Elisa Urrestarazu: «El saxofón es un instrumento salvaje»

Elisa Urrestarazu, en la sala de ensayos de la Orquesta Filarmónica de Málaga.
Elisa Urrestarazu, en la sala de ensayos de la Orquesta Filarmónica de Málaga. / Fernando González
  • La joven saxofonista estrenará dentro de un mes junto a la Orquesta Filarmónica una composición del también malagueño Eneko Vadillo

Reparte los días entre las clases que imparte en Nerja, el estudio de oposiciones y más horas de estudio de 'Mercurial', la composición del también malagueño Eneko Vadillo que estrenará el 3 de marzo junto a la Orquesta Filarmónica de Málaga en el Auditorio Edgar Neville de la Diputación. Metódica y perfeccionista, premio de la Fundación Musical Málaga al mejor expediente académico de su promoción en el Conservatorio Superior de Música, Elisa Urrestarazu (Málaga, 1987) libera tensiones practicando atletismo. Quizá por eso lleva con deportividad que siempre le pregunten, como saxofonista, por qué no se dedica al jazz en lugar de a la música clásica y contemporánea.

¿Cómo surge 'Mercurial'?

Los saxofonistas tenemos un repertorio muy reducido, porque se trata de un instrumento muy reciente, con muy pocos años de vida y siempre estamos en contacto con los compositores para intentar que se amplíe ese repertorio. El saxofón nació en 1840 y tiene muy pocas piezas románticas. Eso se agrava con que la orquesta ya estaba definida y entonces sale de repente un instrumento que se coló de lleno ya en el siglo XX, por eso hay más piezas de música contemporánea para saxofón que de clásico.

¿Y cómo llegó a ese instrumento tan raro en el repertorio clásico?

Empecé en la música a partir de una banda de música de una cofradía donde estaban mis hermanos. Ellos tocaban el clarinete y mi madre me dijo 'Tú deberías tocar algo nuevo' y como me gustaba el saxofón, pues así empezó. Fue por azar y luego de convirtió en algo esencial en mi vida.

El saxofón suele estar asociado al jazz, pero se ha decantado por él para un repertorio clásico y contemporáneo. ¿Cree que hay cierto prejuicio sobre este instrumento en la música llamada 'culta'?

Sí, claro. Todavía me preguntan por qué no hago jazz, al fin y al cabo la música clásica se dirige a un público minoritario y no es del todo popular. Incluso la música contemporánea sigue siendo algo raro dentro de algunas programaciones de orquestas. Creo que el saxofón aún no se considera lo suficiente.

¿Por qué?

Porque se relaciona con el jazz, por un lado, y como hay tan poco 'papel' en la orquesta, se relega a un segundo plano.

Una carencia que ahora se ve paliada con el estreno de 'Mercurial'.

Sí. Contacté con Eneko (Vadillo) que tiene mucha experiencia con la orquesta y con la música contemporánea. Es lo más potente que he hecho. Hay muy pocos conciertos de saxofón y orquesta en España y ampliar el repertorio orquestal solista es una muy buena noticia para nosotros.

¿Cómo se prepara para protagonizar un estreno mundial de este tipo?

Tiene mucho trabajo previo. A lo largo de tu carrera estudias obras clásicas que están en la programación y al hacer un estreno no tienes esa labor previa. Aquí no es el caso. Llevo cuatro meses trabajándola. Además, se trata de una obra muy difícil, muy matemática, con muchos matices, pero ya creo que la tengo dominada.

El miedo escénico

¿Nada, entonces, de miedo escénico?

Si no se trabaja mucho, el miedo escénico llega a entorpecer esa destreza. Si estás habituado a tocar vas teniendo más soltura. Por ejemplo, con la crisis, no surgían muchos conciertos y ahora sin embargo se han juntado varios en marzo y sí llega ese respeto. Me tengo que habituar de nuevo. Es cierto que antes de que llegue el concierto siempre hay nervios, pero en el momento de tocar disfruto un montón. Además, ya son 21 años tocando...

¿21 años, de cuántos?

De 29. Empecé con ocho.

¿Siente que se ha dejado muchas cosas por el camino para llegar hasta aquí?

En realidad, a mí me ha gustado más el saxofón desde que me fui a Francia. Allí tuve una profesora buenísima (Marie-Bernadette Charrier) y lo tuve súper claro. Ahora ya es una forma de vida. Antes no lo tenía tan claro. Hice la Selectividad por eso, porque no tenía claro qué carrera hacer. ¿Algo que se me haya quedado en el tintero? Quizá moverme antes, salir antes.

Ya que habla de salir, ¿qué supuso la obtención de la beca de la Fundación Musical Málaga, que le permitió ampliar su estudios durante dos años en Burdeos?

¡Buah! Eso lo ha sido todo. Eso fue lo que me animó a salir. Era algo que me daba mucho miedo y, aparte de la experiencia, conocí a muchos compositores, el sistema de trabajo de esta profesora era muy exigente y todo eso hizo que me enamorara del saxofón y hoy es mi medio de vida.

¿Hay sitio para el glamour en ese medio de vida?

Quizá visto desde fuera sí, se sigue viendo la música clásica como algo elitista.

¿Y está de acuerdo?

Sí y no. Depende del país. Aquí se ve como algo elitista y poca gente va a los auditorios, pero en Viena por ejemplo, se hacen conciertos en la calle y se llenan de gente. Aquí la música en general no se valora lo suficiente. Cuando iba en el metro en Francia y me veían con la funda del saxofón me preguntaban y me felicitaban por ir al conservatorio. Aquí, te preguntan qué más haces, además de estudiar música. Hay de todo, claro, pero nos falta mucho en ese camino, sobre todo, dentro de lo clásico, lo contemporáneo, que se sigue viendo como algo muy raro.

¿Y no le ha tentado otro repertorio, el jazz, por ejemplo?

Siempre me lo dicen: 'Pásate al jazz, que vas a ganar más dinero' (ríe). Me gusta escucharlo, disfrutarlo, pero no me seduce por ahora. Son dos mundos totalmente diferentes, pero ahí estamos, para mostrar como algo nuevo dentro de la música contemporánea.

Es frecuente que a la música contemporánea se le achaque cierta frialdad. ¿Comparte ese análisis?

Eso dicen, que al final se convierte en algo objetivo, en lugar de en algo subjetivo como debe ser el arte. Pero todos los géneros, sobre todo desde mediados del siglo XX, tienen algo de matemático, porque se querían apartar de todo lo anterior.

¿Y dónde queda la pasión?

En el clásico se desarrolla más, pero aquí es un trabajo más técnico. Para demostrar los sentimientos está el bis (ríe).

¿Para usted la música tiene que ser pasional?

Sí, siempre. Hay estilos quizá un poquito más fríos, pero la música clásica tiene que tener su punto pasional.

La música y el caos

¿Qué música le pondría a esta época?

La de Eneko, porque es el caos y él quiere representar un poco eso, pese a todas las fórmulas matemáticas que emplea. Y el tercer movimiento con el tenor es una locura...

A eso hay que unirle la fuerte presencia sonora de un instrumento como el suyo, el saxofón.

En el clásico está muy domesticado, porque es un instrumento salvaje, es muy expresivo y puede ofrecer muchas cosas. Tiene muchas cualidades, es un instrumento muy polivalente y se adapta a todo. Yo lo considero mucho más expresivo que otros instrumentos.

¿Y cree que ha conseguirlo domesticarlo del todo?

Cuando tocas clásico cuesta mucho, muchísimo, porque esas obras a menudo están escritas para otros instrumentos y tienes que adaptarte, pero ahí estamos.

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