Un relato contra la ignorancia

El actor Pablo Molinero protagoniza la serie ‘La Peste’, el nuevo trabajo de Alberto Rodríguez. /SUR
El actor Pablo Molinero protagoniza la serie ‘La Peste’, el nuevo trabajo de Alberto Rodríguez. / SUR
Sur en serie

‘La peste’, la nueva serie de Movistar+, es un relato criminal dentro de un drama histórico ambicioso, que asume riesgos en su indagación de la condición humana

MIGUEL ÁNGEL OESTE

La primera imagen de ‘La peste’ es sumamente ilustrativa: varias botas caminan por el barro y el fango por un poblado de chabolas donde vemos animales muertos, mugre, suciedad, miseria y el desamparo de los que nada tienen. Luego el plano se abre: cerca, los barcos que van al Nuevo Mundo, la esperanza, y, al otro lado del Guadalquivir, la Torre del Oro y la ciudad y sus palacios. La secuencia y planos elaborados en distintos niveles funcionan con la exigencia de explorar el mundo y la condición humana en un recorrido a pie no exento de riesgo.

La serie creada por Rafa Cobos y Alberto Rodríguez parece seguir los principios de la naturaleza del drama contado por David Mamet en ‘Los tres usos del cuchillo’: «Habitamos un mundo extraordinariamente depravado, interesante y salvaje donde las cosas no son equitativas, y el propósito del auténtico drama es ayudar a que no lo olvidemos».

Paco León.
Paco León.

La visión de ‘La peste’ no se olvida. Se pega como se pega al ánimo la soberbia luz terrosa, sudorosa, de Pau Esteve Birba. Moscas, mugre, barro, suciedad, sudor, luz de velas y otros detalles que son audaces generan una textura de imagen distinta, más tangible y porosa. La fotografía da densidad a la imagen y a la historia, favoreciendo al mismo tiempo la permeabilidad moral del relato, ya que se obvia lo maniqueo y se apuesta o impone una gama de grises que empapa la visión, el ánimo, el intelecto. Una técnica que se adecua a la tristeza, al abandono, a la pérdida, a la ausencia que acecha en cada una de las secuencias. Mediante una estructura de relato negro-criminal enmarcada en un drama histórico de la Sevilla del siglo XVI que tiene su correspondencia o metáfora con el presente (refugiados, inmigración, el acoso a la mujer y su situación postergada, la crisis, que continuaremos viviendo mientras persista la ignorancia…), la serie trabaja al menos en cuatro capas: 1) la de la investigación de Mateo (Pablo Molinero) que junto a Valerio (Sergio Castellanos) intenta resolver el asesinato de unos nobles sevillanos; 2) el contexto político, social, económico y religioso de la época que trabaja hacia fuera y hacia dentro de un modo orgánico en la historia; 3) el plano simbólico; y 4) la disección de la condición humana, que está vinculada a los tres puntos anteriores y se presenta como una indagación para expresar las diferentes circunstancias de la humanidad y sus contradicciones.

Mundo inculto

Hay muchas maneras de abordar esta estimulante ficción televisiva que no se agota, y que, como mínimo, da para un monográfico extenso. En un momento del episodio 5, dirigido por Paco R. Baños, (el director de la estupenda película secreta ‘Ali’, escrita por Rafa Cobos; Baños también dirige el 4, el resto los dirige Alberto Rodríguez), Monardes (Tomás del Estal), un médico ateo que observa la decadencia y corrupción de la ciudad y sus estamentos con distancia y pesimismo exclama: «La peste es la ignorancia. Eso es lo que verdaderamente acabará con el hombre». Si la imagen de la inmundicia, de la especulación, de la sordidez y depravación moral se construye sobre lo físico y lo espiritual, el hombre, «y la triste confianza en el futuro», jamás tendrá fin en un mundo inculto, algo de lo que la serie da buena muestra en todos y cada uno de sus estratos.

Paco Tous y Patricia López Arnaiz.
Paco Tous y Patricia López Arnaiz.

