PROFESIONES CON FUTURO

Nielson Sanchez-Stewart
NIELSON SANCHEZ-STEWART

Alguien escribió que todos los estudiantes de derecho debían abandonar inmediatamente sus libros y dedicarse a otra cosa porque si no lo hacían estaban condenados a la depauperación y al rechinar de dientes. La inteligencia artificial sustituiría a los jueces, a los abogados y a todos los llamados -la expresión me da erisipela- operadores jurídicos. Que si querremos que nos redacten un contrato, consultar a un profesional será una tontería. Bastará con proporcionarle todos los datos necesarios a un ordenador y éste producirá una obra maestra en pocos minutos. Que si lo que querríamos fuese una demanda, lo mismo. Saldrá un primor. Tampoco el destinatario será un magistrado trepado en un estrado. Otra máquina te daría el resultado y te la admitiría o no te daría la razón. Cuando se hizo este oscuro vaticinio parecía ciencia ficción pero estamos cerca. A veces basta utilizar un buscador y rellenar el modelo que te facilita para celebrar un negocio. Pareciera que hubiésemos retornado al tiempo de los romanos que inventaron las fórmulas para dispensar el derecho quiritario. Hoy se llaman formularios. Estos tristes destinos -evoco aquí a don Benito pero no tiene nada que ver- no sólo son los de mi profesión y similares sino a cualquier actividad intelectual, me parece a mí. La IA o la AI, que tanto monta, monta tanto, viene en nuestra ayuda pero pide paso y nos aparta del camino.

Una de esas corporaciones que nunca faltan y que parapetadas detrás de un nombre rimbombante nos hace creer lo que predica ha dado a conocer las actividades profesionales que, a juicio de la venerable institución serán las más rentables en el porvenir. El elenco abarca treinta y, a juzgar de las primeras cinco, las principales en el escalafón, no concuerda con la elección que hice hace ahora cincuenta años. En efecto, ingenieros mecánicos son los más cotizados porque son los que diseñan las máquinas y se encargan de su mantenimiento. Y como son presa -las máquinas más que los ingenieros- de la obsolescencia súbita, estarán permanentemente ocupados creándolas y cuidándolas. No lo creo porque las máquinas serán creadas por otras máquinas y los ingenieros, al paro. La siguiente en el ranking es la de ingeniero químico. Es cierto que hoy todo es químico, los plásticos, los alimentos, los coches, la ropa, los televisores, los artefactos domésticos pero les auguro la misma suerte. Las máquinas los desplazarán. A continuación vienen los físicos que, como no sé muy bien qué hacen, me callo. Espero que la etapa de la producción de la bomba de hidrógeno se haya superado. El infaltable creador del llamado software no podía faltar pero esto es un camelo. La quinta posición la ocupan los ingenieros agrícolas lo que no deja de sorprenderme porque pensaba que ya estaba todo inventado, salvo como solucionar el problema de los olivareros que tienen costos superiores a los precios de venta de sus productos y los cultivadores de lechugas -que no son lechuguinos, no todos desde luego- que han abandonado sus plantaciones por motivos similares. Así sigue la cosa y podría comentar cada escalafón.

Lo que me parece que tiene un futuro más asegurado, en la medida en que se pueda asegurar esa incógnita, es la actividad que se desarrolle con las manos. A pesar de que en el Congreso de la Abogacía Española nos presentaron un simpático robot que hasta se rascaba, me resulta difícil pensar que una camarera de piso se pueda sustituir. Hacer una cama -lo sé bien- es delicado. La enfermería -lo estamos viendo en el Reino Unido- es labor difícilmente sustituible. La cirugía, a lo mejor, pero darle de beber al sediento y comer al hambriento, controlar su temperatura, darle su medicación, inyectarle y, lo más importante, atenderle y confortarle no son propias de la robótica.

Y no digamos nada del cuidado de los mayores que cada vez son más. Las residencias rebosantes de usuarios -en Marbella conseguir una plaza subvencionada es tarea de Tántalo aunque a Rodrigo no lo vencerán- carecen de suficiente personal. Los pobres hacen lo que pueden pero hay mucho arroz para tan poco pollo. Son muchos ancianos y asimilados y pocas manos para tenderlos. Es un milagro que no sucedan más infortunios.

Hacen falta más quiñones. Apuntarse: es una labor bonita y todos vamos para allá, salvo imprevistos.