Diario Sur

La plataforma cívica conquista la Aduana dos décadas después

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Una lucha con final feliz.

Representantes de la plataforma ‘La Aduana para Málaga’, ayer en el palacio junto a cargos de la Consejería de Cultura.

  • Los representantes de la comisión ciudadana La Aduana para Málaga conocen al detalle el museo

  • La Junta de Andalucía dedica la primera visita especial a los miembros de aquel movimiento y sigue sin concretar la fecha exacta de apertura del equipamiento cultural

Quizá no haya justicia sin memoria. Por eso, en una tierra tan desmemoriada como a menudo injusta, las excepciones merecen una celebración sin ambages. Vítores casi deportivos, repiqueteo de abrazos y el surco salado de una lágrima cayendo mejilla abajo. Porque hace 19 años fueron la punta de lanza del movimiento ciudadano que reivindicó el palacio de la Aduana como sede del Museo de Málaga y ayer protagonizaron la primera visita especial programada por la Junta de Andalucía para conocer el equipamiento cultural. Dos décadas después, conquistaron la Aduana. Por una vez, hubo memoria y justicia.

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«Esto es el producto de la lucha y del compromiso ciudadano», recordó ayer la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, ante los representantes de aquella comisión ciudadana que bajo el lema ‘La Aduana para Málaga’ catalizó la reivindicación cívica para que la entonces sede de la Subdelegación del Gobierno –y comisaría de Policía– acogiese las colecciones de Arqueología y Bellas Artes del museo provincial.

Unos fondos que después de casi dos décadas almacenados ya lucen en las salas de la Aduana. Esa fue una de las novedades de mayor enjundia que deparó el paseo de ayer por el palacio, respecto al vivido el pasado 5 de mayo, cuando el Gobierno entregó el inmueble a la Junta. Ya están colgados todos los fondos del Museo de Málaga, del pozo fenicio de Chorreras (Vélez-Málaga) a las pinturas del Grupo Palmo, del impresionante mosaico romano ‘El nacimiento de Venus’ a la irreverente lucidez de los Martín Parejo School, del siglo VIII a. C. al XXI.

«¡Veo, veo, veo... La Aduana de museo!», gritaban Manuel Morales y Francisco Jurado nada más cruzar el portalón de madera que da acceso al palacio. Ya dentro, la consejera definió a quienes allí estaban como «el motor, el alma y el corazón» de la reivindicación ciudadana que pedía la Aduana como sede del Museo de Málaga. «Los protagonistas hoy (por ayer) sois vosotros (…) Los que ayer construistes lo que ahora vamos a disfrutar», sostuvo Aguilar, que siguió sin concretar ni la fecha exacta de apertura ni la inversión necesaria para echar a andar el museo. En cuanto a lo primero, se mantienen los planes de inaugurarlo antes de diciembre. Respecto a lo segundo, la Junta esperará a la adjudicación de los contratos de servicios relacionados con el funcionamiento del museo y a concretar la plantilla para ofrecer la cantidad que destinará a la puesta en marcha del añorado museo provincial.

Un poco de ingenuidad

«Estábamos convencidos de que era muy importante este museo, pero hoy, ya aquí y viéndolo, todavía me doy cuenta de que aquellas premoniciones que teníamos eran algo ingenuas. Es un grandísimo museo de talla internacional», remachaba con un conato de las lágrimas en los ojos Mariluz Reguero, portavoz de aquella plataforma La Aduana para Málaga y directora del CAC de Vélez.

«Que todo un pueblo comprendiera la necesidad de un museo que fuera representativo de toda una ciudad, de toda una historia, de toda una vida es una cosa impresionante. Y después de ver esta realidad... Se queda uno conmocionado, emocionado y satisfecho por lo increíble que hemos hecho, porque elegimos un lugar que era emblemático», esgrimía Antonio Morales, por entonces presidente del Ateneo de Málaga.

Junto con el Ateneo, otra de las entidades que primero se sumaron a la reivindicación fue la Sociedad Económica de Amigos del País, presidida a finales de los 90 por Vicente Granados, también ayer partícipe en el paseo por el museo y la memoria: «Me acuerdo de los primeros momentos de aquello... De las reuniones en El Pimpi, cuando éramos como mucho 12 personas. Después se fue sumando gente. Y fue un empeño de mucha gente. Recuerdo que mi hija tenía nueve años, ahora es arquitecta y vive en Barcelona y es como si la viera gritando ahí, en aquellas manifestaciones, con la pancarta en la mano, ‘Veo veo veo... la hora del museo’... Ha tardado mucho tiempo, pero aquí lo tenemos».

El arquitecto y urbanista Salvador Moreno Peralta también lidiaba con multitud de emociones; eso sí, todas tenían que ver con «la euforia». Con el ojo avizor del especialista, Moreno Peralta destacaba el trabajo del arquitecto Fernando Pardo: «La arquitectura está aquí, de una manera casi imperceptible, con un cuidado y con un mimo extraordinario, al servicio de la contemplación de las obras».

Obras que ya están un poquito más cerca. Es una cuestión de justicia. Y de memoria.