RECUERDOS IMPRESCINDIBLES

José Manuel Bermudo
JOSÉ MANUEL BERMUDO

La resaca de La historia de los pueblos está compuesta de miles de detalles que se han ido sucediendo en el tiempo, algunos de ellos conmemorados solemnemente y otros arrinconados por la inercia de la vida cotidiana, que suele ofrecer bastantes motivos para ocupar nuestra atención y, en muchas ocasiones, nuestra preocupación.

En la llamada intrahistoria figuran numerosas personas a las que nuestra memoria ha otorgado diferentes grados de recuerdo, y aunque en su día se le reconociese oficialmente, pasan a formar parte del callejero y a ser recordados cada vez que facilitamos una dirección, pero siendo muchas veces desconocido cualquier detalle de su vida. Nos pasa a todos frecuentemente que nos preguntemos quién sería aquella persona cuyo rótulo figura en nuestra calle o en alguna cercana. Eso si es que han tenido la suerte de no haber sido borrados por algún político que no consideraba adecuado el reconocimiento.

En algunos casos nos encontramos con gente que luchó por algún propósito sin solicitar ni pretender nada a cambio, aunque a muchos les extrañe hoy en día, con tanto mercantilismo, que haya personas así. Sobre los reconocimientos públicos es habitual que haya opiniones para todos los gustos en torno a su idoneidad, porque siempre habrá quien considere que había otros más apropiados. Por eso, aunque algunos sigan siendo incrédulos, hay quien prefiere quedar fuera de cualquier tipo de galardón, nombramiento o premio.

Quisiera destacar en este columna que se le haya otorgado a un polideportivo de Marbella el nombre de Leonardo Terol, ese holandés de nacimiento, con corazón andaluz, que hace cincuenta años se presentó en el hoy instituto Río Verde a mostrarle a los alumnos lo que era el balonkorf. Llevaba solamente un proyector y varías películas para explicar las reglas de un deporte que, al ser mixto, abrió los ojos de los estudiantes, acostumbrados en aquellos tiempos a demasiadas restricciones en las relaciones de chicos y chicas.

Terol consiguió que este deporte tomara un gran auge y hasta llegó a formar una selección que representó a España en varios campeonatos Y lo más importante, demostró a los escépticos que el deporte mixto no sólo no constituía ningún escándalo sino que era muy positivo. Eso sí, tuvo que sacar tiempo de su medio de vida, mantener un restaurante con gran esfuerzo. Y si se quejaba de algo era de que no era suficiente la ayuda que se le prestaba al balonkorf.

Otro caso se me viene a la memoria cada vez que se habla del Hospital Costa del Sol, como se hace estos días, el del que fuese concejal del Ayuntamiento de Marbella Modesto Abril. Hoy se polemiza sobre las responsabilidades de la paralización de las obras de ampliación de este centro sanitario, del precio del aparcamiento y del futuro de las nuevas instalaciones. A Modesto Abril, concejal de Sanidad del Ayuntamiento de Marbella durante algunos años de la década de los ochenta, le tocó una tarea más ardua, la de conseguir que el Hospital se instalara en Marbella cuando algunos políticos de peso descargaban todas sus influencias para que fuese a otros municipios. Al final consiguió su objetivo, con la ayuda de algunos compañeros, aunque el día de la colocación de la primera piedra, en 1987, fuesen otros los que intentaron acaparar el protagonismo.

Un día, Modesto Abril dejó de ser concejal y volvió a su trabajo en la hostelería. Como jefe de sala tuvo que trasladarse a Canarias ante la falta de ofertas mejores. Después, el destino le tenía preparada una jugada y, a su vuelta a Marbella, en su caminata diaria por el paseo marítimo, un infarto acabó con su vida.

El Ayuntamiento le rindió homenaje en 2008, poniendo su nombre a la calle de acceso al hospital, donde un pequeño rótulo relegado por las obras, perpetúa su memoria. Hay cosas que conviene rememorar de vez en cuando.