para ocupar su tiempo y sentirse mejor consigo misma. En la asociación también le han gestionado una paga para su marido y otra para su hijo, que tiene reconocida una invalidez. «La comida es importante, pero yo valoro mucho más todo lo demás que recibo aquí», afirma.

Algunas de las mujeres que colaboran con la asociación preparan bolsas con comida.
Algunas de las mujeres que colaboran con la asociación preparan bolsas con comida. / FRANCIS SILVA
«Se me saltan las lágrimas cuando vienen familias con niños»

«Nadie está libre de tener que venir a un comedor como este». Desde hace veinte años Antonio Castañeda es testigo cada semana de cómo la vida puede darte un vuelco hasta el punto de perderlo todo. Cuando este policía nacional se jubiló, empezó a colaborar con el Comedor Santo Domingo, por donde ha visto pasar a «toreros, futbolistas y empresarios» y muchos otros ciudadanos de a pie que en más de una ocasión le han hecho derramar alguna que otra lágrima. «Hace poco vino una mujer por primera vez que estaba llorando mientras comía, me dio mucha pena; es muy doloroso ver gente que antes podía vivir bien de su trabajo y por circunstancias de la vida tiene que venir aquí», recuerda este malagueño, que cada martes prepara y sirve las bandejas de comida a los más de 150 usuarios que acuden a la asociación a mediodía. También colabora haciendo bocadillos o realizando cualquier otra tarea que haga falta. Un voluntario que, por su veteranía y dedicación, «lleva galones», como bromea la directora del centro, Mari Ángeles Martín. Antonio se emociona al recordar imágenes como la de esa mujer llorando, pero sobre todo al pensar en los más pequeños. «Se me saltan las lágrimas cuando veo familias con niños», señala. En cuanto a la parte positiva, destaca la satisfacción que siente «al poder ayudar aunque sea un poquito a los demás». Junto a él, asiente con la cabeza Agustín Navas, otro de los 70 voluntarios que colaboran con el Comedor. Este aparejador jubilado está al pie del cañón desde hace ocho años. Acude a la asociación los martes de 11.00 a 14.00 horas y siempre que lo llaman porque falla algún compañero.

 

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