Molinos, huertas y viñas en Montenegral

Catalina Urbaneja
CATALINA URBANEJA

Montenegral es quizá la alquería menos conocida de las que ocuparon la Tierra de Marbella ya que, al tiempo de la conquista, llevaba cuarenta años deshabitada y no hay referencias sobre sus habitantes. No obstante, y partiendo de los escasos datos que tengo, trataré de esbozar una imagen de ella, aunque difusa e incompleta.

El Libro de Apeos de Ojén la sitúa en el sector oriental del municipio, en el curso alto del Río Real desde cuyas orillas partía el camino que conducía a la sierra de su nombre, haciendo cañada en lo alto hasta la presa de «la alberca de Padrelo y de allí al valle de Zuheros hasta llegar a la fuente de los Ballesteros». Este espacio formó la dezmería de Ojén con Marbella con cuyos frutos se pagaba el diezmo eclesiástico, una división administrativa que perduró hasta finales del siglo XVIII.

Fue abandonada hacia la mitad del XVI, pasando sus heredades a engrosar el patrimonio de los reyes nazaríes hasta la conquista de Marbella. A partir de entonces aparece en las fuentes documentales debido a su enorme extensión de viñedos y a algún molino que permanecía en pie después de su despoblación. Así lo hace constar el bachiller Serrano cuando resuelve la cuestión planteada entre los mudéjares y los castellanos por la propiedad de las tierras que pretendían arrebatarles. Ojén reclama el área comprendida entre el Alicate y Montenegral por considerarla de su término municipal, demostrando fehacientemente sus antiguos derechos y consiguiendo que el bachiller sentenciase a su favor: «En quanto a lo que piden en término de Montenegral, porque aquella fue alquería despoblada y su término fecho antiguo de la çibdad», según informes recabados de «los moros viejos de Benahavís», declarando a Ojén como su dueña indiscutible.

No obstante, muchas de estas hazas fueron entregadas, por merced o repartimiento, a los pobladores de Marbella. Juan de Guadalcanal recibió un pedazo de tierra para construir un molino y una «vegueta» de riego junto a él. Cuando «ya tenía abierto el cauz», surgen complicaciones al reclamarlas Ozmín, morisco de Ojén, como legítimo propietario. Las obras se paralizaron hasta resolver la cuestión, que se solventó con la propuesta del concejo sobre el pago de un censo de dos mil maravedís anuales a cambio de aquella heredad. No debió satisfacerle el acuerdo porque enseguida la traspasó a Juan de Ayuso, cuyos herederos pleitearán con los Villegas por impago de las cuotas.

En 1525 el espacio comprendido entre las cuevas «del Famedina hasta los molinos de Torrox», pertenecía a los de Ojén ya que eran sucesores de aquellos que se pasaron al Norte de África en 1509. Por entonces, el paisaje era muy diferente ya que las zonas más áridas hasta topar con Monda estaban ocupadas por viñas, higuerales y almendrales, mientras que las orillas de los arroyos se dedicaban al regadío y al cultivo de árboles frutales.

El viñedo fue una de las mayores fuentes de ingresos de la comarca. Su área de ocupación se iniciaba en la zona limítrofe con la Tierra de Málaga para extenderse por los montes cercanos a la costa. Hacia el oeste, las viñas se esparcían por las laderas más escarpadas en un espacio comprendido dentro de estas delimitaciones: desde la cañada del Peñón, en el Alicate, pasando por Montenegral hacia Marbella, «en el valle de la huerta que fue de Moraví; desde otro valle del Peñón hasta el camino que subía de la ciudad a dicha huerta en el del Chorreadero, de ambas partes aguas corrientes al valle; desde el camino de la huerta de Moraví, hasta el que asoma a las Torrecillas y desde él hasta las huertas de Guadapín».

Además de la viticultura, también se cultivaban lino, trigo, panizo y cebada, cuyos propietarios aprovecharían la cercanía de los molinos harineros del valle para la molturación del grano cosechado. Su fertilidad despertó desde muy pronto el interés de la élite marbellí que se aprovechó de las penurias de los vecinos más humildes para hacerse con estas heredades so pretexto de ejecución por el impago de censos.

Una zona tan fértil hace incomprensible el abandono del pueblo, pero hasta el momento no he encontrado pruebas que lo justifiquen ni la documentación que manejo es suficiente para emitir un razonamiento medianamente cercano a la realidad. Muchos pueblos fueron despoblados a raíz de un terremoto; porque la tierra dejó de ser productiva o por la inseguridad que producían los continuos asaltos de los berberiscos, más en este caso no creo que se dé ninguna de estas circunstancias pues está enclavada lejos de la costa, aunque bien comunicada con los pueblos de su entorno, y sus tierras eran tan productivas que a lo largo de siglos fueron disputadas por Marbella y Ojén, consideradas ambas presuntas dueñas de Montenegral.