Cazadores de la historia invisible

Cazadores de la historia invisible

Un grupo internacional de arqueólogos peina Ardales y Teba tras el rastro subterráneo de antiguos homínidos. Quieren entender cómo llegó el ser humano hasta el sur de Europa

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Al final de las escaleras hay más ruido del habitual. Donde suelen reinar la oscuridad y el silencio, varios focos y el sonido de trabajo manual se han colado para quedarse unas semanas. Las luces artificiales dejan ver las paredes de roca desnuda, aunque no alcanzan a iluminar el techo, ubicado a varios metros sobre los cascos de los arqueólogos. Hacia arriba sólo hay negrura y vacío -la cueva no desvela sus secretos tan fácilmente-. Tras descender una veintena de peldaños, la primera de las zonas de excavación aparece entre utensilios, mapas y cordones que delimitan los puntos de búsqueda. Taylor Otto y Diego Fernández están tumbados, armados con varias espátulas y un par de linternas frontales. La Cueva Prehistórica de Ardales ha abierto sus puertas a un equipo internacional de arqueólogos que buscan restos humanos y animales con los que datar la presencia de civilizaciones en la zona hace miles de años, una campaña que se basa en las cosas pequeñas, en la Historia que no se ve.

Unos metros más abajo está perimetrada la denominada 'zona cinco', donde la arqueóloga alemana Viviane Bolin, de la Universidad de Colonia, coordina la búsqueda. En una mesa compuesta por dos caballetes y un madero consulta algunos planos con José Ramos, doctor en la Universidad de Cádiz, entidad que participa en el proyecto junto al centro germano vinculado al Neanderthal Museum. En el silencio de la cueva alguien la reclama. Se acerca a comprobar lo que le dice un compañero y ambos conversan en alemán durante varios segundos. «Es una pieza de sílex, algo bastante poco habitual en este yacimiento». La Cueva Prehistórica de Ardales fue refugio temporal del hombre de Neanderthal y de su sucesor, el Homo Sapiens, durante temporadas intermitentes, ya que el clima de la zona permitía que vivieran en el exterior. «Lo normal es encontrar diminutos restos animales y piezas de carbón, pero no piedras talladas, por eso este sílex podría ser interesante». Bolin reconoce que ya no se ilusiona cuando encuentran algo como cuando empezó.

Y así es la jornada laboral de la veintena de expertos que se ha desplazado hasta el interior de la provincia de Málaga. Durante cinco semanas -que comenzaron a principios de septiembre- han cambiado los despachos de sus respectivas facultades por un pedazo de tierra en la completa oscuridad. «Trabajar en la cueva es increíble, te sientes pequeño porque estás abordando algo muy grande». Bolin lleva acudiendo a Ardales desde 2015, cuando comenzó la campaña. «Ya nos hemos acostumbrado a estar aquí y le sacamos partido a las ventajas que tiene que tu oficina sea una cueva».

«En la cueva te sientes muy pequeño porque estás abordando algo muy grande» viviane bolin. coordinadora de las excavaciones

Sin referencias

Fernández y Otto coinciden con la coordinadora germana en las ventajas de trabajar bajo tierra, aunque reconocen que también tiene sus inconvenientes: «Aquí no tenemos referencia del paso del tiempo porque no se ve la luz del exterior». Así, se obligan a mirar el reloj cada cierto tiempo e incluso se ponen al a veces las jornadas se consumen y se olvidan de comer o beberarmas a determinadas horas, porque: «Estás concentrado y nada hace que tu mente se desvíe de lo que tienes delante».

Con una paciencia infinita, los arqueólogos avanzan hacia el interior del terreno. En una capa de tierra pueden haber materiales concentrados de hace varios miles de años, por lo que el proceso ha de ser lento y concienzudo. Unas etiquetas blancas marcan los tramos que ya han sido datados con cronologías completas gracias al carbono catorce. En poco más de un metro de profundidad hay referencias desde hace 28.000 años AP -Antes del Presente, escala temporal que establece el año 1950 como inicio del tiempo actual- hasta más de 50.000 años AP.

Toda la tierra se almacena en sacos y se lleva a un punto de triaje, que en esta ocasión se ha instalado en el antiguo campo de fútbol de Ardales. Allí, los sedimentos extraídos en la cueva y en la Sima de las Palomas pasan por un proceso de filtrado en el que se separa la paja de grano, ya que en el propio yacimiento se seleccionan solo los restos más fáciles de reconocer en esas condiciones. La labor de identificación y catalogación es fundamental para que el trabajo de campo llegue a los laboratorios especializados de manera ordenada y estructurada. Eduardo Vijande es el doctor encargado de coordinar las labores de triaje. «Mucha gente ve la arqueología como el que ve a Indiana Jones, con grandes restos y yacimientos de gran envergadura; nosotros hacemos la arqueología de lo invisible, en una piedra de carbón del tamaño de la punta de un lápiz podemos conocer la vegetación que había hace miles de años en una zona específica».

Un lugar único

Pedro Cantalejo, responsable de Patrimonio del Ayuntamiento de Ardales y uno de los máximos conocedores del entorno, visita casi diariamente los trabajos del equipo internacional. «La Cueva de Ardales es un lugar único en cuanto a la conservación de los estratos, hay dataciones muy precisas y seguimos confirmando fechas», comenta. Pero en este caso la campaña no estaría completa sin la Sima de las Palomas, uno de los yacimientos «con más potencial del sur de España» tal y como explica Serafín Becerra, enlace entre el Ayuntamiento de Teba y la investigación.

A quince kilómetros de Ardales, próxima a la sierra de Peña Rubia, la Sima de las Palomas se antoja como un pequeño oasis en medio de la vegetación montañosa. Varios vehículos están aparcados a los pies de la loma, síntoma de que, al igual que en la cueva, la calma del lugar se ha tomado un descanso para dar la bienvenida a los investigadores. La alemana Ivonne Tafelmaier coordina los trabajos en la zona. Asegura que ese pequeño rincón de Málaga se ha convertido en su hogar, no sólo por las claves científicas del terreno, rico en sílex y evidencias del Neanderthal, sino también por el entorno: «Es increíble poder estar aquí, al aire libre y con unas vistas magníficas».

Veinte personas de diferentes países pasarán cinco semanas buscando pruebas de otras vidas donde la mayoría de las personas verían únicamente tierra, barro y polvo. Su aportación quizá sólo sirva para unir dos puntos minúsculos en una gran línea temporal todavía llena de tramos vacíos, pero ellos siguen a la caza, porque como dice el doctor José Ramos en uno de los trayectos desde la sima a la cueva, «es imprescindible conocer el pasado para que podamos entender el presente».

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