Una despedida lírica

Andrea Bocelli dividió su recital en dos partes con estilos bien diferenciados.
Andrea Bocelli dividió su recital en dos partes con estilos bien diferenciados. / Jorge Rey

Andrea Bocelli da por concluido el Starlite ante un auditorio prácticamente lleno tras un recital con varios guiños a la música española tradicional

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

El último hilo de voz de Andrea Bocelli en una espectacular interpretación de ‘Nessum dorma’ –puede que la pieza más ‘mainstream’ de una ópera– marcó el domingo por la noche el fin de un verano. Quizá no el de todos, pero sí que era el ocaso de esta sexta edición del Starlite, que se despidió con la ayuda de la Dana que estaba por venir. El fuerte viento que soplaba al final del concierto, junto a unas pocas gotas de lluvia, era la guinda que le faltaba al recital para terminar de una forma épica. Aun así, y siendo justos, a la voz del italiano no le hace falta ningún efecto especial o natural para causar un torrente de sentimientos al que le escucha.

Ni tan siquiera el prohibitivo precio de las entradas (rozando los 500 euros en la platea), ni el cambio de fecha debido a problemas de salud del artista, condicionó que el auditorio de la cantera de Nagüeles llenara casi todas las localidades, entre las que había una buena parte de notables y habituales de Marbella, como el ‘Cholo’ Simeone, Carmen Lomana, Jaime Ostos, o Sergio Scariolo, entre otros.

La elección de ‘Turandot’ para el final encandiló a los asistentes

Bocelli planteó el concierto –en el que estuvo acompañado de una brillante Orquesta Filarmónica de Málaga– con dos partes bien diferenciadas. La primera fue una demostración de lírico que dejó atónitos a aquellos menos versados en el género grande. Eso sí, supo elegir aquellas piezas que buena parte de ellos había podido conocer en otros contextos. De ahí ‘La donna è mobile’ de Rigoletto, o la otra gran pieza de Verdi, el ‘Brindisi’ (brindis) con el que da comienzo La Traviatta. Además no estuvo solo, su ‘dama de las camelias’ particular, la cubana María Aleida Rodríguez, no solo fue una acompañante circunstancial, sino que vino para elevar el nivel. Ella sola interpretó ‘La Bambola’ mientras hacía las veces de muñeca metida en una caja de música, y estuvo muy presente justo al final cuando interpretó ‘Con te partiro’.

Andrea Bocelli quiso sorprender a la audiencia, y por eso eligió una de las grandes arias de la historia de la ópera, pese a que su obra en términos generales apenas ha sido producida. ‘O Souverain’, perteneciente a la obra ‘El Cid’, del francés Jules Massenet, era para Pavarotti una de sus piezas favoritas, una característica que compartía con Plácido Domingo. El atractivo estaba, justamente, en que tal como rezaba en la pantalla, era la primera vez que el italiano la interpretaba encima de un escenario. La grandeza del aria estuvo, ya que se menciona, muy por encima del vídeo anacrónico que se emitía mientras era interpretada. A nadie le amarga ver imágenes de los Palacios Nazaríes o del Generalife de la Alhambra, pero los productores de Bocelli deberían saber que Rodrigo Díaz de Vivar poco o nada tiene que ver con la tierra de Boabdil. Seguramente al italiano no le hubiera gustado que se hubiera mezclado a Mazzini con un Medici, que se sacan la misma diferencia de años que Muley Hassan y el Cid.

Canción popular

Anécdotas a un lado, lo cierto es que la elección musical tuvo una segunda parte tan brillante como la primera. Era el turno de la música más tradicional y popular, aunque no por ello abandonó el tono lírico. Después de la emisión de un vídeo con imágenes de ‘Amarcord’, la ‘Dolce Vita’ u otras imágenes de películas de Fellini con la música de ‘8 y medio’ sonando de fondo, el intéprete invitó al escenario a Ilariadella Bidia, otra diva italiana, aunque en este caso más ‘popera’ que otra cosa. Junto a ella cantó ‘Cheek to Cheek’ y una espectacular versión de ‘Canto della terra’. En esta parte llamó al dúo de guitarristas Karisma, con los que, ahora sí, cantó una versión de ‘Granada’ con un sonido muy local.

Bocelli eligió Marbella para cantar por primera vez ‘O Souverain’, de la ópera ‘El Cid’

Después de aquello solo quedaba sitio para una última bocanada que se iba a dar con lluvia. Primero fue el turno de ‘The Gladiator’, y aunque se saltó ‘Vivo por ella’ pese a estar en el ‘setlist’, Puccini y su ‘Turandot’ terminaron por hacer saltar a la gente de sus butacas. ‘Que nadie duerma’, dice su título. Eso sí que era imposible.

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