Milos, isla paradisíaca de ambiente marinero al sur de Grecia

Klima. /
Klima.

Alberga algunas de las mejores playas del Mediterráneo y pueblos blancos de bella factura típicos del archipiélago de las Cícladas

ÁLVARO ROMERO

La hermosa isla de Milos se levanta sobre el mar Egeo, al sur de la Grecia continental, formando parte del archipiélago de las Cícladas. Un conjunto de islas que recibe la visita de miles de turistas cada año, llegados desde todas las partes del mundo tanto por vía aérea como marítima, pues son muchos los cruceros que arriban a sus puertos.

Por suerte, la isla de Milos aún se mantiene al margen de las grandes aglomeraciones, a la sombra de enclaves cercanos como Santorini o Mykonos que se encuentran en el itinerario de la mayoría de los visitantes. Gracias a ello y al trabajo de la población local sus riquezas naturales, impresionantes paisajes y playas paradisíacas se mantienen a la perfección, limpias y cuidadas.

Núcleos urbanos

La mitad noreste de la isla concentra el grueso de la población y acapara los núcleos urbanos más importantes. En el oeste los accesos se complican y los pueblecitos brillan por su ausencia. Al igual que Santorini, Milos forma parte de un antiguo cráter volcánico inundado por las intensas aguas del mar Mediterráneo.

Los turistas que lleguen a la isla vía ferry lo harán hasta el puerto de Adamas, un pequeño anticipo de lo que ofrece la isla. Allí abundan los restaurantes tradicionales con sus cartas enfocadas a la exquisita gastronomía local. Extienden sus terracitas a pocos metros del mar. Frente al puerto, a escasa distancia discurre el casco histórico formado por callecitas estrechas y sinuosas repletas de flores donde aparecen tiendecitas de ropa y souvenires.

Los autobuses públicos conectan los núcleos de población más destacados, e incluso es posible llegar con ellos hasta alguna de las playas más turísticas. Sin embargo la mejor manera de moverse es alquilar un coche, una moto o un quad, siendo esta última la opción más frecuente y cómoda para conocer Milos.

Mención especial merece Plaka, capital de la isla y enclave repleto de encanto. El color blanco se hace fuerte y tan solo puertas, ventanas y flores rompen esa hermosa monotonía. Caminar entre sus calles es todo un placer donde el silencio y la tranquilidad se apoderan del ambiente. El trazado conduce hasta la zona alta desde donde es posible observar unas magníficas vistas y unos bellos atardeceres, junto al castillo y la iglesia, también de arquitectura tradicional.

Cerca de Plaka, en la costa, yace Klima, un lugar muy especial. De ambiente marinero decenas de casitas de pescadores se disponen frente al mar. Puertas, balconadas y ventanas aportan la nota de color en tierra, mientras en el mar hacen lo propio las barcas y los botes. Es frecuente encontrar pulpos recién pescados secándose al sol y ver a los trabajadores del mar arreglar sus redes y aparejos de pesca mientras charlan cerca de la orilla. Algunas de las casas has sido reutilizadas como tiendas se suvenires, tomando en algunos casos un singular estilo hippie.

A tan solo cuatro kilómetros se sitúa Mandrakia, otro pueblecito de pescadores que vive arropando una bonita cala de agua turquesa, allí las casas se encaraman a la orilla con sus embarcaderos donde se amarran los botes. Presenta una imagen cautivadora, perfecta para los amantes de la fotografía.

Trypiti es otro de los pueblos tradicionales. Un rincón magnífico donde visitar alguna taberna y degustar la gastronomía local. Productos obtenidos del mar cocinados como antaño y aderezados con especias y deliciosas salsas. Sin olvidar platos a base de cordero y postres de miel y yogurt. Allí es posible visitar las catacumbas de Milos, calificadas como de las más importantes del mundo. Además de su bello anfiteatro romano, desde donde disfrutar de unas magníficas vistas al mar.

Mandrakia.
Mandrakia.

Playas de ensueño

Si algo diferencia a Milos de las demás islas del archipiélago es, sobre todo, sus excelentes playas. Aguas cristalinas bañan calas de arena blanca y piedras redondeadas, labradas a capricho por la erosión del mar. La mayoría de ellas se reparten al norte de la ínsula, donde se agolpan verdaderos tesoros naturales.

Alberga alrededor de 70 playas entre las que destaca la de Sarakiniko, un rincón espectacular, único en el mundo. Rocas blancas y aguas cristalinas se dan cita para conformar un paisaje singular repleto de caprichos geológicos formados a través de los siglos, gracias a la erosión del viento y el agua del mar. Se consolida, también, como el destino ideal para los amantes del snorkel.

Papafragas es otra de las bellezas naturales que esconde el litoral de Milos, una cala encajonada entre paredes verticales de piedra que, siglos atrás fue utilizada por piratas. Sus aguas turquesas invitan al baño y el relax.

Tampoco hay que dejar pasar la oportunidad de visitar la playa de Firopotamos, situada en una pequeña bahía junto a una hermosa aldea de pescadores. Se trata de un lugar especialmente fotogénico donde observar la espectacular paleta de colores azules que muestra el Mediterráneo, repartidos desde la costa hasta donde se pierde el horizonte. Otras calas especialmente bonitas son las de Alogomandra y Tsigrado, esta última al sur de la isla.

Sarakiniko.
Sarakiniko.

La guinda del pastel

Al suroeste de la isla se esconde Kleftiko, la guinda del pastel, un conjunto de formaciones geológicas situado en la costa, junto a los acantilados. Diferentes rocas esculpidas a capricho se levantan sobre aguas cristalinas. El acceso a este paradisíaco lugar debe hacerse vía marítima, muchos son los barcos que ofertan la posibilidad de visitar este mágico enclave. En él se conviven cuevas y arcos de piedra blanca que maridan con el bello color del mar, invitando al baño. Esconde además unos fondos marinos magníficos, de los mejores del archipiélago.