LA ESCUELA NUESTRA DE CADA DÍA

Francisco Moyano
FRANCISCO MOYANO

Hemos proclamado y seguiremos haciéndolo, que se ha producido la vuelta al colegio. Este hecho, repetitivo cada septiembre, marca el ritmo en todo el resto de parcelas de la vida cotidiana. Volver a la escuela, o al instituto, es hacerlo también a los patios de recreo, un respiro y espacio socializador a lo largo de las excesivas jornadas lectivas. Que alguien me explique cómo puede rendir un alumno/a de Secundaria con seis horas seguidas de clase a diario. Sobre todo con instalaciones obsoletas y deficitarias donde faltan aspectos elementales como un ascensor o climatización en las aulas, de manera que en los meses de invierno (ya se sabe que en Marbella cuenta la leyenda que nunca hace frío) se asemejan a un congelador y apenas llega la primavera en un tostadero en toda regla. La vuelta al patio de recreo es igual de importante que el regreso al estudio y los diferentes temarios, esos indicadores programáticos que hacen que España posea diecisiete Historias diferentes. Tan fundamentales son que, cuando no se dispone de espacio para ello, hay que echar manos del ingenio y la inventiva; de esta forma el Colegio Rodrigo Bocanegra, de Marbella, uno de los cuatro centros concertados del término municipal, habilitó como zona de recreo toda la superficie de su terraza o azotea, con resultados excelentes. Marbella es ciudad de contrastes lo que muchas veces lleva a que se establezcan comparaciones, seguramente odiosas, incluso fácilmente confundibles con algo de demagogia, pero inevitables cuando las situaciones se enquistan y salta la sospecha de que alguien no cumple con lo que promete. En estos días se están colocando aulas prefabricadas para alumnos de Secundaria en la zona de Xarblanca; el motivo es que no termina de construirse el nuevo instituto que se negoció con los padres y madres y que estos aceptaron, a pesar de necesitar obligatoriamente transporte a diario. Otro curso que se inicia en situación precaria. Es fácil reparar en que la instalación de estos barracones se lleva a cabo en la misma ciudad que es adalid de la excelencia turística y del lujo sin ningún tipo de cortapisas. Verse en la obligación de usar prefabricadas, cuando casi agotamos la segunda década del siglo XXI, retrotrayéndonos a situaciones del siglo pasado, nos pone a la altura de lo que se denominaba país en vía de desarrollo, o zona en reconstrucción tras una catástrofe natural o escenario posbélico. No deja de ser el cronificado desencuentro (vergonzoso y vergonzante) que durante décadas se ha escenificado entre las administraciones andaluza y local. Ello ha propiciado la elaboración de un relato (concepto que gusta muchísimo a los políticos actuales) que se ha encargado de mantener las responsabilidades siempre en terreno ajeno, pero la realidad se impone al relato en un doble sentido: la ciudadanía afectada con la indignación habitual y el cambio de escenario producido desde hace unos meses, con el mismo signo político e ideológico en la Junta y en el Ayuntamiento. Cabe esperar que el entendimiento sea una constante a partir de ahora y que a lo largo de este curso se pongan las bases para que el próximo no adolezca de los mismos contratiempos. La situación desesperada (que no ha surgido espontáneamente ni de un día a otro) del colegio Miguel Hernández, de San Pedro Alcántara, es otro reto, muy especialmente para la Tenencia de Alcaldía. En materia educativa es muy posible que, desde hace años, en Marbella, se tendría que haber producido un pacto por la educación, de manera que se hubiesen aunado esfuerzos y un asunto tan sensible hubiese quedado fuera del rifirrafe propio de la lucha política. Nunca es tarde para cambiar de actitud, pero los signos de los tiempos, donde los intereses personales, electorales y de reparto de sillones se anteponen a las necesidades de la ciudadanía, invitan al pesimismo antes que al optimismo. Bien es cierto que en la esfera local existe el matiz, no menor, de la cercanía entre administradores y administrados y el conocimiento de la situación de primera mano. Alguien puede decir que la situación actual, en comparación con los tiempos en que existía un solo grupo escolar público, tras la larga etapa de las escuelas unitarias, es excelente, pero esta afirmación sería engañosa porque el extraordinario crecimiento experimentado por la ciudad fue mucho más rápido que el de las infraestructuras educativas, desde la apertura en 1960 del grupo Nuestra Señora del Carmen. A pesar de todo, los colegios e institutos han abierto sus puertas. Feliz travesía.