Besos en Lagunillas

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Alegra ver a la gente besarse. Y que se fotografíen. Porque junto a la sonrisa, el beso verdadero, suele llevar aparejado ternura, cariño o pasión. O todo junto. Cualquier lugar es sitio apropiado para besarse a la salud de los chismosos. También junto a un muro gris, lleno de rugosidades y grietas entre los ladrillos, en una esquina de la malagueña calle Huerto del Conde, en Lagunillas.

Es preciosa la iniciativa de Ángel Idígoras al recrear 'El beso', fotografía del francés Robert Doisneau; una de las imágenes del siglo XX. Doisneau que fotografió en sus lugares cotidianos a Jean Paul Sartre, Albert Camus o al malagueño Pablo Picasso se consideraba pescador de imágenes y prefería dejar testimonio de la vida cotidiana. Precisamente por eso, y más cosas, la propuesta de besarse en Lagunillas junto a la recreación con firma malagueña de 'El beso', es una excelente idea.

La vida cotidiana necesita de besos, porque como decía Vicente Aleixandre, en una cita que acompaña al trabajo de Idígoras, «La memoria del hombre está en sus besos». El beso a la madre enferma, al hijo que vuelve del colegio, al anciano que reza en el templo. El beso en el lecho antes del desayuno, a la vuelta del trabajo, en medio de los problemas. Los besos forman parte de la memoria íntima y aunque hay de todo, incluidos besos de traición, como el de Judas Iscariote, la mayoría de los besos hablan de emociones positivas. Expresan sentimientos enraizados en la vida y en los espacios de cada uno. Quizá por eso en la versión malagueña, la farola que es testigo en París del encuentro de los amantes, es la Farola del Puerto de Málaga.

Desde pequeñitos necesitamos que nos muestren afecto y que éste se muestre a través del contacto; de la piel. Privar a un niño del contacto corporal es hacerle mucho daño. Un daño irreparable. En algunos casos la educación recibida ha generado una espiral de sospecha sobre el contacto corporal olvidando, como decía Jesús de Nazaret, que no hace impuro al hombre lo que viene de fuera, si no lo que sale de dentro. Ahora, a Dios gracias, ya tenemos socializados el beso, el viejo beso artesanal que desde siempre comunica tanto, y con un poco de suerte, éste ofrecerá al mundo una de las mejores caras del barrio de Lagunillas, gracias a las redes sociales y sus protagonistas.

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