Arun Mansukhani: «Los jóvenes toleran más el control en la pareja que las generaciones previas»

Arun Mansukhani es psicólogo especialista en psicología clínica, sexólogo, experto en hipnosis clínica y la terapia EMDR para traumas./Francis Silva
Arun Mansukhani es psicólogo especialista en psicología clínica, sexólogo, experto en hipnosis clínica y la terapia EMDR para traumas. / Francis Silva

«Las trabas sociales que impedían a la gente romper parejas tóxicas ya no existen, pero ¿tenemos relaciones más sanas? Está claro que no, y es por falta de madurez emocional», detalla el psicólogo clínico y sexólogo

Nuria Triguero
NURIA TRIGUERO

En las charlas TEDx que se celebraron en febrero en Málaga había quince ponentes. Arun Mansukhani recibió la puntuación más alta de los asistentes. Les conquistó hablándoles con humor y sin pedantería de algo que la mayoría de personas ha vivido de cerca o en carne propia: la dependencia emocional y las relaciones tóxicas. Mansukhani es psicólogo clínico y sexólogo y tiene mucha experiencia en el tratamiento de problemas de pareja, por lo que es testigo privilegiado de cómo afectan los cambios sociales a las relaciones interpersonales.

¿Lo llamamos amor cuando en realidad es dependencia?

–Sí, muchísimas veces. El amor sano es el que nace de esa capacidad de vincularme con el otro no desde mi carencia o necesidad, sino porque realmente quiero. En la dependencia, hasta cierto punto, el otro o la otra es sustituible. De hecho, una manera de distinguir el amor es que la otra persona es insustituible. En la dependencia tú puedes sentir que no puedes vivir sin esa persona y dos días después, estar igual de enganchado a otra.

Pero como seres humanos, necesitamos a los otros. ¿Cuándo esa dependencia deja de ser sana?

–Empecemos definiendo la dependencia sana. Hay dos elementos clave: la autonomía y la intimidad. Autonomía es mi capacidad para estar bien solo e intimidad es mi capacidad para estar bien con otros. Todo lo que se aparta de eso, es patológico. Si tengo autonomía e intimidad, voy a tener relaciones sanas con las demás. Si me falla una de las dos, las relaciones que establezca pueden ser patológicas. Gente que no sabe estar sola, por ejemplo: lo vemos cada vez más. Una de las tareas que mandamos a esas personas cuando vienen a terapia es que se queden solas, sin móvil ni televisión, primero durante una tarde, luego un fin de semana... Hay gente que no soporta ni dos horas. Y sólo cuando las personas se sienten bien estando solas pueden tener relaciones sanas con los demás.

«Cada vez hay menos gente con madurez emocional; quizá por eso las parejas duran menos»

¿Cree que las redes sociales tienen algo que ver con eso? Porque entre WhatsApp, Instagram, Facebook... parece que ya nunca estamos solos.

–Las redes sociales, si tú sabes lo que son, no tienen ningún problema. El problema es que las confundas con lo que no son. Leí hace poco que el que tiene muchos amigos en Facebook es como el que tiene mucho dinero en el Monopoly. Las redes sociales tienen un doble problema: el primero es que efectivamente, tenemos la sensación de no estar solos nunca. El segundo es que las relaciones que se crean son relaciones evitativas, no son reales. Al final, nos crean una falsa autonomía y una falsa intimidad.

Entonces supongo que la gente que tiene cierta predisposición a problemas de intimidad o de autonomía son carne de cañón...

–Claro, por eso hay tanta gente adicta a las redes sociales. Gente que se engancha a estar todo el rato colgando cosas, a la sensación de estar conectado todo el rato, con lo cual no está sola nunca, pero sin estar conectada del todo, es decir, evitando los problemas que trae la intimidad. Es un término medio profundamente insatisfactorio en el que la persona no acaba nunca de estar bien. Es que la verdadera intimidad es muy buena, pero también es difícil.

¿Cuáles son los signos que alertan de que en una relación hay más dependencia que amor?

–La primera señal es que yo no acabo de estar bien del todo. Puede ser porque tenga la sensación de que yo me implico mucho y el otro no, lo cual me alerta de que posiblemente tengo un tipo de dependencia sumisa. O puedo encontrarme mal por lo contrario, por ser un contradependiente: siento que me piden demasiado y tengo la necesidad de alejarme todo el rato. Luego está el tercer tipo de dependientes patológicos, que son los dominantes; los que más dañados están. Estos necesitan tener control y dominio; no se pueden relacionar de igual a igual. Otra señal de alerta: las personas que renuncian a tener relaciones por malas experiencias. Este grupo también está creciendo cada vez más. Tú puedes estar sin pareja y es perfectamente sano, pero no lo es que llegues ahí por una renuncia.

«A un maltratador es muy difícil rehabilitarlo; a una víctima hay que rehabilitarla»

Igual que los polos opuestos se atraen, ¿las personas con ciertos problemas emocionales también?

