Pederastas, criminales

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

La pederastia es un crimen que destroza la vida de niños y niñas a nivel mundial; desgraciadamente la pederastia salpica el orbe. Y dependiendo de la sensibilidad social o jurídica de uno u otro país se ataja de una u otra manera; algo muy serio esto de que no haya unanimidad a la hora de afrontar universalmente el abuso sexual a menores, porque destrozar la vida de un niño o de una niña es algo intolerable. La posición del gobierno español en este tema ha salido a relucir en el encuentro que recientemente han mantenido la vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo y el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin. En la visita la vicepresidenta adelantó que el gobierno presidido por Pedro Sánchez pretende que los delitos de pederastia no prescriban. Bien. Desgraciadamente los pederastas destrozan la vida de millares de personas y además, como sostiene Manuel Vilas, «el problema del mal es que te convierte en culpable si te toca». Algo que debe ser afrontado, sin género de dudas, por la sociedad y penalizado, más allá de los años trascurridos, cuando la víctima o conocedores de los abusos sexuales lo denuncien y sea probado.

Ahora bien, el problema de la pederastia no es algo exclusivo de la Iglesia Católica; conviene recordarlo. Y, entendiendo que nuestra vicepresidenta lo comunicara al secretario de Estado Vaticano, el anuncio de que los delitos de abusos sexuales no prescriban, tiene tanto calado y entidad que debería haber sido referido también a otros colectivos manchados por este crimen. O mejor dicho aún, la manera más acertada de anunciar una medida de tan importante repercusión, hubiese sido comunicarlo en España para que llegue a todos los hogares españoles, porque no debemos ni podemos olvidar que la pederastia en el porcentaje más alto se da en el seno familiar, en el ámbito doméstico.

Paradójicamente el anuncio en primicia tuvo que ser vinculado a la Iglesia Católica, tras calentar motores días antes con diferentes casos vinculados a la Iglesia Católica publicados en 'El País', como si este delito no se diese en otros ámbitos o sectores sociales de España. No obstante, la cuestionada oportunidad política de anunciarlo primero fuera de nuestras fronteras, no resta valor a esta acertada medida. Entre otras cosas porque es necesario atajar de raíz este atentado a la infancia, ante el que no siempre se ha actuado a tiempo, como reconoce el Papa Francisco.

 

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