Diario Sur

Los críticos del PSOE fijan el 25-S como límite para pasar a la acción

Pedro Sánchez y Susana Díaz.
Pedro Sánchez y Susana Díaz. / Efe
  • Los presidentes y pesos pesados contrarios a Sánchez pretenden resolver de una sola tacada el debate sobre la gobernabilidad del país y el liderazgo del partido

Una salva de aviso a Pedro Sánchez. Una más. La oposición al líder del PSOE, con Susana Díaz a la cabeza, impulsó este miércoles en internet una inusual campaña bajo el pretexto de defender la «libertad de expresión» de Guillermo Fernández Vara, vilipendiado en las redes sociales por defender en contra del criterio de la dirección una abstención en una investidura del PP. Pero la maniobra encierra un mensaje de mayor trascendencia. Los críticos quieren que Sánchez sepa que están sumando fuerzas y que le esperan a la vuelta de los comicios del día 25 en Galicia y País Vasco. Si los resultados son malos, avisan, se exigirán «responsabilidades». Lo que no está tan claro es hasta dónde están dispuestos a llegar.

En la amalgama de dirigentes y exdirigentes socialistas que asisten con espanto a la estrategia desarrollada por Sánchez tras las elecciones -y en la que se cuentan desde los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero a los principales líderes territoriales que gobiernan- hay quien sostiene que esta vez sí que sí se forzará su salida para proclamar a la presidenta de Andalucía como nueva líder, y quien, con un enfoque más realista, admite que ni tal cosa es sencilla ni el camino a seguir, en caso de lograr, en efecto, derribar al secretario general, está nada claro. Ni siquiera dan por bueno que se puedan evitar unas terceras elecciones. Díaz ha dado por "seguro" este jueves que el Comité Federal se celebrará tras las elecciones vascas y gallegas, pero al ser preguntada sobre si se concibe esa reunión como un golpe de efecto del sector crítico ante Sánchez para llevarle a dimitir ha respondido: «No sé de qué me habla».

La decisión de Díaz de romper un silencio de meses y significarse por primera vez en mucho tiempo -hasta ahora ha preferido que fueran otros quienes lanzaran la piedra- sí marca, en todo caso, un punto de inflexión en la batalla interna. Y pone en evidencia que se acabó la aparente tregua. De nuevo se sacará la artillería pesada contra Sánchez, al que los críticos acusan de llevar al PSOE al desastre, para evitar que por alguna carambola Sánchez gobierne y se mantenga en el cargo. «Ya no va a haber reservas a la hora de hablar - avisan- el grado de malestar interno es cada día mayor y esto ha servido para que se visualice que el malestar interno está más extendido de lo que parece».

Por si cabía alguna duda, el presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García-Page, culminó ayer la estocada de Díaz. En una rueda de prensa en Toledo, advirtió de que no permitirá apaños con los independentistas como los que, un día sí y otro también, plantea Pablo Iglesias y en los que, según los críticos, parece estar trabajando de forma encubierta Sánchez. «Yo ejerceré a pleno pulmón mi derecho a hablar, en nombre de Castilla-La Mancha y también en clave interna -dijo-, si lo que alguien está intentando es llevar a tal extremo la situación política como para terminar haciendo depender la estabilidad del país de quienes quieren acabar con ella». «Además de ser poco inteligente, estará traicionando los valores de un partido como el PSOE y por supuesto -remachó- nuestras principales señas de identidad».

Asfixia

La referencia al «derecho a hablar» no fue casual. El exsecretario general Alfredo Pérez Rubalcaba insistió en el diario El País en que se está creando un «clima asfixiante» en el PSOE por el que aquel que discrepa es «tachado de antisocialista en las redes sociales». Y el presidente de Aragón, Javier Lambán, argumentó que es necesario «oxigenarse» y librarse de esa «presión». Él defiende que deben replantearse el 'no es no' al PP en el que está enrocado Sánchez, pero no se atreve a afirmar -de hecho, salvo Fernández Vara no lo ha hecho nadie- que haya que permitir gobernar a Rajoy. Es más, la mayoría de los críticos admiten que, a estas alturas, para que ellos desbloqueen la situación sería necesario que el líder popular renuncie.

«Quien debe hacer el primer movimiento es el PP -adujo el valenciano Ximo Puig-; no puede decir que solo hay una solución y es que Rajoy sea presidente, debe haber otra solución».

En la dirección del PSOE encajan las críticas con actitud retadora. Niegan estar detrás de ninguna operación para desprestigiar a Vara y acusan a los críticos de crear una pantalla para justificar sus ataques a Sánchez. Además, son escépticos con las amenazas sobre un desembarco de Díaz. «Hasta ahora -recuerdan- sólo ha amagado»