Espido Freire: «La vanidad es difícil de esconder»

Espido Freire, ayer, en la librería Rayuela.
Espido Freire, ayer, en la librería Rayuela. / PAULA HÉRVELE
  • La escritora retrata a la última zarina en la novela ‘Llamadme Alejandra’, que ayer presentó en la víspera de La Noche de los Libros

Es fácil encontrarla. Y no solo en las librerías. Es una asidua practicante de las redes sociales, lleva al día su blog y publica un cuento radiofónico diario. Y es que a la incansable Espido Freire (Bilbao, 1974) le encanta el contacto con el lector. De otra forma no se entiende que considere que uno de sus defectos es ser «vaga». Y aclara que es como esos tímidos que pierden la vergüenza cuando se suben al escenario. Compensa su pereza con un no parar. Ayer pasó por Málaga para participar en los actos previos de La Noche de los Libros y presentar en Rayuela ‘Llamadme Alejandra’ (Editorial Planeta, Premio Azorín de Novela), la crónica de la última zarina de la dinastía de los Romanov. Una historia que a la autora le rondaba desde niña.

–En su nuevo libro toma una protagonista que era una secundaria de la historia: la reina Alejandra .

–Cuando era niña vi su foto y me llamó la atención su tristeza. Leí que había sido fusilada y, como yo tenía siete u ocho años, tuve que preguntar lo que era fusilar. Y dio la coincidencia de que la mataron la noche de mi cumpleaños y eso se me quedó. Las casualidades de niña se convierten en obsesiones de escritora.

–Usted humaniza a Alejandra, pero muestra que no fue una gran reina.

–Fue una mujer con sus luces y sombras. Coherente, buena y, en algunos aspectos, moderna, como la relación con sus hijos y su educación. Pero se dejó llevar por malos consejos, por supersticiones y por ideas conservadoras e inadecuadas. No he querido ahorrar eso para mostrar la evolución de la psicología social.

–Una de las que le recomienda cambiar de actitud es la propia Sissi.

–Le dice que estudie, cuide su vestuario y viaje todo lo que pueda. Sissi fue una mujer inteligente e intelectual, aunque infeliz. Estaba en las antípodas de Alejandra, que era muy guapa, pero obsesionada más por la salud que por la belleza. Esa escena es la de la vieja emperatriz mirando al futuro muy poco antes de ser asesinada frente a una zarina que también sería asesinada.

–Usted retrata a estas mujeres en jaulas de oro…

–Vivían bajo unas normas muy rígidas. Si las comparas con Madame Bovary o Anna Karenina, que no pertenecían a la aristocracia, vemos que también vivían encorsetadas por el que dirán y las reglas. En el caso de las reinas existía el protocolo y, aunque ya entonces la idea de la libertad individual empezaba a colarse, obedecían porque no les quedaba otra.

–Como si usted siguiera a Sissi, en su blog retrata la presentación en Madrid de este libro y habla de la elección de su vestido negro para la ocasión. ¿Para los escritores, los periodistas somos como ese pueblo para el que viste Alejandra?

–Ja, ja, de pronto haces sentirme zarina. No soy una escritora convencional, empecé muy joven, tengo intereses en torno a la cultura y tampoco es un secreto que trabajo con marcas. Mi madre era modista y la ropa siempre me ha interesado. En el blog o en redes sociales cubro ese espacio. Lo digo porque se puede confundir con sobreexposición. Cuido los detalles, pero sin entrar en temas íntimos porque no me sentiría cómoda.

–Con el Premio Azorín le estamos recordando que fue la ganadora más joven del Planeta. ¿Los galardones ponen a prueba la vanidad?

–La vanidad es tan difícil de esconder que cualquier cosa la pone a prueba. Todos conocemos a gente que no ha ganado un premio ni un mérito y les puede la vanidad y el ego. Lo que siempre he reivindicado es que las escritoras, desde la perspectiva de mujer, nos encontramos con un conflicto porque no se sabe cómo tratarnos. ¿Qué somos? ¿‘celebrities’ o intelectuales? Si somos lo segundo, ¿podemos sacarnos fotos y estar monas? Esas cuestiones no las he ocultado nunca y alguno puede pensar que tenga relación con la vanidad. Pero ese no es el mayor de mis defectos.

–‘Celebrities’ y intelectualidad no tienen que ser antónimos...

–Lo triste sería una sociedad en que personas que tienen peso intelectual no fueran famosas ni reconocidas. Sería interesante descubrir el mérito real de las ‘celebrities’. Seguro que todos tienen alguno, aunque sea inteligencia para el marketing o capacidad para conectar con una emoción. Y defiendo que ese espacio social también lo ocupen deportistas, científicos, artistas o escritores. Pero como te digo tengo otros defectos más notables que la vanidad.

–¿Cuáles?

–Soy una perezosa.

–No lo parece.

–Como los tímidos hipercompensados, soy una vaga hipercompensada. Y otro defecto es mantener una emoción estable. No diría que soy una inestable emocional, pero soy sensible a los cambios. Mi lucha para encontrar un equilibrio me hace estar en continúa tensión.

–‘Llamadme Alejandra’ también tiene un relato sobre la incapacidad de la corona para adaptarse a los tiempos. ¿La realeza es del pasado?

–Las monarquías son muy antiguas y las que no se modernizan, desaparecen. Uno de los ejemplos más claros es la dinastía de los Romanov, que durante 300 años funcionó socialmente, pero desapareció por inadaptación a los tiempos y lo hizo de manera cruel. Pero desde el ajedrez al Burger King, el rey continúa siendo un símbolo de poder y estabilidad. Los símbolos son más poderosos que las personas. En este sentido hemos avanzado poco desde la Edad Media.

–En España hemos renovado esos símbolos por su vinculación con la corrupción.

–Por suerte sin sangre de por medio. Estamos en un momento en el que los conflictos se resuelven de otra forma. Y no olvidemos que vivimos en una democracia.

–¿Y cuál es su opinión de nuestros actuales monarcas?

–Tengo poco que decir. Tenemos poca distancia histórica. Y hablar solo de impresiones me parece muy frívolo.

–Con los libros está ocurriendo una revolución, ¿lo digital es bolchevique y el papel es el zar?

–Ja, ja. No es tanto una revolución como una integración. Hace cinco años hablábamos de que lo digital sustituiría al papel, pero no va a ser así. Curiosamente entre las nuevas generaciones, el libro en papel, que es más caro y perdura, está adquiriendo una nueva idea de estatus y de poder. Lo fácil es tenerlo en electrónico y lo prestigioso, en papel.

–¿Es su caso?

–Soy de todo. En la mesita de noche tengo el libro ‘Más allá del ancho Misuri’, un ensayo que ganó el Pulitzer, y una versión digital de una tesis sobre literatura contemporánea.

–En Málaga, tenemos una feria del Libro que está en crisis y una Noche de los Libros que se ha convertido en un fenómeno. ¿Hay que pasar página hacia la modernidad ?

–Claro. El sector del libro evoluciona con mucha lentitud y tiende a ser conservador. Pero las necesidades del lector están por encima. Encontrar un equilibrio entre la industria y lo que el lector contemporáneo exige es el reto. Tenemos que darnos cuenta de que el libro está vivo y que somos nosotros los que nos estamos quedando anticuados.

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