–Sí. Y crean relaciones conflictivas pero que pueden durar muchísimo tiempo porque tienen una especie de patrón complementario. Por ejemplo, el patrón dependiente sumiso-evitativo nos lo encontramos un montón. También pasa con los dominantes y los sumisos. Porque por más que el dominante controle, el sumiso no sólo no se rebela, sino que se siente cómodo ahí. Ten en cuenta que todos estos problemas vienen de patrones de la infancia. Está comprobado que las personas que tienen maltrato en la pareja tienen mucha probabilidad de haber vivido situaciones de maltrato en su niñez.

Sabemos que entre las víctimas de violencia de género no hay un patrón socioeconómico, de edad o cultural. ¿Hay un patrón psicológico?

–No, no podemos decir que haya un patrón. Eso daría además un mensaje erróneo. Hay un montón de factores que influyen: la autoestima, haber vivido en la infancia situaciones de maltrato, haber tenido relaciones anteriores de maltrato, tener carencias afectivas, la edad...

¿En el caso del maltratador sí existe ese patrón?

–Sí, el maltratador es un dominante. Se caracteriza porque no puede tener relaciones de igual a igual. Hay una frase de Maquiavelo que define perfectamente cómo piensa: «Es preferible que te teman a que te quieran».

¿Se puede rehabilitar a un maltratador?

–Depende. Yo diría que a uno no muy grave, sí. Pero con los que son graves, por ahora no estamos satisfechos con lo que estamos consiguiendo. Es bastante difícil porque es un problema que está muy dentro de la estructura de la persona y cambiarlo requeriría muchísimo tiempo. El problema, además, es que esas personas no se mantienen en la terapia.

«Las redes sociales generan la sensación de no estar solo nunca, pero sin estar conectado del todo»

¿Y a una víctima?

–Por supuesto, hay que rehabilitarla. Las víctimas salen de esas situaciones con la autoestima muy baja, sintiéndose culpables y en la mayoría de casos siguen vinculadas emocionalmente al maltratador. Todo eso hay que trabajarlo para que la persona puede superarlo. Si no, tiene muchas papeletas para volver a caer en una relación de este tipo.

¿WhatsApp ha dado alas a esas personas que buscan controlar permanentemente a su pareja?

–Pues sí, porque una persona que antes te controlaba cuando estaba contigo ahora puede controlarte a cualquier hora. Lo que vemos en la gente joven es que toleran más el control que generaciones previas. Justifican el control, los celos; cosas que la generación anterior no habría justificado. Y estamos viendo relaciones de maltrato en gente muy joven.

¿Y por qué ocurre esto, si se supone que son jóvenes criados en una sociedad más igualitaria?

–Uf, buena pregunta. Por un lado, es cierto que vivimos en una sociedad mucho más igualitaria que hace 30 ó 40 años, pero no lo es tanto como nos gustaría pensar. A nivel tácito se siguen perpetuando las desigualdades de género y hay que luchar contra eso. Pero no todo tiene que ver con el género. Hay otra serie de aspectos que están por debajo que son los que tienen que ver con los vínculos afectivos, el apego, la infancia...

¿Los niños tiranos que ahora vemos con cada vez más frecuencia son futuros maltratadores?

–Estamos viendo una cosa que antes no veíamos casi: parejas de dominantes con dominantes. Son parejas de jóvenes en las que ambos están acostumbrados a salirse siempre con la suya y a conseguir lo que quieren en cada momento. Son relaciones superconflictivas. El problema más grave de darle todo a un niño es que no desarrolla la empatía.

Vamos al otro extremo, el de las parejas felices. ¿Qué factores son los que distinguen una relación sana?

–Lo primero, que ambos sean personas emocionalmente maduras. Como cada vez tenemos menos gente madura, quizá por eso las relaciones duran menos. El respeto es muy importante: la capacidad de tratarse con ternura, de no faltarse al respeto, de que los conflictos lleguen a un cierto nivel y no pasen de ahí. Esto es importante porque hay un nivel de conflicto que aunque aparentemente se arregle, el dolor queda ahí. Otra señal de estar con la persona adecuada: son parejas que sacan lo mejor de ti. Además, las parejas sanas se corregulan: hay un conflicto, yo empiezo a desregularme, a subirme y tú me ayudas a bajar. Y viceversa. Hay muchas parejas que no se corregulan nada bien, con lo cual los conflictos nunca se resuelven; se aparcan.

Antes decía que cada vez las parejas duran menos. ¿Por qué?

–Antes se aguantaba porque si te divorciabas eras un apestado social. Eso afortunadamente ha desaparecido. ¿Ahora la gente tiene relaciones más sanas? Está claro que no. Los niveles de maltrato están ahí; la cantidad de depresiones relacionados con relaciones… Sigue habiendo parejas que se hacen daño y siguen juntas. Eso ha sido una sorpresa y es lo que ha llevado a todos los estudios sobre la dependencia. Todo esto tiene que ver con la madurez emocional de las personas. Como esa madurez deja mucho que desear, así nos sigue yendo.