Frente a una norma no escrita de que las series españolas no debían tener acento, en ‘La peste’ se muestran los idiomas de una ciudad que era el centro en esa época, ciudad portuaria, y los dejes del castellano. Esto da de por sí una distinción y favorece la verosimilitud del relato. En la escritura afilada, al estilo Mamet, desarrollada por Rafa Cobos y Fran Araújo no se explican las cosas y se evita lo explícito, el silencio habla, a veces más alto y claro que las palabras (aunque hay diálogos contundentes; «No hace falta morir para ir al Infierno. La enfermedad es el infierno»), y la sequedad del guion no impide adentrarse en honduras, sino que las facilita, mientras en paralelo adquiere una dimensión filosófica que funciona como un retrato social crítico de la política, la economía y la Iglesia, que lejos de avanzar se regodea en el mismo barro que en el siglo XVI, incluso, tal vez ahora, más, porque el hombre no solo obedece a los dictados del dinero y el sexo y se controla con mecanismos de fe.

A su vez, la pulsátil escritura favorece la narración seca, áspera, pero potente de Alberto Rodríguez y Paco R. Baños, quienes combinan básicamente la fluidez de la cámara en mano y el plano-contraplano en composiciones variadas por medio de encuadres orgánicos y muy corpóreos por las diferentes texturas de luz, la cuidada ambientación y el diseño abundante en detalles. Sin embargo, en esa narración de planos y contra-planos y en sus múltiples variaciones –ojo, la aparente sencillez encubre una enorme complejidad–, sobresale una dirección actoral y un trabajo de miradas que no resulta habitual por estos lares.

Verbigracia la mirada de Luis de Zúñiga (Paco León) a Mateo en el carro mientras tiene los ojos cerrados. Una mirada que cuenta una historia de amistad y amor y que trabaja dentro del plano y fuera de él. O las miradas entre Mateo y Teresa Pinelo (Patricia López Arnaiz). Rodríguez consigue que todo el reparto somatice la ambientación, la negritud de la época y la densidad turbia de lo que cuenta. No hay espectacularidad en las acciones ni sensualidad en el sexo. Todo es roñoso, mezquino, incluso las aparentes relaciones de afecto (Valerio y la chica) se entablan casi como un mercadeo (Valerio le regala un objeto y ella le masturba). Aunque no hay espacio para esto, Cobos y Rodríguez conectan consciente o inconscientemente ‘La peste’ con su filmografía. Hay distintos momentos. Uno sucede en el episodio tres, cuando Mateo halla su imprenta y la mujer le dice: «Sé por qué no puedes dormir. Y no vas a dormir hasta que mueras», momento que encuentra su conexión con la escena de la barca en ‘La isla mínima’.

Gran Inquisidor

La degradación que muestra la serie con esa Sevilla descomponiéndose, azotada por la peste, especulando unos, con la política vista en contraluz y un juego de claroscuros en una estancia viciada llena de simbolismos, o el retrato de la religión a través del Gran Inquisidor Celso de Guevara (Manolo Solo), despliega comportamientos y expresiones compulsivas que revelan la naturaleza humana y los conflictos de su pensamiento. Y como todo está relacionado con esa forma de reprimir que muestra la condición de los hombres, los creadores visibilizan el trato humillante que recibía la mujer, fuese prostituta o noble.

Teresa Pinelo, mujer culta y sensible, con un carácter fuerte, representa esa posición de la mujer supeditada al hombre, sin capacidad para firmar los cuadros que pinta, ni para decidir sobre el negocio que legalmente le corresponde tras la muerte del marido. El papel de sometimiento absoluto al varón que visibiliza la serie resulta muy vigente cuando hasta no hace mucho en la sociedad que conocemos el marido debía dar su consentimiento a la esposa si esta decidía operarse para no tener hijos.

La creación de Cobos y Rodríguez para Movistar+ puede disfrutarse de muchas maneras, como ficción criminal, como exploración de la microhistoria en el desafío de la macrohistoria, como perspectiva y lectura crítica al funcionamiento político y social de una sociedad que no avanza… pero sobre todo, ‘La peste’ es la constatación de que si se dan las condiciones favorables y se apoya el talento –el de Rafa Cobos, Alberto Rodríguez, Pau Esteve Birba, Julio de la Rosa, Manuela Ocón, Pepe Domínguez del Olmo...– se hace muy, pero que muy buena ficción televisiva. Y ‘La peste’, sí, es una estimulante serie a la que hay que regresar. Acudan.

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