José María Hernández: «Hoy llegamos a enfermos a los que antes dábamos por perdidos»

Después de cuatro años evitando la operación 'a corazón abierto a casi 250 pacientes, el médico malagueño instruye ahora a cardiólogos Jefe de la unidad de hemodinámica del Clínico

ANTONIO ORTÍN AORTIN@DIARIOSUR.ESMÁLAGA.
José María Hernández, en una de las salas de la unidad de hemodinámica del Clínico. ::
                             ANTONIO SALAS/
José María Hernández, en una de las salas de la unidad de hemodinámica del Clínico. :: ANTONIO SALAS

La unidad de hemodinámica del Hospital Clínico es un ir y venir constante. Una sucesión de enfermeros, cardiólogos, anestesistas y auxiliares que van de acá para allá. Y todo, en un silencio tenso al compás del 'bip-bip' de los monitores que registran constamente el estado de la decena de pacientes que tratan a diario. En ese trajín destaca la calma 'chicha' del jefe: José María Hernández (Málaga, 1955) transmite aplomo. Quizá sea la natación la que le proporciona esa serenidad. La practica de vez en cuando. «Me viene bien para sostener con fuerza los delantales de plomo que utilizamos para protegernos de las radiaciones». Se refiere a los rayos X. Los emplean para visualizar el recorrido del catéter con el que implantan válvulas aórticas. Sin cirugía. Nada de corazón abierto. Una técnica pionera que aplican desde 2008 y que el doctor Hernández está enseñando ahora a cardiólogos del resto de España, de Portugal, Argentina, Venezuela o Colombia.

Para un profano en conocimientos clínicos, el relato crudo de este método roza la ciencia-ficción. «Llevamos la válvula plegada al corazón, vía cateterismo, a través de una arteria, que puede ser la femoral o bien la subclavia (la inferior a la clavícula)». «Una vez allí -prosigue- se expande. La válvula tiene memoria térmica, es decir, la metemos en una funda en un suero helado, así la comprimimos y cuando está a temperatura corporal, quitamos la funda, la válvula se pone al tamaño al que ha sido fabricada y se acopla a la aorta del paciente». Y ya está.

-Así contado, parecen ustedes unos ingenieros de las arterias.

-Es que el mérito de esta técnica es de los médicos e ingenieros que tuvieron la visión de diseñar este tipo de válvulas. El origen es europeo.

-¿Por qué surge esta técnica?

-Es una alternativa para pacientes para los que la cirugía comporta un riesgo muy elevado, así como para aquellos que ya son inoperables porque el riesgo es total. Se da para la estenosis aórtica severa, una enfermedad cardiaca propia del envejecimiento. En Europa ya se había comprobado hace tiempo que esta enfermedad tenía una mortalidad muy alta y, encima, la intervención quirúrgica era muy complicada, cuando no imposible.

-Está asociado entonces a personas mayores...

-Sí, la edad media de nuestros pacientes es de 80 años.

-¿Por qué empiezan ustedes a aplicarla en Málaga?

-Pues fue una mezcla de intuición y suerte. En 2007 acudí a un congreso médico europeo, y allí me presentaron al presidente de la compañía que empezaba a fabricar estas válvulas. Estaban contactando con hospitales españoles interesados en aplicar su implantación. También es verdad que en ese momento nuestro hospital estaba muy avanzado en otras técnicas de cardiología intervencionista.

-Hasta entonces, ¿qué pasaba con un paciente de este tipo?

-Pues o iba para cirugía o se dejaba por imposible. En estos cuatro años hemos operado a unas 250 personas. Lo importante, además de salir adelante, es que el paciente gana en calidad de vida.

-Eso no es poco...

-No, y menos en esas edades. Lo que a usted o a mí nos puede parecer poco, a un paciente de 80 años poder pasear sin asfixiarse o dormir bien le puede suponer un cambio radical en su vida. Además, respecto a la cirugía, hemos reducido de un veinte a un cuatro por ciento la mortalidad por estas patologías.