¿Y cómo podemos mejorar en eso?

–La revolución de la salud física ya empezó, pero la de la salud psíquica aún no. En la Edad Media era normal no tener dientes a los 40 años. Ahora nos parece un disparate que la gente no se lavara los dientes tres veces al día, pero entonces no lo sabían. Estoy convencido de algo parecido pasará con la salud psíquica.

¿Entonces en el futuro todos iremos a terapia?

–Hablo de algo más profundo. La terapia llega tarde; es como ir al dentista. Lo que realmente necesitamos son los hábitos preventivos. A eso todavía le queda, aunque vamos viendo cosas. Bendita moda del 'mindfullness' y la meditación: indica que la gente empieza a preocuparse por cuidarse no sólo a nivel físico, sino mental.

«Antes había represión del sexo y ahora, represión por el sexo»

- Hoy gozamos de una gran libertad en lo que se refiere a los asuntos de cama. ¿Estamos más satisfechos de nuestra vida sexual?

–Sin duda hemos ido a mejor, en cuanto a una mayor apertura y a una reducción de la represión del sexo. Pero ojo: no hay una represión del sexo, pero sí hay una represión por el sexo. Me explico: hay un tipo de sexualidad dominante muy determinada y si tú no encajas ahí, malo.

O sea, que nos hemos liberado de unas ataduras y nos hemos impuesto otras.

–¡Claro! Tienes que tener orgasmos con el coito, que tu pareja los tenga, tienes que cumplir unos cánones de belleza. Tienes que, tienes que... cuando el sexo debería ser lo contrario. Por eso hablo de represión por el sexo: se ha impuesto qué es lo correcto. Y además, es un concepto muy restringido: un sexo muy coital, que es el que vemos en las películas. Pensábamos que con el fin de la represión el sexo iba a ser feliz y vemos que no, que hay gente que lo sigue pasando muy mal. Hay un reto pendiente de ampliar horizontes porque el sexo no es sólo genital ni coital; de hecho, es mucho más otra cosa. Y otro tema pendiente muy importante es el tema sexo-afectivo. No hablo de que el sexo tenga que ser sólo con pareja estable, no. Pero la sexualidad es un momento de una gran intimidad. En ese momento, en que somos vulnerables, la afectividad es esencial. Tenemos que educar sexual y afectivamente porque si no, estamos creando un futuro problema.

«Tenemos que educar sexual y afectivamente a nuestros hijos para que vivan el sexo con empatía; si no, estamos creando un futuro problema»

¿Ve carencias en la educación sexual y afectiva de los jóvenes?

–La empatía es lo que hace que la otra persona sea una persona. Que tú me veas como un sujeto, no como un objeto. Muchas de las barbaridades que vemos ahora, como 'La Manada', tienen que ver con esto: con la incapacidad de ver que el otro es una persona. Que tú no eres sólo unas tetas y un culo, que es lo que el porno está enseñando a nuestros hijos.

Con el uso intensivo de aplicaciones tipo Tinder, ¿hay riesgo de acabar sustituyendo relaciones afectivas por estas relaciones 'exprés'?

–La intimidad emocional se ha vuelto mucho más difícil que la intimidad sexual. Y sí, hay personas que se pueden estar conformando con relaciones de intimidad sexual y no llegando a una relación de intimidad emocional.

Me voy al extremo contrario: ¿puede haber amor sin sexo?

–A un nivel cerebral son sistemas de acción distintos: el apego es uno y la sexualidad es otro. ¿Qué ocurre? Que en los últimos cien años se ha generalizado este modelo de pareja con amor, que no existía antes. El amor romántico es una creación muy cultural, que ojo, se está extendiendo al planeta entero, con lo cual algo tendrá que a la gente le gusta. ¿Podría existir amor sin sexo? Sí. Pero ¿es sano o no es sano? Si en la pareja se renuncia al sexo porque es constantemente un problema, ahí sí hay una patología. De hecho, que la pareja vaya mal es una de los principales causas de la falta de deseo. Los problemas sexuales casi siempre están reflejando alguna otra cosa.

Perfil

Arun Mansukhani (Lagos, Nigeria, 1970) es licenciado en Psicología por la Universidad de Málaga. Es especialista en Psicología Clínica, Sexología e Hipnosis Clínica. También es consultor en la terapia EMDR, indicada para el tratamiento de traumas y fobias. Está especializado en adultos y pareja, tratando trastornos de ansiedad, depresión, problemas de comunicación y traumas. Ha sido hasta 2017 subdirector del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología y ahora dirige su propio equipo de psicólogos y sexólogos. Ha sido miembro de la junta directiva del Colegio de Psicólogos y la Federación Española de Sociedades Sexológicas y ha asesorado a diferentes instituciones: desde el Organismo Andino de la Salud hasta el Ayuntamiento de Málaga, en campañas de información sexual para jóvenes. Además, ha sido ponente en 15 congresos nacionales e internacionales de psicología y sexología.

 

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