Bilingüismo 'fake'

Elena de Miguel
ELENA DE MIGUELMálaga

No, esto del postureo no es nuevo. Un alivio, si lo pensamos bien. Ya en los 80, un periodista de 'Newsweek' se burlaba de los jovencitos que se acercaban a las playas del litoral oeste de EE UU con mucha apariencia surfera, pero escasa pericia. Para ellos inventó una palabra, puro escarnio: 'wannabes'. Luego vinieron las Spice Girls y, entre una cosa y otra, el neologismo perdió intencionalidad y nosotros, el norte. El 'wannabe' (want to be o querer ser) es el 'quiero y no puedo' de toda la vida. El que aspira a ser, el que lo desea, el que imita y copia, pero no lo consigue, porque le falta talento o no tiene medios. Anhelar algo pese a la evidencia de lo imposible, sin importar incluso caer en el ridículo.

Todos los 'baby boomers' soñamos con hablar como Francis Mathews, pero nos quedamos en 'wannabes', eso sí, con la jeta latina suficiente como para poner en el currículum 'inglés medio-alto', por si cuela.

Ahora, nuestros hijos van a colegios bilingües, de esos que anuncia la Junta de Andalucía a bombo y platillo. El 'epic-fail' educativo (entiéndase fracaso absoluto y sonrojante) de la última década. Una herramienta política para la autocomplacencia. No hay datos de su eficacia, ni se los espera.

El bilingüismo 'fake' (aparentar, fingir, simular) no consiste en mejorar la enseñanza del inglés como asignatura (¿más horas?, ¿otra metodología?), sino en que otras materias sufran la invasión de un inglés innecesario cuando no malogrado. A veces, con profesores que hacen lo que pueden, que ni dominan la lengua (no nos sobran los docentes bilingües, me temo) ni tienen el nivel suficiente para impartir conceptos complejos. No somos la única comunidad autónoma obcecada con un experimento que bordea lo paleto; también está Madrid, entre otras, donde se han alzado voces contrarias de padres: «¿Cómo se explica a un niño la fotosíntesis en inglés?». Lo critican porque segrega, porque rebaja el nivel de las asignaturas o dificulta el aprendizaje; porque se apoya en los padres y no todos tienen formación. O porque, en la mayoría de los casos, la clases particulares son la única opción y no siempre las familias tienen recursos.

Basta con preguntar en confianza a un profesor y que se lleve las manos a la cabeza. Una locura. «Las clases se dan en 'spanglish'. En primero de Primaria, si el niño te escribe 'teibol' en lugar de 'table' -mesa-, se entiende que ha aprendido la palabra y se da por buena». A medida que pasan los años, la situación empeora. Las materias se complican. Alumnos más angustiados por traducir que por aprender. Luego están los escasísimos auxiliares de conversación. Nativos que ayudan en clase. Los hay que no dan crédito o quienes sienten apuro al corregir los errores o el acento del docente español. «¿Por qué estáis haciendo esto?». Como si lo supiéramos. Aquí tan solo se trata de querer ser para ver si terminamos siendo.

 

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