-¿Cómo es la intervención?

-Empieza por la selección del paciente, en un proceso que dirige el doctor Antonio Muñoz. Cuando otros hospitales contactan con nosotros, evaluamos la situación clínica, las enfermedades asociadas, el riesgo de cirugía y a partir de ahí decidimos quiénes son los idóneos. Se ingresa un día antes y a los cuatro o cinco días de hospitalización se va para casa. La intervención en sí dura unas dos horas y la realiza un equipo multidisciplinar que forman cardiólogos clínicos e intervencionistas, cirujanos cardiovasculares, ecocardiografistas, anestesistas, enfermeros y auxiliares.

-Un equipo amplio...

-Sí, es una técnica compleja que podemos realizar gracias a la cohesión y la motivación que muestran todos los miembros de esta unidad.

-Ahora está usted 'exportando' la implantación valvular al resto de España y a medio mundo.

-Lo cierto es que somos el hospital con más experiencia. Aunque hay unos treinta centros hospitalarios de toda España que la aplican, el doctor Juan Alonso y yo estamos yendo en calidad de instructores ('proctor' se denomina en medicina) a otros hospitales que están comenzando. Hemos estado en España y Portugal y en Latinoamérica, en países como Argentina, Venezuela, Uruguay, Perú, Colombia, Panamá, República Dominicana y Chile.

-¿Está evolucionando la técnica?

-Con el aprendizaje hemos introducido algunas modificaciones técnicas, pero no respecto al material que utilizamos. Ahora mismo hay dos válvulas en el mercado, una de las cua1es es la que empleamos nosotros, pero lo cierto es que no sale ninguna nueva desde 2007. Siempre dicen que al año siguiente se incorporarán mejoras, pero llevamos años escuchando lo de 'al año siguiente'.

-Como la salida de la crisis, ¿no?

-En efecto (risas).

-¿El futuro de la lucha contra las enfermedades del corazón pasa por avances tecnológicos como este?

-Indudablemente, la mejora en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares ha ido de la mano de la ingeniería y de la medicina. Ahora abordamos con tratamientos percutáneos enfermedades que hace poco solo admitían cirugía. Por ejemplo, en el Clínico estamos empezando a tratar también por vía percutánea la válvula mitral. Llevamos solo siete casos y somos tres hospitales en toda España los que lo ensayamos. Hablamos del mismo tipo de pacientes de alto riesgo para la cirugía. Otra técnica novedosa que aplicamos es el cierre de la orejuela de la aurícula izquierda, que es un lugar de origen de muchos coágulos y embolias. Se da en pacientes que no pueden tomar anticoagulantes.

-¿Necesita pues la medicina a la ingeniería?

-La bioingeniería, en colaboración con la mejora de las técnicas de imagen (que es también ingeniería) nos están permitiendo tratar enfermedades que hace años era impensable abordar. De todas formas, el 80 por ciento de nuestro trabajo está relacionado con la angioplastias, los 'sten' coronarios convencionales, donde hemos mejorado el perfil. Ahora los implantamos recubiertos de medicamentos que actúan contra el avance de enfermedades como la arterioesclerosis.

-¿Las operaciones a corazón abierto están llamadas a desaparecer en los próximos años?

-Es posible que los caminos de la cirugía cardiovascular y el de la hemodinámica sean convergentes. De hecho, algunos de los procedimientos que nosotros hemos llevado a cabo lo hacemos conjuntamente con los cirujanos. No es descartable que en el futuro los médicos que se forman en cirugía cardiaca deban adquirir habilidades de los cardiólogos intervencionistas y viceversa. Dependerá mucho de las evidencias científicas que tengamos y del avance de la bioingeniería. Nosotros vamos a participar de hecho en el primer estudio comparativo de las incidencias entre la cirugía cardiovascular y las de la técnica de implantación percutánea. Quién sabe.