La Nerja de hace seis décadas, a través de los ojos de una viajera inglesa

Un burro y un mulo, en Frigiliana/REGINA KENMORE
Un burro y un mulo, en Frigiliana / REGINA KENMORE

La editorial valenciana Onada Ediciones publica un libro en el que se recopilan más de medio centenar de fotos realizadas por la británica Regina Kenmore en un viaje a la localidad axárquica entre enero y abril de 1959

Eugenio Cabezas
EUGENIO CABEZAS

En enero de 1959, Regina Kenmore era una veinteañera estudiante inglesa de Artes en la Royal Academy de Londres. Aconsejada por un compañero de clases, cogió el coche de su padre, un deportivo Lotus, y puso rumbo a España con el objetivo de llegar hasta Nerja. Junto a un amigo, atravesó Francia y la península ibérica, meses después de que Franco abriese las fronteras, hasta llegar a la localidad axárquica, un municipio que por aquel entonces aún no había iniciado su despegue turístico, que arrancó justamente al año siguiente, con la apertura al público de la Cueva.

«Los servicios esenciales estaban en la única carretera hacia Málaga, en un extremo una iglesia y en el otro una herrería. Entre ellos había una fuente, dos posadas dirigidas respectivamente por Pilar y Rosario, cuyo hijo se encargaba de la gasolinera, un bar y la ya mencionada bomba de gasolina. En la parte del mar estaba el ostentosamente llamado 'Balcón de Europa'. También había un cementerio». Así describe Kenmore en el prólogo de 'Viaje a la Nerja desconocida' cómo recuerda a la localidad más oriental de la provincia de hace ahora justamente seis décadas.

Pasó tres meses en el pueblo, dando paseos por el río Chíllar, con un cauce sorprendentemente seco en ese año, y fotografiando todo lo que veía a su alrededor: la vida cotidiana de los vecinos, los rebaños de cabras y vacas, la recogida del esparto, las barcas de pesca en las playas, las procesiones, los carros tirados por mulos, los niños desnudos que vivían en las cuevas del río... «Todo era muy diferente a mi mundo habitual», confiesa Kenmore, quien en conversación telefónica desde Peñíscola, se resiste a facilitar su edad. «Eso no es importante», apostilla.

«Fui una observadora, una historiadora, una antropóloga visual, con mi cámara capté a una Nerja antigua y auténtica, para mí fue como descubrir un mundo nuevo», explica desde la localidad valenciana donde reside desde hace varias décadas. Aunque ha vivido también en París y Londres, esta fotógrafa y pintora cuenta que se instaló a cuatro kilómetros de Peñíscola tras heredar una finca familiar. De procedencia aristócrata, Kenmore únicamente regresó a Nerja en el año 2000, durante apenas 15 días, invitada por una amiga.

«Estaba todo completamente cambiado, no me gustó en absoluto, era una estación comercial de verano más, como tantos otros destinos de la costa española», argumenta la autora del libro de fotografías, quien no se ha considerado nunca una turista. «Me considero antropóloga, me gusta observar cómo vive la gente, y pintar», apostilla. Según Kenmore, lo que sí recuerda de aquellos tres meses es que pasó «hambre». «Dormíamos en camas altas de hierro con cubiertas de sedas y colchones de bultos», escribe en el prólogo.

«Por las mañanas, Rosario nos daba leche de cabra con sucedáneo de café (achicoria y cereales quemados, no había café en España), y a mediodía pan de maíz, tres sardinas fritas con sus colas perfectamente unidas como un abanico, o un trozo de tortilla de patata», continúa la autora, quien durante esos aproximadamente 90 días que vivió en Nerja realizó también varios viajes a la capital malagueña «para comer en algún restaurante», y a Sevilla. De los dos únicos huéspedes que había en la otra fonda, la de Pilar, recuerda a «un guardia civil del norte con su pastor alemán, un hombre que hablaba sin parar como si tuviera guijarros en la boca puro castellano», señala.

Además, estaba el coronel Charles 'Chips' Marsh, un excolonial que tuvo plantaciones de café en África en entreguerras. «En la primera Guerra Mundial había sido piloto, arrojando bombas a mano a la cabina de los aviones enemigos. Era un consumado zahorí, usando un palo partido. Enseñó a mi colega estudiante a ser capaz de seguir todas las tuberías de agua ocultas en su piso sótano de Notting Hill», escribe Kenmore, quien desvela que Marsh «pasaba los inviernos con la señorita Lola, la maestra de la escuela de Nerja». «Su coche y el mío eran los únicos», añade. «Está enterrado en el cementerio de Nerja», dice.

«La Costa del Sol siempre ha atraído a los ingleses, antes del turismo de masas», opina esta británica, quien pone como ejemplo el cementerio inglés de la capital malagueña. «A los ingleses les gustaba porque tenía un clima parecido a La India y empezaron a ir cuando este país se independizó de la Gran Bretaña», argumenta la fotógrafa, que ha publicado con la misma editorial otros dos libros también con fotos inéditas de Peñíscola en los últimos cinco años. Casualidades de la historia, justamente en los meses en los que Kenmore estuvo en Nerja, se produjo el descubrimiento de la Cueva, de la mano de cinco jóvenes mareños. Ocurrió el 12 de enero de 1959. Posteriormente, el 19 de abril, una expedición hizo las primeras fotos del interior, con la cámara de José Padial, que se publicaron en SUR el día 22 de ese mes.

«No me interesan las cuevas y no me gustan, no soy una turista y nunca lo he sido», sostiene Kenmore, quien no se ha planteado acudir a la localidad axárquica para presentar su obra. Hace seis décadas, «Nerja era un dormitorio durante el día, los únicos habitantes eran mujeres y niños y el sacerdote. Algunas mujeres sólo eran visibles en la iglesia el domingo con pelo amarillo brillante bajo el velo negro. La mayoría de las mañanas caminábamos por el cauce del río seco, a veces subiendo hasta Frigiliana, para dibujar y tomar fotografías», concluye.

El libro, del que se han editado mil ejemplares y que salió a la venta el pasado octubre, puede comprarse a través de la página web de la editorial y de otros portales en Internet. Además, está disponible en varias librerías de Nerja, al precio de 25 euros la unidad. Óscar París, responsable de la editorial valenciana, explicó que Regina Kenmore es una vecina «muy conocida» en la zona de Peñíscola y Benicarló, «porque fue una de las primeras residentes extranjeras que se vino a vivir aquí». «El archivo fotográfico que posee es realmente espectacular, tiene un gran valor histórico, porque dispone de imágenes, tanto en blanco y negro como en color, que van desde 1959 hasta la actualidad», añadió.