Francisco Leiro, la escultura que echa raíces, en el CAC Málaga

Salvador Salas

El centro municipal reúne las imponentes tallas en madera del autor gallego con una obra entre lo local y lo universal

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

«Los artistas, todos, estamos obsesionados por dos o tres cosas». Lo dice y levanta los hombros Francisco Leiro, como queriendo zanjar con una generalidad una cuestión compleja, sabedor, quizá de que apenas hay respuestas. Sólo preguntas. Incógnitas frente a las noticias del mundo y el desasosiego íntimo, un vértigo que en su caso encuentra el ancla suave y recia de la madera de cedro, de pino, tallada en esculturas monumentales. Obras que se preguntan por la política, el amor, la guerra. Obras entre la aldea natal y el mundo global, que crecen como un árbol y echan raíces ahora en el espacio principal del Centro de Arte Conteporáneo de Málaga (CAC Málaga).

Y existe una suerte de solución de continuidad en el hecho de que las esculturas de Leiro tomen el relevo a las pinturas de Santiago Ydáñez en las mismas salas del CAC Málaga. Porque Ydáñez y Leiro comparten una crudeza formal sólo aparente que da paso a múltiples niveles de lectura en sus respectivos trabajos. Comparten además la reflexión sobre las relaciones de poder en la sociedad contemporánea, la preocupación por la naturaleza más allá del mero decorado y el interés por la política como expresión del conflicto.

La exposición

Lugar
CAC Málaga
Fecha
Hasta el 7 de enero
Horario
De martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas
Entrada
Gratuita

A partir de ahí, el CAC Málaga reúne hasta el próximo 7 de enero un conjunto de más de 40 obras que repasan la última década de producción del artista gallego. Una trayectoria que, como el propio Leiro (Cambados, Pontevedra, 1957) recordaba ayer, comenzó en los terrenos del surrealismo y que con el tiempo fue aproximándose al expresionismo, sobre todo, a la tendencia alemana, como glosó el director del CAC Málaga, Fernando Francés, a la sazón comisario de la muestra.

El montaje presenta por tanto un conjunto de esculturas monumentales en madera a modo casi de tótems. «Ahora parece que todos somos ejecutivos o banqueros», comentaba Leiro con sorna al hilo de sus obras de temática sociolaboral. Ahí da la bienvenida al espectador el conjunto ‘Supervisor y tres acarreadores (2013), junto a ‘Box’ (2011), enfrentada a la circular composición ‘Don Quijote apaleado por tres arrieros’ (2005) que marca además el inicio temporal de la muestra.

El horror y los sueños

La guerra brota en la columna de cuerpos empalados de ‘Alepo’ (2016), situada junto al personaje anónimo de mono naranja que ofrece ‘Operario’ (2009). Esta última podría enlazar con la cuestión medioambiental, marcada aquí por las obras vinculadas al desastre del ‘Prestige’ en las costas gallegas. Sería el trasfondo de ‘Réquiem’ (2005), que a su vez abriría la puerta a un ámbito más íntimo donde cabría enmarcar piezas como ‘Calafateador’ y ‘Mudanza’ (ambas de 2010).Esta última presenta una figura humana acarreando una camisa y un pantalón, un Sísifo desnortado que brinda un ejemplo de la investigación que Leiro emprendió durante años a partir de la vestimenta como metáfora vital. Una labor en la que Leiro investigó sobre «cómo puedes hacer una pieza figurativa en la que el individuo desaparece».

Y ese afán de universalidad y al mismo tiempo de anonimato, esa querencia local y a la vez planetaria, surge como el cruce de caminos conceptual que marca buena parte de la producción de Leiro, cuya obra «resume lo que significa la escultura española de los últimos 50 años», según Fernando Francés. Así, el director del CAC Málaga inscribía a Leiro como último eslabón de una cadena donde figuran Julio González, Oteiza, Chillida y Juan Muñoz.

«Su obra se ha movido siempre entre lo poético y el compromiso social», ilustraba Francés. Entre lo global y lo local, entre lo íntimo y lo político. Si acaso todo no es, al cabo, la misma cosa.

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